Caso Moreira: el linchamiento virtual

El crimen del presunto ladrón en barrio Azcuénaga despertó en su momento una catarata de virulentas e irascibles reacciones en la web. Justificaciones y agravios siguen a la orden del día cuando el caso reaparece en la agenda mediática. La mirada de una especialista

El usuario de Facebook se identifica con el nombre de "Indignados de barrio Azcuénaga", una de las tantas cuentas creadas para denunciar los problemas de inseguridad en el barrio. La feroz golpiza propinada días atrás a un ladrón que intentó robar una cartera dispara una colérica catarsis en las redes sociales, el ágora griego de estos tiempos. La reflexión, avalada con un sinfín de "me gusta" estremece: "A las 20 vino la ambulancia, retrasada porque una desubicada la llamó, aunque por suerte otro vecino llamó para cancelarla. Igualmente una hora más tarde cuando llegó la policía la volvieron a llamar. Por suerte había pasado demasiado tiempo como para ayudarlo".   

La publicación está fechada el 24 de marzo de 2014, dos días después de la mortal paliza que un grupo de vecinos le propinó a un muchacho que minutos antes le había robado el bolso a una joven mamá del barrio. El joven se llama David Moreira y tiene 18 años. En ese momento, todavía luchaba por su vida. El diagnóstico no es nada alentador. Los médicos le comentan a Lorena, su mamá, que el cuadro es muy grave por las lesiones y por la falta de asistencia una vez consumada la golpiza. Aquel posteo en Facebook tenía razón: la ambulancia llegó "demasiado tarde como para ayudarlo". Moreira murió al otro día. 

Cristina Alberdi es una docente universitaria (UNR) especialista en el campo de las nuevas tecnologías de la comunicación. En diálogo con Rosarioplus.com, sostiene que el "anonimato" y la "accesibilidad para publicar" explican en parte el por qué de estos fenómenos. "Producimos y después no nos hacemos cargo de lo que decimos. Se trabaja mucho desde las emociones y las pulsiones. Lo que antes se hacía a través de las cartas de los lectores, ahora se hace en estos espacios pero con una clara falta de compromiso y de reflexión", explica. 

Para esta catedrática, hay una "continuidad entre lo real y lo digital".  "De a acuerdo a nuestro perfil de usuario uno crea su propia comunidad. Esa comunidad se crea a partir de ciertos modos de empatía. Entonces lo que yo opino está en línea con la comunidad que conformo. Hay usuarios que se vuelven más virulentos porque los miembros de esa comunidad son virulentos, tienen un discurso agresivo y muy violento.  Son los mismos que manifiestan las violencias verbales en los espacios públicos tradicionales", reflexiona.

Alberdi, no obstante, es escéptica respecto a las "transformaciones sociales" que pueden llegar a generar estos contenidos. "No sé hasta que punto estos sectores que generan y avalan los linchamientos mediáticos pueden movilizar algún tipo de cambio o transformación a nivel social", subraya.  

En el caso del crimen de David Moreira, los comentarios más irascibles se publicaron en una cuenta llamada  “Yo apoyo la justicia por mano propia. El pueblo se defiende”, un grupo abierto que se define "a favor de las acciones de autodefensa popular contra delincuentes, políticos, militantes y periodistas pro-delincuencia".

En la actualidad, la cuenta tiene 2417 “me gusta”. En aquel entonces, el fiscal Florentino Malaponte, a cargo de la investigación, fue el blanco predilecto de los insultos. Se lo definía como “lacra sin escrúpulos” y “cómplice de los delincuentes”. El "escrache" contó además con la difusión de una foto de su cara en donde aparecían todos sus datos personales.

"Hoy en día hay una fuerte discusión si tendrían que existir filtros para estos contenidos. Las redes sociales tienen un espíritu propio de autorregulación, es su naturaleza", señala Alberdi sobre el debate en torno a cómo proceder ante estas publicaciones. Y agrega: "No hay una legislación que regule este fenómeno. Es un tema de debate porque también implica un manejo de poder. Lo cierto es que las redes sociales nacen como espacios abiertos para la democratización de la información". 

En estos últimos días, el aniversario del asesinato de Moreira volvió a despertar la furia de muchos internautas. "El que a hierro mata a hierro muere, ojala maten miles más de estas lacras", "pero porque tanto drama por un negro asesinado en manos del pueblo??? lo que ocurrió a este fue JUSTICIA, el propio pueblo la ejerció" o "hay que matar a todos los chorros!", son sólo algunos de los comentarios que inundan los portales de noticias de la ciudad. 

Según Alberdi, en estos casos sí hay una "clara responsabilidad de las empresas periodísticas vinculada con la ética profesional. "El uso de las redes sociales se da a partir de los usuarios. En cambio, acá estamos hablando de ofertas online de los propios medios, las cuales muchas veces se vuelve muy peligrosas. Ahora se ha creado una figura de "curador de contenidos" que está pendiente de lo que se publica. Hay experiencias totalmente abiertas y otras que trabajan con esta idea de controlar estos contenidos ofensivos o peligrosos. También es un debate abierto", concluye.

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