Latinoameriyankis

La población latina de los Estados Unidos tendrá un peso decisivo al momento de decidir quién sucederá a Barack Obama

Hace pocas semanas, el millonario Donald Trump anunció su candidatura a presidente de los Estados Unidos por el Partido Republicano. Lo hizo con un discurso en el cual se esforzó por provocar y ofender a la población de origen latino, asegurando que México, Sud y Latinoamérica envían a su país a violadores, criminales y narcotraficantes. Agregó también que habría que levantar un "gran muro" en la frontera entre Estados Unidos y México, que debería ser pagado por los vecinos del sur y remató su discurso xenófobo expresando: "México no es nuestro amigo".

A partir de allí se generó una gran controversia en la opinión pública dentro y fuera de los Estados Unidos. También se inició un verdadero boicot de parte de los medios de comunicación y de empresas de diversa índole -principalmente aquellas de capitales latinos- contra Donald Trump.

Este excéntrico multimillonario tiene escasas o nulas oportunidades de ganar en la pugna de candidatos republicanos a la presidencia, donde compiten -hasta el momento- catorce personas. Pero la importancia de sus dichos radica en dos cuestiones.

La primera, es que expresa lo que los sectores más reaccionarios de la vida política, económica, social y cultural de los Estados Unidos piensa respecto de los latinos y su importancia cada vez mayor en términos electorales. De hecho, revela el miedo -y hasta la paranoia- de aquel tradicional sector “blanco, anglosajón y protestante” autoproclamado amo y señor del país, ante una minoría de la población que crece y que promete convertirse en mayoría dentro de pocos años.

La expresión más aberrante de esa mentalidad racista y excluyente, son los frecuentes actos de violencia contra todo aquel individuo o comunidad considerada “distinta” por pertenecer a las minorías de origen latino, afroamericano o asiático.

La segunda, es que con sus ofensivas expresiones, Trump se constituye en “contraejemplo” para todos los políticos estadounidenses en general y para los republicanos en particular, si quieren tener posibilidades de alcanzar la presidencia, dado que, sin una buena cantidad de votos latinos, el objetivo es a todas luces imposible de alcanzar. No obstante lo dicho, pocos candidatos se han mostrado hasta ahora genuinamente interesados en seducir a los votantes latinos con vistas a las elecciones primarias que se llevarán adelante desde los primeros meses de 2016.

Lecciones olvidadas

Pareciera que los candidatos presidenciales no tomaron debida nota de las enseñanzas que dejó la elección presidencial de 2012. En esa oportunidad, parte de la debacle electoral del candidato republicano, Mitt Romney, se debió a la falta de apoyo que obtuvo del electorado latino. Logró solamente el 27 por ciento de los votos de ese sector, frente al 71 por ciento que cosechó Barack Obama. El presidente reconoció luego que había alcanzado la reelección gracias al respaldo de los votantes latinos.

Posteriormente a la debacle electoral de 2012, desde el Partido Republicano se expresó públicamente que debía cambiarse el discurso migratorio, principal obstáculo en los intentos por conquistar al electorado de origen latino. Pero actualmente la lección parece olvidada: las iniciativas en política migratoria se estancaron en el Congreso y las propuestas de Obama para regularizar temporalmente a unos cinco millones de indocumentados están frenadas por la justicia, por pedido de los republicanos.

Los referentes demócratas presentan otras dificultades. En general tratan mejor a los latinos y se muestras mejor dispuestos a asimilarlos y a pensar soluciones inclusivas para los inmigrantes irregulares, pero suelen impulsar y sostener medidas proteccionistas en lo económico que perjudican la colocación de productos procedentes de Latinoamérica en el mercado estadounidense, y eso impacta en la opinión pública latina que vive y vota en los Estados Unidos. Por el contrario, los republicanos suelen mantener posturas favorables al libre comercio, quieren comprar productos latinoamericanos, pero mantienen actitudes discriminatorias o excluyentes con los latinos en territorio estadounidense. Trump es un vivo referente del conservadurismo más recalcitrante que no quiere ni a los latinos ni a sus productos.

Cada vez más “yankis” latinos

En el período comprendido entre 1950 y 1996, la población total del país creció más del 75 por ciento. En ese mismo período, la población latina tuvo un aumento de más del 600 por ciento.

Pero la mayoría de los estadounidenses conoció la nueva realidad demográfica a partir de los resultados del Censo del año 2000. Allí se estimó a la población latina 35,3 millones, el 12,5 por ciento del total. El aumento fue del 60 por ciento entre 1990 y  2000. En 2002 los latinos ya se habían convertido en la primera minoría en el país.

En 2010, la población de ese origen superó el 16 por ciento del total – más de 50 millones de personas – y se espera que llegue al 21 por ciento hacia el año 2020.Este crecimiento demográfico no tiene precedente en la historia del país y su principal explicación es la inmigración. Por ejemplo, en 2007 el 12,6 por ciento de la población estadounidense había nacido en el extranjero.

Pero quizás el dato más ilustrativo sea que hoy en día, los Estados Unidos se han convertido en el segundo país del mundo con más latinos después de México. Si, en Estados Unidos hay más latinos que en Argentina o Colombia. Incluso, más que en España.

Elecciones 2016

Algunos analistas políticos vinculados al Partido Republicano sostienen que para alcanzar la presidencia en 2016 necesitarán alrededor del 40 por ciento del voto latino.

El más relevante de los candidatos republicanos, hijo y hermano de expresidentes, Jeb Bush, está casado con una mexicana, habla fluidamente el español y es un ferviente católico. Otro candidato y actual senador, Marco Rubio, es hijo de cubanos y está casado con una hija de inmigrantes colombianos. Ted Cruz, también senador y candidato a presidente, es hijo de un cubano. Sin embargo, los tres candidatos republicanos guardaron un inexplicable silencio respecto del discurso xenófobo de su correligionario Donald Trump. Quizás se trate de un cálculo político errado. Quizás de miedo a perder a la que aun sigue siendo la mayoría blanca y anglosajona.

Marco Rubio, candidato republicano

Del otro lado, los demócratas no parecen tan desesperados por salir a cazar a los votantes de origen latinoamericano. Obama les está haciendo un gran favor a sus compañeros demócratas al terminar con 50 años de obstinación anticastrista y restableciendo los vínculos con Cuba. La comunidad latinoamericana toda siente un gran aprecio por la isla, dentro y fuera de los Estados Unidos.

Un hecho a tener en cuenta será la visita del Papa Francisco a los Estados Unidos dentro de dos meses. Obama guarda con él una excelente relación, y no habría que descartar que tanto demócratas como republicanos quieran obtener réditos de la visita del primer Pontífice latinoamericano.

El que viene será un año de definiciones en el país más poderoso de la Tierra. Los republicanos deberán atravesar una larga elección primaria en la cual deberán depurar esos catorce candidatos para quedarse con uno solo que pueda hacerle frente a quien parece tener las mejores chances de convertirse en candidata presidencial del Partido Demócrata, Hillary Clinton. El 8 de noviembre de 2016 será el día de la verdad y se elegirá a quien sucederá a Barack Obama. Y en esa elección será definitorio el sufragio de los latinoameriyankis.

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