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Nagoro, el pueblo fantasma lleno de muñecos

En el pueblo habitan 35 personas, y por el momento, 150 espantapájaros invaden el lugar

En la aldea de Nagoro, en el sur de Japón, sólo viven 35 personas. La falta de población se debe a la migración de los lugareños hacia las grandes ciudades. Una vecina del lugar tuvo una idea muy creativa para llenar el vacío que dejaron los nómades nipones: llenó de muñecos el pueblo para aparentar una mayor población.

Tsukumi Ayano hizo su primer espantapájaros hace más de una década para ahuyentar a las aves que se comían las semillas de su jardín. El muñeco, que era similar a la figura de su padre, no sólo cumplió la función por la que fue creado sino que ayudó a la artista a combatir su soledad. De igual manera, la japonesa decidió llenar el vacío dejado por los pueblerinos que se marcharon con réplicas humanas de paja.

Estas creaciones hechas a mano por Ayano cubren la aldea de Nagoro, en el sur de Japón, congelando como en una foto los movimientos de la vida cotidiana. Los espantapájaros posan sobre las casas, los sembrados, los árboles, las calles, las escuelas y hasta en una parada de colectivos.

En el pueblo habitan 35 personas, y por el momento, 150 espantapájaros invaden el lugar. Al igual que muchas otras aldeas rurales de Japón, Nagoro sufrió la migración de sus habitantes hacia las ciudades en busca de trabajo, dejando atrás sobre todo a los jubilados. La comunidad es un reflejo de un proceso que afectan al país, cuya población disminuye desde hace una década, con estimaciones que proyectan una caída de 127 a 87 millones de habitantes para 2060.

A los 65 años, Ayano es la vecina más joven de Nagoro. La escuela del pueblo cerró en 2012, cuando sus dos últimos alumnos completaron sus estudios. Ahora, el edificio es ocupado por los muñecos.

Cada uno de los muñecos hechos por Ayano fue confeccionado sobre una base de madera, y rellenado con trapo y papel de diario. Por lo general, están vestidos con ropa vieja, y los que “duermen” a la intemperie están revestidos con plástico, para mantenerlos secos. A veces, los nuevos son hechos a pedido, por lo general con la apariencia de algún joven que abandonó la aldea o de algún vecino muerto.

El turismo ya comenzó a llegar al lugar, atraídos por los dos ancianos que custodian el camino de ingreso al pueblo, junto a un cartel que identifica a Nagoro como "La aldea espantapájaros".

A Ayano la pone feliz mostrarles sus obras a los visitantes. En su ronda diaria, recorre la aldea deseándoles buen día a los muñecos y ocupándose de sus necesidades

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