Héroes que no buscan el bronce

El valor social del trabajo ad honorem que hacen a diario cientos de personas. De esto también está hecho Rosario

Merecerían un monumento. Pero no lo tienen. Porque no buscan una placa de bronce con sus nombres en cursiva, ni una calle que los recuerde, ni siquiera piensan en el prestigio o la posteridad. La vanidad del mundo les es ajena porque tienen las manos ocupadas en una obra mayúscula que crece sin rimbombancia marketinera en los barrios pobres de Rosario. Hablo de esos voluntarios ad honorem que trabajan en los pequeños clubes periféricos, instituciones pequeñas, con una infraestructura que suele resumirse a un bufete y un potrero. A veces, hay un patio techado, pero eso ya es lujo.

 

Sobreviven gracias a estos hombres y mujeres que en forma desinteresada les ofrecen a los pibes la oportunidad de ser parte de un equipo, con un entrenador y una liga regional. En general, compran los equipos deportivos vendiendo rifas durante los fines de semana, cocinando empanadas y administrando moneditas durante los partidos.

En los lugares donde las bandas narcocriminales copan la parada de la muerte, estas instituciones pobres parecen ser el único refugio. Tienen una extraña fuerza para levantarse después del nocaut que significan los robos que muchos de ellos vienen padeciendo. Como en el club El Porvenir, de Barrio La Tabalada, al que le arrancaron los televisores, la mercadería del bufet y hasta una vieja cocina…. Allí también ayudan jóvenes universitarios dictando clases de apoyo para quienes tienen dificultades con las tareas escolares.

En el Club Reflejos de Empalme Graneros hay fútbol y boxeo para chicos y chicas. Además de una radio comunitaria que fue desvalijada en año pasado. La lista es larga e interminable: El Torito (cuna de Angel Di Maria),  Reflejos en Villa Gobernador Galvez, Libertad en Riobamba y Solis…

En todos ellos hay gente del barrio que pelea por sus pibes, para que tengan una oportunidad, para que la droga no los consuma, para que lo piensen dos veces cuando les ofrezcan ser soldaditos. Luchan como quijotes contra molinos de viento, todos los días y en silencio. De vez en cuando, cuando los desvalijan, aparecen en los noticieros. Y siempre terminan la nota con la misma frase: “Vamos a salir adelante”, “Vamos a ponernos de pie”, “El club es de los chicos y no los vamos a defraudar”. Los he visto llorar cuando se apaga la cámara, de impotencia y de bronca, sintiéndose solos y desamparados. Pero con la misma mano que se secan las lágrimas se arremangan. Y a empezar de nuevo.

Ellos son héroes anónimos, no hacen campaña. Hacen. Sus rostros no aparecen en carteles, y aunque no lo saben fabrican la esperanza, la pequeña lucecita que se enciende en lugares donde todo parece perdido. Mientras los criminólogos debaten sobre el fenómeno sociológico de las balaceras precoces, esta gente, que apenas ha concluido sus estudios básicos, intenta salvar vidas, a costa del propio pellejo. A veces, muchas, pierden. Los pibes son captados o ultimados por los mafiosos de siempre. Ellos no bajan los brazos, por los que quedan, por los que vendrán. A esos hombres y mujeres, mi admiración y respeto.

COMENTARIOS

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Tapas 14 12 2018

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