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“Los vecinos soldamos las hamacas para que no se caigan los nenes”

La plaza Pocho Lepratti, de barrio Ludueña, es uno de los espacios verdes más descuidados y deteriorados de la ciudad. Quienes habitan la zona describen que el lugar está en su “momento más crítico, y denuncian que  “el estado de abandono es total”

Juan y Analía, dos jóvenes abuelos --transitan la cuarta década-- viven desde hace 10 años en una casa ubicada frente a la plaza Pocho Lepratti, en Ludueña (Vélez Sársfield al 5400). Tienen 3 nietos y energía de sobra para malcriarlos. Lo que no tienen, sin embargo (vaya paradoja), es un lugar al aire libre en donde jugar. Es que lo que en su momento supo ser un “pulmón verde”, hoy es un “espacio triste, apagado y abandonado”. “La plaza está devastada, derruida. Pocas familias la usan y luce casi siempre vacía. Lamentablemente, perdió su esencia y su identidad”, asegura este matrimonio.

Rosarioplus.com publicó este martes un informe sobre el visible y palpable deterioro de muchas de las plazas que están ubicadas en las espaldas de los principales bulevares. Las denuncias de los vecinos de los barrios van desde la falta de higiene o iluminación, hasta la destrucción de casi todo el mobiliario: juegos, bancos, mesas, baldosas. Las irregularidades quedaron registradas en un detallado informe que realizaron los concejales del PRO tras relevar los espacios verdes de la ciudad.

“Acá el color verde dejó de existir hace rato, hace cinco años que en este lugar no se pone un solo peso”, explica enfadado Juan Coco (45 años), un vecino de Ludueña que no se resigna a perder el único espacio público y recreativo del barrio. Su relato, al cabo, expone con crudeza la naturalización por parte del municipio de una realidad que duele y perturba: una plaza semi vacía como consecuencia de la falta de inversión y mantenimiento.

“Lo que más me jode es que se perdió el ritual de planificar un domingo en la plaza. Está casi todo roto. De ahí que desde un tiempo a esta parte intensificamos los reclamos. Mandamos cartas, comunicamos la situación, pero no obtuvimos ninguna repuesta”, afirma Juan, quien, en su caso, dejó de utilizar la plaza como un lugar de recreación y esparcimiento.

Señala que tres de las cuatro hamacas están rotas, que al sube y baja le falta un soporte y que los caños de los juegos están todos oxidados. Detalla además que la arena está sucia, que hay pocos bancos y mesas en buen estado, y que ya no queda “ni en pie” la tribuna que suele utilizarse en los carnavales. Las farolas no iluminan (“de noche esto es tierra de nadie”, dice Juan) y la basura forma parte del suelo.

“El grado de desidia es tan grande que los propios vecinos soldamos las hamacas para evitar alguna desgracia”, cuenta. Y agrega: “Cada tanto viene alguien de mantenimiento a cambiar algún foquito, o pasa la GUM a controlar la feria. Ahora, de Parque y Paseos jamás he visto a nadie”, dice el hombre.

Juan utiliza las redes sociales como un espacio de catarsis. Sobre todo después de la reinauguración de la plaza San Martín, una obra que demandó una inversión superior a los 17 millones de pesos. “Como rosarino defiendo que se mejore el centro y el casco histórico. Pero lo que está mal es que los barrios queden a la deriva. Acá también pagamos impuestos. No somos ciudadanos de segunda. Los chicos de Ludueña también merecen tener juegos nuevos y en condiciones”, subraya.  

En su opinión, la plaza puede “recuperarse” con una mínima inversión. Cuenta que ya son varios los vecinos que están dispuestos a movilizarse para captar la atención de la Municipalidad. “Pedimos, al menos, lo básico. Que se repare lo que está roto, un poco de pintura, más limpieza. ¿Es mucho lo que solicitamos”, se pregunta.     

Juan y Analía esperan ser escuchados. Primero, por el bien del barrio. Y segundo, por un postergado anhelo familiar: poder jugar con los nietos un domingo en la plaza. 

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