El limón, aliado en la lucha contra enfermedades

 

El jugo de limón tiene magníficas propiedades para la salud, tanto que es casi como tener un doctor en casa. Con algunos de sus pases mágicos puede ayudar a limpiar el intestino, fortalecer el sistema inmunológico o desintoxicar el hígado. Además es antioxidante y alcalinizante.

Sin embargo, es en su cáscara donde se encuentra la mayoría de los nutrientes, algo que rara vez es aprovechado. Sin embargo hay un truco para lograr aprovechar los beneficios de esta fruta al máximo.

La cáscara del limón contiene entre cinco y diez veces más nutrientes y vitaminas que su jugo y ayuda a eliminar las toxinas del cuerpo. Pero el beneficio más importante que se le atribuye es su potencial capacidad de combatir el cáncer, algo que los investigadores de distintas universidades e instituciones científicas vienen estudiando hace algunas décadas.

Hay un compuesto presente en la piel de la fruta: los limonoides, que son como asteroides lanzados contra las células malignas del cáncer. No es chiste, se llaman limonoides y son también los que le dan a la cáscara del limón su sabor amargo. Se estima que estos compuestos podrían hacer que las células cancerígenas se desarrollen más lentamente. Según lo señalado por Stop Cancer Fund, su efectividad ya ha sido probada en los laboratorios con muestras de células de cáncer de mama. Sin embargo, aún no se ha avanzado sobre el conocimiento de su efecto en el cuerpo humano.

“Las investigaciones han demostrado que el extracto de limón efectivamente podría destruir las células malignas que ocasionan una gran variedad de cánceres, entre los que se encuentran el de mama, el de colon y el de pulmón”, explican en el blog del instituto Hope4Cancer.

Allí agregan que en los estudios se comprobó que el cítrico sería capaz de lograr esto sin dañar las células sanas. Así que basta de preámbulos y atención al truco para aprovechar la cáscara y la pulpa del limón.

El método es sencillo. Sólo hay que tener la precaución de usar siempre limones orgánicos, lavarlos bien y llevarlos al freezer. Cuando estén congelados, se ralla por completo la cáscara sin pelarlos y se almacena la ralladura en un recipiente hermético. A esta se la puede usar para espolvorear comidas, en particular en ensaladas, helados y cereales.

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