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Son poco más de las ocho de la mañana y la única actividad en el complejo del Alto Rosario parece ser en las inmediaciones de los salones de Metropolitano. Los aspirantes al examen circulan rápido, buscando resguardarse del frío, que se mezcla con los nervios y el apuro. Nadie quiere llegar tarde a la evaluación que definirá su destino como médicos.


El Examen Único, que se lleva a cabo desde el 2013 con esta misma modalidad, se rinde en simultáneo en sus varias sedes en todo el país y consiste en una evaluación de selección múltiple (el conocido “multiple choice”) de cien preguntas. Los aspirantes (médicos) rinden para ingresar a residencias y carreras de especialización públicas y privadas en los concursos de los Ministerios de Salud de varias provincias, la primera y segunda circunscripción del Colegio de Médicos, y la Escuela de Graduados de la Facultad de Ciencias Médicas de UNR.

A pesar de que todos los evaluados son profesionales, en el inmenso salón de Metropolitano se vive un clima casi universitario, de pasillo de facultad en época de finales. Pero un pasillo de una masividad inédita: tres filas de mesas largas se suceden hasta perderse en el fondo del salón. En cada una de ellas, al menos diez aspirantes juntan nervios. Algunos improvisan charlas con sus compañeros, otros comen golosinas compulsivamente para calmar la ansiedad.


“¿Hace cuánto que estoy estudiando? ¡Toda la vida!”, responde rápido Virginia entre risas cómplices con algunas colegas. “No, bueno, todo el verano”, aclara. Virginia tiene 27 años y se presenta a rendir para ser residente de Clínica Médica. ¿Nerviosa? “Sí, un poco”, admite. En su primera respuesta, casi reflejo, el chiste esconde una verdad latente y conocida: el desarrollo profesional de los médicos demanda la formación continua, una sucesión de instancias de exigencia académica y práctica.

Mauro y Julián fuman un cigarrillo antes de entrar al salón. A pesar de los nervios, sonríen. Mauro tiene 28 años y dice, un poco desconfiado, que estuvo estudiando varios meses. Julián tiene 26 y dice que estudió “lo que se pudo”, entre risas. No se conocen, pero los dos rinden para Cardiología. Es que cada aspirante se presenta para una especialidad básica en el Examen Único, mientras que las denominadas pos básicas serán evaluadas en la semana, excepto Neonatología que también se rinde en Metropolitano.


Pero no todos los 768 aspirantes presentes son médicos: también hay psicólogos y trabajadores sociales que rinden para Equipo de Trabajo y para desarrollarse profesionalmente en posgrados del área de la salud pública. Sin embargo, “la mayoría son jóvenes graduados de la Facultad de Medicina de la UNR”, asegura Cecilia Barrios, una de las profesionales que coordinan el evento. Agrega, también, que “hay algunos pocos de la UAI, algunos médicos de Entre Ríos que rinden para Rosario y algunos rosarinos que rinden para hacer la residencia en las provincias del sur”.

La característica de “único” del examen hace que el mismo sea idéntico en 19 provincias (casi todas menos Buenos Aires y Córdoba, que tienen otras evaluaciones), y por ende que sus resultados sean igualmente válidos para todas. Esto quiere decir que si un aspirante, por puntaje, no queda bien posicionado en una residencia en su provincia, puede elegir readjudicarse en otra donde haya cupos vacantes. De esta manera, cada médico tiene un mayor número de oportunidades de acceder a la residencia sin necesidad de realizar otra evaluación.

A las nueve de la mañana, el evento comienza formalmente con algunas palabras de autoridades municipales y provinciales, y de las distintas instituciones participantes. Entre ellos, el Secretario de Salud municipal, Leonardo Caruana, quien reconoce a los aspirantes por continuar en el camino de la formación continua, a pesar de las “fallas y debilidades” que aun tiene el sistema. Es que, claro, son conocidos los reclamos de los residentes por las condiciones de trabajo y las altísimas cargas horarias.

Sin dudas, la apabullante exigencia y la situación de precarización de algunos programas de residencia tienen sus repercusiones. Según señalan desde la mesa interdisciplinar, el número de profesionales de la salud que opta por seguir el camino de las residencias y las especialidades viene en caída: el año pasado se presentaron más de mil personas, y este año la cifra no llega a ochocientas.

 

Una vez finalizado el necesario momento protocolar, el examen empieza al fin. Claro, hay reglas, como en cualquier evaluación. Las de esperarse: arriba de la mesa, sólo lápiz y otros útiles necesarios. Celulares apagados, obvio. ¿Preguntas? A viva voz y sólo por cuestiones operativas. ¿Al baño? Acompañados. Sí, acompañados. Los aspirantes disponen de cuatro horas para hacer el examen y algunos están preparados para el apocalipsis: turrones, bolsita de caramelos, agua. No sea cosa que el Examen Único los agarre poco preparados. Apenas terminan las instrucciones, con un correspondiente deseo de éxitos, el silencio se hace denso en todo el espacio. En clima de concentración absoluta, el destino de los inminentes residentes rosarinos se define en ese salón.