Historias de dolor e impunidad

Rosalía Benítez sobrevivió a ocho balazos en Villa Gobernador Gálvez. Dayana Capaccio fue asesinada por su novio “porque ella era de su propiedad”. Cecilia Restovich fue atropellada para que no siga con políticas de derechos humanos, y aún no hay una investigación. Vanesa Celma estaba embarazada cuando su novio la prendió fuego, y él sigue libre porque la causa fue un “incendio”, según la Justicia

En el marco de la marcha contra la violencia de género, familiares de víctimas de femicidio y mujeres que sobrevivieron al estigma del machismo letal se acercaron a la puerta de los Tribunales Provinciales de Rosario para compartir sus historias con la sociedad.

Eran los familiares de Vanesa Celma, Dayana Capaccio, Florencia Corvalán y Mercedes Delgado; y las sobrevivientes Rosalía Benítez, Aurora Arias y Fernanda Serna. Macarena, la hija de Sandra Cabrera, también se hizo presente para apoyar los reclamos de justicia.

Rosalía  Benítez tiene luz en sus ojos. Es que hace dos años y medio tuvo una segunda vida, un regalo inexplicable, tras ser víctima del ataque de su marido con ocho disparos que le prodigó con una pistola que le había regalado un amigo. Estuvo 15 días en terapia, y volvió a nacer.

“Fue muy traumático –recuerda Rosalía -, mi recuperación fue dura, pero con ayuda de familia, amigos y el Sindicato de Amas de Casa estoy mucho mejor”. Desde aquel momento cuenta con asistencia de una psicóloga, y su hija de 11 años también, porque aquella noche en la que fue atacada por su marido, la nena tenía nueve, y vio toda la escena.

Desde entonces su vida se divide entre la recuperación y la lucha para que no le den prisión domiciliaria a su agresor. El hombre la pidió tres veces, pero el tribunal no se la otorgó

“Mi vida ahora es muy feliz y tranquila, pero luchando para estar bien porque a veces me caigo, me vuelve el miedo a todo. Hace poco tuve un ataque de pánico. Tengo miedo de que lo dejen libre y me haga daño”, confesó la mujer.

El juicio en diciembre pasado terminó con una sentencia a diez años de cárcel para el ex marido de Rosalía. “No estamos conformes, porque se le pueden otorgar beneficios como salida transitoria o reducir la condena por buen comportamiento. En esas salidas y vueltas, corro el riesgo de que me venga a matar”, calcula hoy.

Benítez reclamó hace un mes un aumento de pena. “Nos dijeron que nos iban a responder hace 15 días, y seguimos esperando desde hace un mes. No sé cuánto tienen que pensar para aumentarle la pena a un psicópata, que ya le hicieron pericias psicológicas y hay pruebas de su estado psíquico”, apuntó con dureza a la Justicia provincial.

Antes de aquella noche negra, Rosalía vivió 17 años con el agresor bajo un manto de miedo que la paralizaba de hacer algo, ante el maltrato psicológico. En los últimos años él decidió pegarle, y entonces ella reaccionó: “Me desperté del miedo que no te deja hacer nada”.

“Todos me decían “échalo o ándate”, pero ¿vos te crees que es tan fácil?”, explicó.

Mientras espera que resuelvan su apelación, ella vive con sus tres hijos y la novia del mayor. Asegura que “la libertad es hermosa, yo no sabía que existía. Yo hoy acompaño a las mujeres que luchan y les digo que hay una vida hermosa después de eso, y no deben tener miedo”.

Hugo Cappacio: su hija fue asesinada por el novio, quien aún en el juicio sostuvo que la chica era suya y no iba a ser de nadie más.

Dayana fue muerta con saña por su novio porque creía que ella era de su propiedad. Eso recuerda su padre, Hugo Capaccio con unos ojos claros apagados por el dolor, agregando que “de hecho el novio dijo durante el juicio que Dayana era suya, y no va a ser de nadie más”.

“El 8 de mayo mi hija desapareció de su casa, y tres días después la encontró un cazador en un monte cerca de General Lagos. Estaba degollada, con tres puñaladas en la espalda y prendida fuego. Una mente perversa solamente puede hacer algo tan horrible: tomar posesión de una persona como hizo él es un delito de lesa humanidad, no tiene nombre”, apuntó Capaccio.

El joven homicida pidió una reducción de su pena, que es de 23 años, pero “nunca sabemos si no lo vuelve a pedir y mañana vuelve a la calle”, razón el padre de la víctima.

Sobre aquel momento Hugo recuerda: “Cuando la encontraron yo estaba en Gendarmeria, que nos ayudaba en la búsqueda tras su desaparición. Teníamos sospechas de que había sido el novio”.

