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Un príncipe sin trono

Hipótesis que ayudan a entender balazos recientes en barrio Municipal. El escenario es el legado del último jefe de la barrabrava de Newells, asesinado en 2010

El crimen organizado es una empresa en permanente renovación y reciclaje. Un negocio que cambia de manos a fuerza de plomos, y genera ingresos por los cuales muchos arriesgan su vida. En él reina el más fuerte; los lazos se arman y desarman con igual velocidad. No existe parentesco ni límite para quienes pretenden ser los capos de las grandes ciudades. Si bien se conocen a diario nombres de nuevos personajes ligados a los negocios turbios, hay apellidos que cuentan con peso propio, protagonistas que no dejan de ser noticia.

Declaración de guerra

Entre la noche del domingo 22 de febrero y la tarde de día siguiente, tres hechos resonaron en Barrio Municipal. El primero tuvo lugar en Alice y Lamadrid, donde, más o menos a las 21, un grupo de desconocidos baleó un Peugeot 307 bordó, propiedad de Alberto Tato Camino, hermano de Pimpi, el último gran jefe de la barra brava de Newell’s, asesinado el 19 de mayo de 2010. A muchos le asombró la osadía de los atacantes, pero nadie tenía claro que era lo que había pasado.

Unas horas después, a la 1 del lunes, a unos 200 metros del lugar donde fue la primera balacera, tirotearon el frente de la casa de Rosa, hermana de Tato y  Pimpi. De acuerdo con investigadores, unas 6 personas dispararon cerca de 50 proyectiles sobre la vivienda de Anchorena al 100 bis.

Agazapada detrás de una ventana, Rosa pudo asomarse y ver a dos de sus atacantes: eran sus sobrinos Jonathan y Alexis, los hijos mayores de Pimpi.

Tras unos momentos de tensión, la escena del crimen quedó regada de vainas calibre 9 y 22 milímetros. Los tiradores se escaparon sin dejar rastro.

Medio día más tarde, las balas volvieron a zumbar sobre el domicilio de Rosa. Las mismas personas salieron desde los Fonavi de Barrio Municipal, por Lamadrid, a la altura de General Paz, e hicieron media cuadra hacia el sur, para balear otra vez la misma casa. De acuerdo a investigadores, el segundo hecho fue respondido desde el interior de la vivienda de la hermana de Pimpi.  

En los ataques de Anchorena al 100 bis se dispararon casi 100 municiones. Los tiradores, hasta el momento en que fue escrita esta nota, no habían sido detenidos.

La herencia de Pimpi

 

De acuerdo con investigadores, Rosa Camino contestó con evasivas la entrevista que le hicieron los fiscales luego de los tiroteos. “Adujo problemas interpersonales, vinculados a situaciones menores”, señaló uno de los pesquisas que trabajó en el lugar. Incluso algunos uniformados de la Unidad Regional II dijeron que los tiros están vinculados a un simple problema de polleras, teoría sospechosamente inocente.  

Pero la situación es mucho más compleja.

Alexis Camino, el segundo hijo de Pimpi, pretende recuperar los negocios callejeros de su padre. Algunos de ellos hoy son manejados por sus tíos, quienes se niegan a dárselos. Al parecer, la familia lleva un tiempo largo en conflicto por este tema, pero en las últimas semanas la situación se puso más tensa. Por eso el muchacho, que sólo tiene 19 años, puso en pie de guerra a sus soldaditos, un grupo de adolescentes de barrio Municipal que lo siguen a donde vaya. También cuenta con el apoyo de algunos muchachos cercanos a Los Monos y varios personajes de peso de las calles rosarinas. “Se cansó de ver cómo todos los que estuvieron alrededor de su viejo ahora tienen autos, casas, andan con guita; cuando él es un tirado. Entonces quiere recuperar los negocios de su viejo”, señaló un allegado al muchacho.  

Según esta fuente, la situación interna de los Caminos “va a durar hasta que alguno de los dos se rinda, posiblemente con algunos muertos de por medio”.

Otro vocero explicó a su vez que Alexis teme caer preso, debido a que tiene varias causas pendientes con la Ley, una de ellas por homicidio. Por ello se encuentra en plan de recaudar dinero, porque “sin guita adentro no va a durar mucho”.

La otra disputa

Las aspiraciones de Alexis y sus muchachos no son pocas. De acuerdo con investigadores, también está interesado en volver a las tribunas, que en este momento son manejadas desde la cárcel por Diego Panadero Ochoa, casualmente, uno de los acusados por la muerte del ex líder de los paraavalanchas leprosos.

La carta fuerte del pretendiente de capo no está vinculada exclusivamente a jóvenes marginales armados. De acuerdo a un conocedor de las tribunas rojinegras, Alexis cuenta con el aval de un viejo uniformado de la Unidad Regional II, hoy jubilado. Este policía retirado lleva largo tiempo enfrentado con el Panadero Ochoa y decidió poner algunas fichas en Alexis para poder cobrarse viejos rencores.

En este plano, la gente del Panadero se encuentra en estado de alerta y no descarta enfrentamientos a corto plazo. Una posible pelea entre Alexis y los seguidores de Ochoa no se limitaría exclusivamente al dominio del estadio Marcelo Bielsa. “El pibe quiere ocupar el lugar del padre y el Fonavi hoy está a manos del Panadero. Lo primero que se van a disputar va a ser barrio Municipal. Después se verá qué onda con la barra”, pormenorizó un hombre cercano a la interna.

Es de destacar que Alexis no es bien visto por la comisión directiva del Club Atlético Newell's Old Boys, con quienes Pimpi tuvo problemas un tiempo antes de su muerte.   

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