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El boleto y la eterna discusión de su precio

Las tres empresas rosarinas que controlan el transporte urbano de pasajeros recibieron durante el año 2014 más de 400 millones de pesos en subsidios por parte del Estado Nacional. Este dato surge de las estadísticas publicadas por la Secretaría de Transporte de la Nación en su página web.

De este total, la empresa Rosario Bus recibió 222 millones (un 54%), la Semtur 107 millones (27%) y la Mixta 76 millones (el 19% restante). Los porcentajes son aproximadamente los mismos desde 2009, cuando el sistema rosarino quedó compuesto con sólo tres empresas.

Si bien no están aún disponibles los datos respecto de cuántos viajes se cancelaron durante 2014, el promedio de los últimos 5 años es de casi 140 millones de pasajeros, incluyendo a quienes pagan medio boleto o viajan gratis. Esto implicaría que durante 2014 el estado nacional pagó casi 3 pesos por cada persona que se subió al colectivo. Recordemos que el valor del pasaje en 2014 fue de $3,60 hasta abril y de $4,30 hasta diciembre. Esto implica que el estado nacional pagó prácticamente lo mismo que cada pasajero al subir a la unidad.

El estudio de costos de enero de 2014 definía un costo “superior a los 5 pesos”. Es interesante notar entonces que si el Estado Nacional enviaba a las tres empresas casi 3 pesos por pasaje, el boleto no debería haber costado más que 2 pesos. Sin embargo había que pagar casi el doble para recorrer Rosario.

En Córdoba capital, por ejemplo, donde en los últimos años la cantidad de pasajeros osciló en los 160 millones, los subsidios alcanzaron los 480 millones de pesos en 2014. Es decir, en un valor también cercano a los 3 pesos por pasajero transportado. El valor del boleto en la ciudad mediterránea sin embargo, ha sido sistemáticamente más alto que en Rosario.

Estas consideraciones no ponen en dudas la clara necesidad de seguir subsidiando al transporte urbano. En los últimos años, esta medida permitió amortiguar los aumentos y mantener un precio razonable del boleto. De esta manera, el subsidio se convierte en un “salario indirecto” ya que si no existiera, sería mucho mayor el gasto por parte de quienes lo necesitan. Sin embargo, vuelve a abrir tres importantes consideraciones.

La primera cuestión es a quién debe subsidiarse. En este esquema, las empresas son las que reciben el dinero y deciden qué hacer con él. En tanto, puede pensarse que haya un nuevo esquema de subsidios que se centre directamente en los usuarios del servicio y permita que vaya directamente a quienes lo necesitan.

La segunda tiene que ver con una pregunta que pocas veces se hace y es quién debería pagar por el sistema. Mientras que habitualmente nos centramos en la persona que utiliza el colectivo y lo vemos como quien se beneficia por el hecho de que haya un sistema de transporte público, existe una forma alternativa de pensar la cuestión. Veamos, si esa persona va a trabajar a un negocio o empresa, el dueño del negocio se beneficia de eso: si no, tendría que poner un colectivo propio para que sus empleados lleguen (como lo hacen varias empresas de la ciudad). Los dos se benefician (el empleado y el dueño), pero sólo paga el boleto el empleado. El dueño de un local comercial se beneficia con que sus clientes se acerquen pero el boleto lo paga el propio cliente.

La tercera cuestión abierta remite a los costos del sistema. En la contabilización del costo del boleto, se incluye el gasto en reparación de los colectivos y también su costo de amortización. Ambos costos hacen aumentar el valor del boleto. El primero de estos gastos permite mantener el valor de la unidad: al repararlo, vale lo mismo. El segundo es un costo teórico, se aplica para quitarle valor al colectivo debido a su desgaste. Al finalizar la vida útil de la unidad (digamos, 5 años) no debería valer nada en teoría. Pero resulta que sí tiene un valor de mercado: al venderlo la empresa obtiene una ganancia extraordinaria. No está mal que obtenga una ganancia la empresa, pero sí está mal que se hayan inflado los costos para contabilizar los gastos. En definitiva, son dos costos aplicados sobre lo mismo.

Lavih Abraham

Red de Economía Política de Rosario

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