Este joven hoy está en la cárcel de Coronda, y como indica el padre de Dayana, “cobra un sueldo de alrededor de 4000 pesos, que este año encima tuvo aumento. Tiene más valor un preso que un jubilado que se rompió el alma trabajando toda su vida”, fustigó.

Con la sabiduría que dan los años, Hugo Capaccio reflexionó: “Creo que la lucha es contra la violencia, porque la vivimos tanto hombres como mujeres, porque le puede tocar a tu hija, tu hermana. Por eso a la marcha no hay que llevar bandera políticas, sino que es una cuestión de conciencia de la comunidad. Participación de las escuelas, del Estado, una justicia mejor. Todos hoy salen a hablar, pero la cuestión es hacer”.

La pregunta que reflota es “¿mañana qué cambia? con esperanza nosotros apuntamos a que después de la marcha algo empiece a cambiar a nivel país”, finalizó.

 

“Cecilia Restovich era una militante política del APDH y había una necesidad muy grande de sacarla del medio –dicen sus familiares-, porque era defensora de derechos humanos, y fue una de los precursores de que se abra el Museo de la Memoria”.

Cecilia iba en su moto cuando un hombre con su auto la embistió. El impacto la dejó sobre el capot y con las piernas fracturadas. Como macabra anécdota, sus amigos cuentan que en esa situación le quitaron su casco y le robaron todo lo que tenía consigo. Falleció poco después. 

Su muerte en 2008 fue de un modo que pareciera un accidente: la atropelló un auto. Y según aseguran sus familiares, “en el mismo año el mismo señor atropelló a otra persona. Entre policías, fiscales y jueces encubrieron el caso, y no hubo nunca una investigación”. Y agregaron: los policías después de este caso casualmente ascendieron todos.

“Desde ese momento y todavía hoy nos llaman al celular los políticos y nos ofrecen dinero para que dejemos de reclamar la investigación, gente arriba y abajo del gobernador Bonfatti, y gente que se está candidateando en estas elecciones”.

Es que aparentemente el que la pisó fue enviado por alguien, y no quieren llegar a un juicio para que no se averigüe quienes fueron los responsables reales de su muerte.

Sobre el hombre que embistió a Cecilia, “actualmente tenemos conocimiento de que maneja un remís en zona norte. Un ingeniero de apellido Gallo tiene la pericia en su despacho desde hace seis meses y nunca comenzó. Pone pretextos. Pedimos que se vuelva a investigar y se haga un juicio justo”, exigieron

Ellos conocen de memoria la escalinata de Tribunales, pero hoy el motivo era abarcador: #Niunamenos.
El 29 de junio de 2010 Vanesa  Celma estaba en su dormitorio con su concubino . Tras una discusión él la prendió fuego. Estaba embarazada de ocho meses, por lo que tras el ataque, debieron hacerle una cesárea y pudieron rescatar a su hija. “Ella despertó gracias a Dios, pero vivió cuatro meses y falleció por las quemaduras en la cara”, explicó Eva Domínguez , cuñada de Vanesa .

La causa esta caratulada como un incendio, “como si Vanesa fuese una mesa o un mueble, por lo que nosotros aportamos testimonios sobre los once años de concubinato en que Vanesa había sido víctima de violencia de género”, dijo Eva.

Pero la jueza Liliana Lamperti y la fiscal Lucía Araoz no tomaron en cuenta estas declaraciones. “Queremos que se cambie la investigación con perspectiva de género”. El joven que la quemó no está ni imputado en la causa.

El joven está libre, y tuvo la custodia de sus dos hijos en los primeros años tras su muerte. Ahora viven con la hermana, gracias a que la familia presenta constantes certificados a la Subsecretaría de la Niñez de que están contenidos.

Los policías que actuaron en ese momento “hicieron desaparecer la ropa, rompieron la cámara digital que tomó las pericias. Todo eso se perdió, pero el comisario y los dos policías quedaron imputados por esto”, detalló la cuñada de Vanesa.

 “Mientras estuvo internada siempre nos pedía que no la dejáramos sola, y yo desde entonces sigo acompañando y asistiendo a víctimas de violencia de género, y todas nos piden dos cosas: que les creamos y que no las dejemos solas”, puntualizó su cuñada.

Sobre la realidad actual, planteó que la sociedad está mejorando sobre el abordaje a la violencia de género: “Hace cinco años debí tocar muchas puertas y debí empezar por Buenos Aires. Ahora al menos hay una ley, la 26.485 que hay que aplicar”.

“Lo que exigimos es que el personal judicial local sea capacitado, porque existen las capacitaciones en la Cátedra de Género en la UNR, pero son opcionales. Acompañamos a las mujeres que son víctimas porque si quieren hacer una denuncia, se pierden en los Tribunales, vienen a pedir ayuda sin un peso, con sus hijos y casi siempre amas de casa sin trabajo”, finalizó Eva Dominguez.

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