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Gritaba tanto cuando tenía sexo que la metieron presa

Una joven británica fue condenada a pasar dos semanas en prisión por gritar mucho y despertar a sus vecinos durante sus noches de pasión

Gritos hasta la madrugada. Así eran las noches de placer de Gemma Wale, una británica cuyas relaciones sexuales eran conocidas en el vecindario de Small Heath (Birmingham) por el volumen de sus gemidos.

Pero la joven de 23 años no sólo era poco discreta con su voz, si no que todo lo hacía para que se enteraran todos: desde poner música muy fuerte a horas intempestivas hasta discutir a voz en grito y dar estruendosos portazos.

Los vecinos estaban hartos de tanto ruido nocturno.
 

Cansados, los vecinos de la mujer, mamá de dos hijos, recurrieron a la justicia para silenciar a esta escandalosa chica. “Es como si echara la casa abajo con sus gritos entrecortados, con los jadeos” comentó un vecino en un medio de comunicación local. “Su novio debe estar muy orgulloso” declaró otro residente, “pero no quiero que me despierten a medianoche”.

A pesar de sus quejas en base a la legislación contra el comportamiento antisocial, e incluso después de que un tribunal prohibiera a Wale hacer cualquier clase de ruido estruendoso a altas horas de la noche, la mujer hizo caso omiso y siguió viviendo acaloradas noches de pasión desenfrenada.

Fue en enero cuando la gota colmó el vaso: la joven, después de una evidente velada sexual, culminó con un solo de soprano a todo volumen a las 5 de la madrugada. Para darle una lección, la jueza de su caso, Emma Kelly, dictaminó que su desobediencia bien merecía dos semanas en la prisión del condado de West Midlands, que tendrá que cumplir en breve.

¿Obedecerá después de esto esta joven o saldrá con tantas ganas de una noche loca que el remedio será peor que la enfermedad para los vecinos?

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