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“Encontré relatos maravillosos de David Moreira en el aula”

Adrián Gómez trabaja desde hace doce años en la Escuela N° 456 de Empalme Graneros, establecimiento primario al que asistió David Moreira, el joven linchado en marzo del año pasado en barrio Azcuénaga. Sensibilizado por su caso, reconstruyó en detalle cada paso de su vida escolar

Aquellos golpes, aquellas mortales patadas que el 22 de marzo de 2014 impactaron en el cuerpo y en el rostro de David Moreira, salvajemente linchado en barrio Azcuénaga, generaron un fuerte cimbronazo en la vida de Adrián Gómez, el vicedirector de la escuela primaria a la que asistió esta joven y precoz víctima. En un trabajo solitario y silencioso, este docente logró reconstruir su historia dentro de un aula y frente a un pizarrón. Se topó, a diferencia de lo que imaginaba, con testimonios que daban cuenta de un niño solidario, cumplidor, tímido y muy feliz.

Moreira tenía 18 años. Era el mayor de tres hermanos e integrante de una humilde familia asentada en la periferia de Rosario. Murió en manos de una turba de vecinos. Lo golpearon con saña hasta dejarlo incosciente. Minutos antes, según el relato de los testigos, la víctima le había arrebato el bolso a una joven mamá que camina por la cortada Marcos Paz, un populoso pasaje de la zona oeste.

La reconstrucción del crimen marcó que la euforia por linchar al supuesto ladrón acalló los tibios intentos de algunos vecinos por detener la feroz golpiza. David agonizó durante más de dos horas en el asfalto ante la mirada asesina e impasible de agresores y testigos. En estado crítico fue derivado a un hospital de la ciudad. La vida del joven se apagó a los tres días. En aquel entonces, el caso instaló la palabra “linchamiento” en la agenda mediática nacional.

El detallado y puntilloso seguimiento que Adrián Gómez hizo con Moreira forma parte del relavamiento que viene realizando un grupo de docentes de Amsafe Rosario ante el marcado aumento de los alumnos que mueren en las calles alejadas del centro de la ciudad. Según un informe publicado este martes en Rosarioplus.com, ya son 14 los chicos en edad escolar acribillados en lo que va del año. En 2014, esta cifra trepó a los 30 casos.

“Cuando ocurrió el crimen y me enteré de que había pasado por este establecimiento empecé a buscar información para poder reconstruir su historia. Me puse en contacto con todas sus maestras y empecé a indagar. El resultado fue muy gratificante. Me encontré con relatos maravillosos sobre David. Las voces hablaban de un chico alegre y siempre predispuesto a cumplir con sus obligaciones”, explica el docente.

Lorena, la mamá de David (foto: La Nación)

Las coincidencias también aparecieron sobre el papel y el rol de familia. Padres presentes y preocupados por el desempeño escolar de su hijo mayor. “Lorena, su mamá, siempre lo traía y lo venía a buscar. Preguntaba por su rendimiento, por cómo se portaba”, cuenta Adrián. En los pasillos de la escuela ubicada en calle La República al 2500 recuerdan que sus esporádicas faltas ocurrían, únicamente, cuando acompañaba a su papá en sus largas y cansadoras recorridas como vendedor ambulante.

Los testimonios sobre la vida escolar de Moreira cambian radicalmente con el comienzo de la secundaria en una escuela nocturna ubicada en Mendoza y Provincias Unidas. Adrián se trasladó hasta ese establecimiento e hizo el mismo trabajo de campo: con paciencia, recogió los relatos de los docentes que trabajaron junto a él. “En esos años David tuvo que empezar a trabajar, saltó a la calle y se alejó del estudio. Nunca pudo retomarlos. En el momento en que es asesinado ya no estaba yendo a la escuela”.    

El crimen de David caló hondo en la Escuela N° 456. En marzo de este año, al cumplirse el primer aniversario de su muerte, un grupo de docentes leyó una emotiva carta en el patio y en presencia de todos los chicos. “Para nosotros David no era un pibe más, era nuestro alumno. Nuestro alumno igual que Michel, Facundo, Jairo, Fabio, Iván, Miriam, Daniel, Ulises, Nicolás, Abel, Carlos, Mariano, Néstor, Oscar, Agustín… paren de matar a nuestros alumnos", concluía aquel texto.

Adrián Gómez reconstruyó el paso de David Moreira por la escuela

“No se dan una idea lo que fue para los docentes ir a trabajar por aquellos días. Estaban devastados”, recuerda Adrián. Y agrega: “No es casualidad la cantidad de docentes enfermos, con licencias o con tareas diferentes por orden de un psiquiatra que dice que ya no puede estar más al frente de un grado. No es fácil sobreponerse a estos golpes”.

Micaela, Elías y Tomás, los hermanos menores de Moreira, dejaron de asistir a la escuela luego del crimen. La rápida intervención de los docentes, que decidieron acercarse hasta la casa de los padres, posibilitó que los chicos retomaran sus estudios. “En este caso lo logramos. Nos ayudó la repercusión en los medios para hacernos de esta compleja historia. Pero lo cierto es que la mayoría de los casos se nos escapan. Cuando un chico gana la calle es muy difícil que regrese a la escuela”, analiza este docente.

David Moreira es apenas un nombre y un apellido de una extensa lista de chicos muertos que pasaron por las aulas de la Escuela N° 456. “Los casos se repiten. Sabemos de muchos alumnos que fueron asesinados, en su mayoría tras dejar el colegio. Lo duro es que los docentes ponemos el cuerpo y después quedamos hechos bolsa”, concluye Adrián. 

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