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Un gran golpe con muchos cabos sueltos

El miércoles a la mañana, un grupo de asaltantes profesionales tomó la subcomisaría 13º de General Lagos y, en un trabajo estratégico notable, robó la sede del banco Credicoop en esa comuna.

Demostrando una logística sofisticada, burlaron todas las medidas de fuerza e hicieron que un empleado de la entidad bancaria les abriera el paso para llevarse la plata que había a disposición en el lugar. Sin embargo, el botín que consiguieron no condice con el esfuerzo y los riesgos que corrieron para obtenerlo. A simple vista, pareciera que faltaran piezas para entender lo que pasó. Cuesta creer que tanta gente trabajara por tan poco.

La comuna de General Lagos está ubicada a 22 kilómetros de Rosario. Es limpia, ordenada y, aunque se encuentra en permanente expansión, no pierde el encanto de los lugares chicos, con sus almacenes con heladeras de madera y sus bares oscuros, sin luces de colores, ni carteles de neón. Una de sus calles principales es “la San Martín”, que cruza General Lagos de una punta a la otra, paralela a las vías del tren, junto a un gran parque con canchas de básquet y fútbol, con enormes árboles repletos de cotorras.

Sobre San Martín, justamente, tuvieron lugar los hechos. Todo arrancó a la altura del 100, unos cinco o diez minutos antes de las 7 del miércoles pasado, en la sub13ª; aparecieron dos muchachos quienes luego de hacerle algunos comentarios a la sargento que estaba a cargo de la seccional, la redujeron y la obligaron a meterse en una oficina. Ahí ataron sus piernas y brazos con alambres y le sacaron las llaves de los polvorines, junto con las de un patrullero. Con el lugar a su disposición, agarraron dos pistolas 9 milímetros, dos escopetas 1270, 3 chalecos antibalas con inscripciones de la Policía de la provincia y una ametralladora GMK3. Luego, armados hasta los dientes, salieron de la subcomisaría, donde eran esperados por sus secuaces.

Cabe resaltar que la sargento maniatada estaba sola porque sus dos compañeros de turno, casualmente, se habían ido unos minutos antes porque tenían que hacer horas adicionales en otro lugar. Y los uniformados que debían relevarlos aún no habían llegado.

Con la Sargento inmovilizada, el grupo comando siguió los pasos previamente calculados. Uno de los miembros de la banda se quedó en la puerta de la seccional, para asegurarse que no llegase nadie. Dos de los muchachos se pusieron los chalecos de policía, se subieron a un Chevrolet Corsa ploteado con los distintivos de la Unidad Regional II y, custodiados desde cerca, fueron hasta la puerta del Credicoop de General Lagos, ubicado a 5 cuadras del lugar, en San Martín al 600. De acuerdo a lo que explicaron fuentes del caso, junto al patrullero viajaban dos autos más, en forma de apoyo.

Una vez que estuvieron frente a la sede bancaria, pasaron al lado de un Chevrolet Meriva sin patente, propiedad del custodio del banco, quien estaba sentado en el asiento del conductor, y se estacionaron a unos diez metros.

Este fue uno de los momentos claves del robo. Es que la única persona que está habilitada para abrir el local es el tesorero, quien tiene un protocolo de seguridad muy estricto: él debe llegar en su auto, mirar que en la puerta del lugar esté el custodio, junto con el patrullero de la comuna.

Habían pasado unos minutos de las 7 cuando el hombre de la llave llegó. A simple vista estaba todo bajo control, por lo que estacionó, apagó el motor de su auto y se bajó, como todos los días. Ni bien puso un pie en la calle, los dos supuestos uniformados del Corsa también lo hicieron. Esto llamó la atención del custodio, quien los imitó, alarmado por las acciones sospechosas de los aparentes policías.

Pero no pudo hacer ni un metro. Al instante de descender de su Meriva uno de los hombres que trabajaban como apoyo de los ladrones lo encañonó por la espalda, lo obligó a subir de nuevo a su auto, y se sentó junto a él, en el asiento del acompañante. De acuerdo a fuentes de la investigación, el custodio temió por su vida durante el asalto, porque a su captor le tembló la mano todo el tiempo.

Ya sin ningún apoyo, el tesorero no pudo hacer nada. Intentó resistirse, pero los asaltantes le dieron un par de coscorrones y lo hicieron cambiar de opinión.

Como si se tratara de una estrella de Hollywood que caminaba junto a sus guardaespaldas, el encargado del Credicoop abrió el local y entró junto a sus dos acompañantes. Habrán sido, más o menos, las 7.05.

Ya dentro de la sede bancaria, los tres se abocaron a cargar la plata que había en las cajas de atención al público. Los ladrones pararon en dos ocasiones, para hacer entrar y maniatar con alambres a un par de empleados que llegaron mientras se llevaba a cabo el robo.

De acuerdo a lo que expusieron a Rosarioplus.com un grupo de investigadores, a eso de las 7.10, tal vez antes, los hombres de los chalecos antibalas salieron de la sede bancaria y se esfumaron de la faz de la tierra junto a sus cómplices.

El patrullero apareció unas horas después, abandonado en una zona rural de Pueblo Esther.

Uno podría pensar que fue un golpe maestro; pero hay cosas que no cierran.

Según la teoría de los pesquisas, en el robo al Credicoop de General Lagos trabajaron, como mínimo, cinco ladrones: dos llevaron a cabo el atraco, uno se quedó en el Meriva junto al custodio, una cuarta persona estuvo también en la puerta custodiando el perímetro y la restante se quedó frente a la Sub13ª. Otros incluso hablan de, al menos, dos personas más, que estuvieron todo el tiempo controlando los ingresos por ruta a la comuna. Un verdadero grupo comando. Sin embargo, se llevaron solo 80 mil pesos. “Es muy raro, hicieron más guita con las armas que robadas de la seccional, que con la plata que sacaron del banco”, explicó en la escena del crimen un allegado al caso.

Pero no es casualidad que en el lugar hayan encontrado tan poca plata. Los bancos guardan el grueso de sus divisas en el tesoro, la caja fuerte principal, la cual, en todas las entidades crediticias del mundo, se abre en forma automática un rato largo después del horario en que se comienza a atender al público. En un robo tan minucioso, cuesta creer que un grupo de ladrones profesionales no supiera algo tan básico.

¿Será que mayo es un mes clave para las campañas políticas? ¿Será que se llevaron algo más, que por algún motivo no se filtró?.

En este marco, ayer por la tarde cinco empleados de la Unidad Regional II fueron pasados a disponibilidad por asuntos internos.

Las investigaciones del caso quedaron a cargo de la Fiscal de Flagrancia y Turno Viviana O’connell, quien tendrá la difícil tarea de abordar un caso que, de lejos, parece tener muchas vetas, muchos huecos a llenar. 

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