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Brasil armado

Mientras el Covid-19 causa estragos, aumenta la cantidad de armas circulantes
entre la población y las Fuerzas Armadas despliegan hipótesis de conflicto en la
región.

La campaña presidencial que llevó a Jair Bolsonaro a la presidencia fue financiada
principalmente por las iglesias evangélicas, los productores rurales y por los productores
de armas. Sólo a raíz de las promesas de campaña de Bolsonaro, las acciones de Forjas
Taurus S.A. -única empresa fabricante de armas del país que cotiza en bolsa- amplió sus
ganancias con aumentos del 15 por ciento en sus acciones. Ya en ejercicio de la
presidencia, Bolsonaro firmó a comienzos de 2019 un decreto que flexibilizó la posesión
de armas de fuego permitiendo hasta cuatro por persona. Además, el gobierno debilitó el
control de la circulación de armas. En abril, Bolsonaro anunció la revocación de tres
ordenanzas del Ejército con reglas para marcar, controlar y rastrear armas y municiones.

Un año y medio después, los datos resultan preocupantes. La cifra de licencias de armas
de fuego otorgadas por la Policía Federal aumentó el 205 por ciento si se compara el
primer semestre de 2020 con el mismo período del año anterior. El total de permisos
emitidos pasó de 24 mil a 74 mil en un año.

Distintas investigaciones señalan que este crecimiento se debe precisamente a las
normas firmadas o avaladas por el presidente para flexibilizar el acceso a las armas de
fuego. En la práctica, el mandatario ha desfigurado el Estatuto de Desarme, un conjunto
de leyes que tenían por objetivo controlar el acceso a las armas.

Más violencia

Junto al aumento de permisos también aumentó la violencia con la muerte como
resultado: de enero a mayo se produjeron más de 19 trescientas muertes violentas en
Brasil.

Un estudio realizado por el Monitor de la Violencia, un proyecto llevado a cabo por el Foro
Brasileño de Seguridad Pública en colaboración con el Núcleo de Estudios de la Violencia
de la Universidad de São Paulo y el portal de noticias G1, señaló un aumento del 7 por
ciento en los homicidios en Brasil en los primeros cinco meses del año, índice impulsado
principalmente por los números de los Estados del noreste. El estudio utiliza datos
oficiales de las secretarías de Seguridad de los Estados y es el más reciente con
cobertura nacional.

La relación entre el aumento de armas y el aumento de la violencia se torna más
preocupante aún si se tiene en cuenta un estudio del Instituto de Investigación Económica
Aplicada, que afirma que por cada 1 por cierto más de armas circulantes en la población,
hay un aumento del 2 por ciento de homicidios.

Sucede que un alto porcentaje de las armas compradas y registradas legalmente acaban
en manos del crimen organizado. Se estima que entre el 30 y el 40 por ciento de las
armas incautadas por la policía brasileña fueron compradas originalmente por personas
sin conexión con el mundo del crimen, que luego las vendieron o bien se las robaron.
En ese marco, el aumento vertiginoso del número de permisos de armas en tan poco
tiempo preocupa porque la velocidad administrativa en la concesión deja dudas respecto
de la correcta evaluación del perfil de quienes solicitan esos permisos.

Antes de los cambios realizados por el gobierno, quien solicitaba la tenencia de un arma
tenía que demostrar una necesidad efectiva y la decisión final sobre si se debía
concederse o no la licencia dependía del comisario de la Policía Federal. El presidente
siempre criticó este aspecto, ya que, en su opinión, todo dependía de la subjetividad de la policía. Es por eso que, mediante decretos y ordenanzas se facilitó el proceso mediante el
cual se demuestra la supuesta necesidad efectiva.

Pero más allá del 205 por ciento de aumento en el otorgamiento de licencias de portación
de armas realizado por la policía, el número de nuevas tenencias de armas de fuego es
aún mayor si se tiene en cuenta que existe una categoría específica para coleccionistas,
tiradores deportivos y cazadores. En este caso, es el Ejército quien concede las licencias,
que además no son registradas por la base de datos de la Policía Federal. Ese dato es
relevante porque es una de las categorías más beneficiadas por el gobierno de Bolsonaro,
que aumentó no sólo la cantidad de armas que puede tener una persona, sino también los
calibres permitidos.

Un detalle a tener en cuenta: las cifras y porcentajes que se advierten ahora, son producto
de las desregulaciones en la materia adoptadas en el inicio del gobierno de Bolsonaro.
Será más adelante cuando se pueda observar con detenimiento el estado de la situación
actual.

Tensiones y crisis regionales: nuevas hipótesis de conflicto

Con buena parte del gabinete bajo la conducción de militares, semanas atrás se conoció
un documento que actualiza el denominado Libro Blanco de Defensa y que supone un
cambio en la política exterior y de defensa. Para los militares brasileños, Sudamérica ya
no es considerada un área libre de conflictos.

La nueva Política Nacional de Defensa destaca la posibilidad de tensiones y crisis en el
continente. De acuerdo con el documento, dichas tensiones y crisis pueden llevar a Brasil
a movilizar esfuerzos para garantizar los intereses nacionales en la Amazonia e incluso
para ayudar a solucionar problemas regionales. Si bien el documento expresa que el rol
de Brasil es profundizar los lazos en el continente, una de las novedades es precisamente
la alerta ante las posibilidades de conflictos.

Sin llamar a Venezuela por su nombre, la sección de política exterior del documento
evalúa los posibles desarrollos de las crisis en los países vecinos. La principal fuente de
tensión está sin dudas relacionada a las acciones del gobierno de Nicolás Maduro.
El problema de fondo, es que el documento interpreta las tensiones o crisis internas de
otros países como conflictos propios para Brasil y en virtud de eso, deja la puerta abierta
para destinar recursos militares para la defensa.

El documento también advierte sobre la cuenca del Amazonas, que se enfrenta a los
efectos de actos ilícitos transnacionales, incluidas las sospechas de espionaje por parte
de barcos extranjeros. En febrero trascendió que la Armada de Brasil monitoreó una nave
de investigación e inteligencia rusa durante una semana, acusada de espionaje por
gobiernos de la región, los Estados Unidos y Europa.

El documento será entregado la semana próxima al Congreso, en un contexto en el cual,
por primera vez desde la recuperación de la democracia en 1985, el gobierno cuenta con
nueve ministerios a cargo de militares, un excapitán como presidente y un general retirado
como vicepresidente.

Devolución de favores

Proliferación de armas entre la población. Hipótesis de conflicto para los militares.
Bolsonaro favorece a los productores de armas, a los sectores reaccionarios de la
sociedad, a la denominada bancada de la bala que lo impulsó, a los paramilitares con los
cuales se encuentra vinculado -y es objeto de investigación-, a los deforestadores de la
Amazonia y al sector agropcuario que aprovecha y favorece la deforestación y el
desmonte de la selva. ¿Cómo hará Brasil para sobreponerse a estos favores?

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