Crónica dibujada para el libro de Chachi Verona

La provincia de Buenos Aires es la nariz de Argentina. Misiones es un jopo. En Santiago del Estero hay un ojo para este país que mira de perfil y que carga con palas o está acorralado. Las piernas de un Robocop sin ley son dos réplicas del Monumento Nacional a la Bandera. En el cielo los aviones fuman y los revólveres tienen lenguas de gatillos o locomotoras que son balas. Un periodista  tiene dos culos, uno por cada ojo. Y este señor hiperconectado opina para la mierda.  Mientras, otro periodista se sienta a la derecha del ilustrador en un centro cultural de columnas eternas que se transforman en chimeneas humeantes de plastilina, pinturas multicolores y rayos catódicos invertidos: salen disparados desde la tierra hasta el cielo. La muchedumbre suspira en viñetas: “Ahhhhhh” ante cada rayo que dibuja un contorno de humano con cabeza de televisor.

 

 

El periodista se llama Pablo Makovsky y antes de comenzar la presentación abre un baúl con objetos de 1990. De ahí salen una banda de rock que ensayaba en la calle Jei Jei Paso al fondo, en una especie de garaje-aguantadero y varios trastos que pertenecían a Chachi Verona, entre ellos un metegol intervenido por el artista que en el pasado se usaba para apoyar el mate mientras Pablo –el periodista- y Juan Carlos –el hermano de Chachi- jugaban a ser roqueros.

Mientras Pablo habla, Chachi -el artista plástico e ilustrador de los diarios La Capital, Rosario 12, Perfil y Clarín- genera una cierta mutación y negocia con su hijo que ya creció la reutilización de sus juguetes. Valentino quiere usar los juguetes como juguetes. Chachi quiere jugar también y mientras juega, los juguetes de su hijo se transforman en obras: esculturas con revólveres que no hacen justicia por mano propia. O sí.  Tal vez haya llegado el momento para la Chicago Argentina, la ciudad vigilante que está custodiada por un robot. La corporación es la garantía de la seguridad que el Estado no brinda.

Los adjetivos académicos quedan todos agolpados en la puerta del Espacio Cultural Universitario y se amontonan en la peatonal San Martín de Rosario. No ingresan al recinto de columnas eternas.  “Esto es un lujo”, dice el periodista Makovsky. Y para graficar el lujo que significa la muestra de Chachi Verona, en sus ojos  hay dos televisores que emiten fragmentos de serie Sense8 de Andy y Lana Wachowski. Le serie tiene puntos de similitud con la obra de Verona. En la trama de Sense8 hay ocho desconocidos  que viven en distintos lugares del mundo pero que están emocionalmente conectados.

Los ojos de Makovsky ponen en relieve dos personajes de esa serie: Wolfgang Bogdanow, un ladrón de cajas fuertes de Berlín amante de la película Conan, el Bárbaro. El otro es Capheus, un conductor de una mini van que vive en Nairobi y envuelto en su desesperación trata de ganar dinero para comprar medicina para su madre contagiada de SIDA. Capheus es fan de Jean-Claude Van Damme y bautiza su vehículo 'Van Damn' en honor al héroe de la lucha. Los personajes de aquella serie transitan el mundo pop. Una cultura chatarra que es trascendente. Y para los ojos de Makovsky, en la obra de Verona está presente la esencia de lo pop. “Estos dibujos son una filosofía, una visión del mundo”.

​De los guerreros truchos de Sense8 al tango hay un paso. “Antes era posible formarse a través de la argentinidad escuchando tango”, sostiene Makovsky. Y en la obra de Verona hay mucho de argentinidad. Los títulos de las ilustraciones vienen de los saberes populares, de los pensamientos en formas de símbolos, enchufes y sifones. En la presentación del libro no hay casualidades, todo ocurre el día del arquero.

Chachi es rosarino del barrio Larrea. No es ni de Empalme Granero ni es de Fisherton, está en la frontera que ahora pueblan grandes galpones que son el sello del progreso de un barrio que dejó de ser barrio, que abandonó en el camino a los vecinos con sillas en las puertas mate de por medio. Tres helicópteros se fugaron del Apocalipsis Now del cine Radar y rocían al auditorio con un líquido pulverizante que antes era propio de la guerra química y ahora es una garantía indisoluble para el progreso agroindustrial. Hay mascarillas anti disturbios por todos lados y manos con aerosoles, hay macetas con rostros y manos que cambiaron las bombas por un líquido salvador. Una escena non sancta.  

Argentina camina con un zapato que antes era Tierra del Fuego. El pasado, pisado. En 2001, el país de un solo ojo andaba con muletas y ahora las abandona.  Argentina levanta los brazos al cielo. Dice: “Yo no fui”. “Yo, argentino”. No se hace cargo. Y se ríe como si fuera una escultura lúdica hecha con meditación. Es que detrás de los rasgos y de la tinta china, detrás del trazo de lápiz negro y de los trastos de Chachi no hay sólo humor.  Hay levitación.  Cuando Chachi dibuja, vuela, medita y sueña. Hay una química entre el papel, los dedos, las neuronas, los enchufes y los sifones. Chachi piensa que entre el papel en blanco y el papel dibujado casi no hay diferencia de peso entre el uno y el otro. Una balanza perfecta no distinguiría la diferencia entre un papel y otro. El periodista Pablo Makovsky, que oficia de presentador, procura vencer la tentación de pronunciar el ejemplo que cae como anillo al dedo. Pero no puede. Entre un papel en blanco y un papel dibujado por Chachi la diferencia de peso es de 21 gramos.

Los 21 gramos de Chachi Verona.  

​El libro “Ilustraciones, de Chachi Verona” se puede conseguir en Homo Sapiens, Buchín Libros y la Editorial Municipal. La muestra está en el Espacio Cultural Universitario, San Martín 750 de Rosario. La exposición consta de objetos e ilustraciones impresas ampliadas quedará expuesta hasta el 1 de agosto y se podrá visitar de martes a viernes, de 10 a 18 horas y los sábados de 10 a 19 horas.  La producción está a cargo del ECU, que, con esta muestra, consigue su primera colección de arte gráfico apostando a un artista de Rosario. La muestra se volverá itinerante.

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