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Griegos acorralados

 

 

El Estado griego y sus acreedores intentan llegar a un acuerdo para desactivar la crisis de la deuda externa y no repetir la historia del “corralito” argentino.

El gobierno del primer ministro Alexis Tsipras negocia contrarreloj con las autoridades de la Unión Europea (UE) el pago de 1800 millones de euros al Fondo Monetario Internacional (FMI) a realizarse a fin de mes. Ese sería solamente el primero de una serie de desembolsos que el país, quebrado, enfrenta este año. Desde el FMI se advirtió que no se concederán más periodos de gracia a los griegos para que puedan pagar sus vencimientos más tarde de lo previsto. Y si no pagan, quedarían fuera de la zona euro.

Eso no sería lo peor. Los bancos se han vuelto tan insolventes que si el Banco Central Europeo (BCE) les quitara su línea de ayuda financiera colapsarían. Ante los rumores de una posible cesación de pagos  del país y su eventual salida del euro, los ahorristas retiraron alrededor de 2 mil millones de euros de los cajeros automáticos en la última semana.

Si la situación continúa y se produce una verdadera corrida bancaria, el gobierno podría verse obligado a aplicar medidas como el "corralito" argentino de 2001, que limitaba la cantidad de dinero que se podía retirar de las entidades financieras.

Para algunos analistas, Grecia se encuentra en una situación casi sin salida. Para otros, el país obtendría el respaldo europeo a último momento.

Orígenes de la crisis

El inicio de la tragedia griega se encuentra en el desmanejo de las cuentas públicas por parte del gobierno. Hasta mayo de 2010, la realidad del déficit presupuestario del Estado y el endeudamiento que se produjo en consecuencia, fueron literalmente escondidos por el gobierno griego a sus socios de la UE y a los organismos financieros internacionales. El déficit presupuestario -que no debía superar el 3 por ciento de acuerdo a las normas del bloque regional- había trepado hasta cerca del 13 por ciento. La deuda pública prevista para ese año llegaría nada más y nada menos que al 120 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI).

Los círculos financieros no desconocían la evolución de las cuentas públicas y preveían la crisis, pero atentos solamente a su propio beneficio, nada hicieron para anticiparse al estallido, sabiendo que, como siempre, “de algún lado tendrá que salir sangre”. Y las que sangran son siempre las personas. El gobierno griego de ese entonces, encabezado por Georgios Papandreu, se vió obligado entonces a implementar un brutal ajuste fiscal a costa de las políticas sociales, el congelamiento de los salarios y restricciones en las pensiones. A cambio, el FMI, la Comisión Europea y el BCE aprobaron un plan de ayuda por 110 mil millones de euros. De allí en más, los ajustes se sucedieron con despidos masivos en el sector público, reducciones de salarios y jubilaciones, aumentos de impuestos, pero sin lograr nunca el tan ansiado equilibrio fiscal.

A pesar de los recortes presupuestarios la deuda continuó aumentando debido principalmente a que las medidas de ajuste provocaron una depresión económica con tasas de crecimiento negativo que hundieron la recaudación fiscal además de las cada vez mayores partidas presupuestarias para el servicio de la deuda pública debido al aumento del interés que solicitaban los inversores para comprar deuda soberana griega. Para evitar nuevamente la suspensión de pagos el gobierno griego se vio obligado a pedir un segundo rescate por 109 mil millones de euros en el verano de 2011 y otro mayor en 2012. La crisis económica sólo se profundizó y provocó una grave crisis política. Ambas se mantienen hasta la actualidad.

Algunas consecuencias de la crisis

  • En los últimos siete años, el Producto Bruto Interno (PBI) griego cayó un 25 por ciento.
  • Aunque el país ya tenía elevados niveles de desempleo juvenil y deuda pública antes de la recesión, la situación en el país empeoró especialmente para los jóvenes: más del 52 por ciento de ellos no trabajan.
  • El 45 por ciento de los jubilados cobran menos de 665 euros al mes, cifra por debajo de la línea de pobreza.
  • De acuerdo a datos de Unicef, 597 mil niños -el 40 por ciento- viven por debajo del umbral de la pobreza. Entre ellos, 322 mil no tienen las necesidades nutricionales básicas aseguradas.
  • 200 mil empleados públicos se quedaron sin trabajo.

Pertenecer a la Zona Euro, tiene sus perjuicios

Uno de los problemas de fondo fue que la crisis griega se produjo en uno de los 16 países que componen la denominada zona Euro, arrastrando así a la UE en su conjunto.

En general, cuando un país tiene problemas económicos internos, suele llevar a cabo una devaluación de la moneda, pero en el caso griego eso no fue posible por no tener una  independiente. La única posibilidad de devaluación sería que el país abandonara el Euro para volver al dracma, lo cual permitiría al gobierno hacer devaluaciones competitivas para impulsar sus exportaciones. Pero el golpe a la credibilidad del área de la moneda única podría desintegrar el euro. Los sucesivos gobiernos griegos -siempre presionados por la UE- optaron hasta ahora por la permanencia del país dentro de la Unión.

La salida de la eurozona supondría la suspensión del pago de la deuda externa y un gran riesgo de quiebra de numerosas entidades financieras alemanas y francesas acreedoras de préstamos en Grecia, razón por la cual los gobiernos de esos países se oponen a una salida de los griegos.

Fallas de control

En cualquier caso, cabe preguntarse cómo hicieron los gobiernos griegos que provocaron la crisis para que la desastrosa gestión de las cuenta públicas pasara inadvertida ante la mirada de las instituciones de la UE. Y allí radica quizás el gran problema del bloque. ¿Cuál es la capacidad de control de la UE sobre lo que hacen los gobiernos de los países que la componen? La respuesta conduce a nuevos y complicados interrogantes.

Podría pensarse que los países que componen la eurozona no dejarán que la crisis la destruya, hundiendo además a toda la UE. También puede pensarse que la crisis griega sirve como contraejemplo para que otros países, como España y Portugal, comprendan que es lo que no hay que hacer, creando además un ámbito propicio para inaugurar una nueva etapa de la UE signada por controles férreos y una mayor vigilancia sobre las cuentas públicas de sus miembros.

No todo está perdido

El gobierno griego intenta por todos los medios no repetir el “corralito” argentino, aunque las consecuencias de haber permanecido en la eurozona, cumpliendo con todas las “recetas” del FMI y sus socios europeos, solamente parece haberle dado dolores de cabeza. De hecho, cinco años después de comenzada la crisis, Grecia no puede salir de ella. Argentina en cambio, adoptó caminos distintos a los tradicionalmente sugeridos desde los centros de decisión de los poderes económicos y pudo recuperarse. Más que obsesionarse con el “corralito” argentino, los gobernantes griegos quizás deberían observar lo que sucedió después.

La palabras “crisis” proviene justamente del griego y significa separar o decidir. Crisis se refiere a algo que se ha roto y hay que analizar por qué se ha roto. De allí proviene el término “crítica”, que significa análisis o estudio de algo para emitir un juicio y, de allí también, proviene el término “criterio”, que es el razonamiento adecuado. La crisis por lo tanto, obliga a pensar, produce análisis y reflexión. No solamente los griegos, sino también los gobiernos de los países de la UE y de buena parte del mundo, deberían analizar y reflexionar cómo superar esta situación, recordando ante todo que cada crisis lleva dentro de sí la se milla de una nueva oportunidad. 

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