Nisman, ¿crónica de una muerte anunciada?

Editorial

 

Hace apenas un mes, cuando la presidenta descabezó toda la cúpula de la por entonces Secretaría de Inteligencia del Estado (Side), no sólo estaba eliminando a los cabecillas, sino que estaba derramando una estructura impresionante de espionaje y persecución digna de la más espectacular película de Hollywood. 

Sí, acá, en Argentina, en las narices de toda la sociedad. 

Una estructura desbandada del mando gubernamental, que operaba con periodistas, embajadores, jueces, empresarios, a tal punto que la sola apertura de los expedientes está desatando el terror de los pasillos de todas las estructuras que respiran aires de poder. 

Se trata de un poder que no pasa por la Casa Rosada, ni por la propia estructura de la Secretaria de Inteligencia (SI), poder que se había armado en estructuras paralelas que a pesar del cambio de nombre sigue operando en las sombras de todos los temas que hoy inundan las tapas de los medios.

Todos sabían que el desarme de esa estructura no iba a ser gratis, todos sabían que nadie se resigna a perder el poder sin luchar, ese poder que desde Malvinas en adelante tiñó las páginas de la historia de manera siniestra, de manera tenebrosa. Todos sabían cuál era el precio que iban a pagar, todos sabían que mientras el perro siguiera vivo la rabia iba a seguir acechando.

En el medio de todo, las elecciones. El primero en hablar fue Mauricio Macri, el primer procesado por escuchas ilegales, ¿a que no saben a instancias de quién? Del mismísimo fiscal Alberto Nisman.

Serio, Massa salió mesurado, sin sondear primero la temperatura mediática. El mismo Massa que fue jefe de Gabinete cuando toda esta Side se encontraba en plenitud y que muchas veces le sirvió para el mismo operar hasta contra el mismísimo cardenal Jorge Bergoglio, hoy Francisco I. No hay que olvidar que Massa nunca fue recibido por el hombre que nunca perdonó esas jugadas escondidas de un hombre indescifrable. 

Cristina los siguió con una carta, diciendo menos de lo que en verdad sabe, mucho menos, sabiendo que esperaba una respuesta, pero que ni en el peor de sus sueños imaginó esto.

Lo de Hermes Binner ya ronda lo impresentable, junto a un Unen que ni siquiera puede detener los récords de muertes que año tras año tenemos acá, hablando de justicia. 

En cuanto al resto, todos saben más de lo que dicen, mucho más de lo que cuentan, y mucho.

En el medio queda la gente, convidada de piedra, utilizada por los medios para sus batallas, a favor o en contra, ciudadanos y ciudadanas enfrentados en las redes, en la vida, en cualquier ámbito donde se crucen, todos con fundamentos esgrimidos por esos que nunca les dicen la verdad, esa verdad que nunca van a conocer. 

Ellos sí la saben, pero no se dice si no conviene o se distorsiona si sirve. Alguien una vez dijo: "No importa lo que es verdad o lo que es mentira, lo que importa es el objetivo". 

No creemos en la consigna  "Yo soy Nisman", porque nadie es Nisman. No todos saben lo que él sabía, ni lo que hacía. Nisman no era ni un santo ni un diablo, sólo una persona que tenía que seguir viva para dar explicaciones sobre muchas cosas. 

Solo intentan usarnos vilmente con consignas armadas que nada tienen de espontáneas, carteles para sus objetivos, nada es casual, nada aparece por que sí. 

No hay que creer en todo. Si queremos pedir pidamos, si queremos marchar al Monumento, marchemos, pero por justicia, por verdad, para este país y para el de nuestros hijos, no para ellos, no para que nos cuenten o amontonen pensando sólo en generar número. No es bueno prestarse a los propósitos de quienes usan a la gente para hacer bulto. No hay que dejarse manipular mientras nadie, todavía, se digne a decirle al pueblo la verdad. Sólo eso: la verdad. 

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