El gastado dicho ‘De toda crisis surge una oportunidad’, se aplica al gobernador Omar Perotti. El santafesino ganó centralidad con la determinación de la cuarentena establecida por el gobierno nacional, después de que el mundo viera cómo el cisne negro de Wuhan transitara mares y cielos, y aterrara con su contagio.

Lo ayudó el esquema de conferencias de prensa que Santa Fe implementó para comunicar. Allí, el gobernador aplicó la cuota necesaria de miedo que los especialistas recomiendan para este tipo de crisis, y también la templanza y tranquilidad que se espera de un mandatario en tiempos de incertidumbre social. En rigor, encontró el tono de su conducción luego de meses en que su gestión no encontraba la vuelta.

Incluso obtuvo la demorada y luchada ley de Necesidad Pública que había posicionado como excluyente para darle impulso a la gestión y amplió los recursos para enfrentar la pandemia. También es cierto que la intensa y agitada negociación de la ley parió un nuevo escenario político en que retorna el ex gobernador Miguel Lifschitz a escena y ya no desde el ostracismo. 

El primer desafío que tiene por delante es realizar un mapa en los lugares y actividades que considere necesario levantar la cuarentena y trasladarle la propuesta al Ejecutivo nacional. Así lo sostuvo el presidente Alberto Fernández como forma de "administrar la cuarentena".

Algunos pueblos rurales que quizás no requieran mantener la medida porque no tienen contagiados y su vida social no va más allá de esas fronteras. Los centros urbanos grandes, no correrán esa suerte. Pero también deberá equilibrar las necesidades reales con la presión de algunos sectores que quieren retomar la actividad. 

Ademmás de esta nueva tarea, deberá saber administrar los recursos que supo conseguir aún en épocas de recaudación deplorables. Mientras tanto, contener las demandas para que no se desborden y dejar lo más preparada posible la provincia una vez que la cuarentena llegue a su fin. No será sencillo, y el gobierno lo sabe.

Sobre todo porque cuando la barrera del fin de la cuarentena se levante, los sectores empezarán a pedir cada uno por lo suyo sin importarle los efectos pandémicos. El ejemplo más claro son los docentes, quienes tienen suspendida la paritaria y ya advierten que no negociarán salarios por más reguero de sangre que haya dejado la pandemia.

Pero también tiene reclamos que vienen desde hace meses como la obra pública y unos demorados pagos de certificaciones cajoneadas desde julio del año pasado. Los contratistas olieron sangre y salieron a reclamar por esos recursos obtenidos con la ley de emergencia que fue puesta como mojón por el propio gobierno para saldar las deudas.

Al margen está la posible reactivación de la construcción como actividad de excepción. “Primero queremos cobrar, si se reactiva, mejor”, explicó a este medio un contratista de años del gobierno.

Aquella dicotomía que muchos califican de inválida sobre sanitarismo o economía, la provincia parece abocarse a la primera sin medias tintas. Pero lo cierto es que afuera hay toda una economía que espera levantarse de la cama, aunque todavía no sabe muy bien cómo. La provincia deberá ser un faro. Pero la apuesta de la Casa Gris también es seguir las señales nacionales y, sobre todo, los recursos.

Ya hay garantizados miles de millones para la pandemia por parte de Nación que sirvieron para contener el piletazo de las cuasimonedas que algunos gobernadores tiraron sobre la mesa ante la complicación de pagar sueldos. Perotti fue el primero al calificar de “alternativa interesante” a aquella moneda que remite directamente a la crisis visceral de 2001 y a la tozuda insistencia de un Domingo Cavallo por mantener la convertibilidad.