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Tensión en Oriente

El conflicto entre China e India debido a una vieja disputa fronteriza cobra ribetes violentos y pone al mundo en alerta.

Con más de cuatro décadas de historia, la disputa fronteriza entre China e India se abrió nuevamente. Al menos 20 soldados indúes murieron el lunes pasado en una batalla con soldados chinos en el valle de Galwan, cerca de Aksai Chin, un área controlada por China pero reclamada por ambos países. Ambas partes han acusado a la otra de sobrepasar la frontera de facto, denominada Línea de Control Actual, que se extiende a lo largo del sector occidental del valle. Sin embargo, los detalles del incidente son confusos y es posible que nunca se esclarezcan.

Además de tratarse de los dos países más poblados del planeta, China e India ostentan arsenales nucleares. Estos dos datos redimensionan la importancia de cualquier conflicto entre ambos países, debido al alcance global que podría adquirir.

Tras el episodio de la semana pasada, los dos vecinos y  socios -recuérdese que junto a Brasil, Rusia y Sudáfrica conforman el grupo BRICS, y que su comercio bilateral asciende a más de 80 mil millones de dólares anuales- ensayan una rápida desescalada de las tensiones. Inclusive cuando extremistas en ambos países exigen profundizar el desafío y la agresión. 

Territorio en disputa

La zona fronteriza donde se registró el enfrentamiento es compleja. Ambos países la reclaman como propia aunque se encuentra bajo administración china. La tensión en el lugar aumentó considerablemente desde que los gobiernos de ambos países aceleraron el despliegue de infraestructura y refuerzos militares, lo cual es interpretado por ambos como una amenaza. Concretamente, China ya había trasladado grandes cantidades de soldados y armamento a la región, mientras que India también habría reforzado su posición.

El área en disputa, llamada Aksai Chin, es fría e inhóspita, está cubierta de nieve y las temperaturas rondan los cero grados inclusive en verano. Ubicada en lo alto del Himalaya, la altitud promedio es de 4200 metros -casi el doble de la altura donde comienza el mal de altura- lo que significa que cualquier humano en el área debe atravesar una aclimatación tediosa y gradual o sufrir dolores de cabeza, náuseas y fatiga.

La altitud y las temperaturas bajo cero podrían haber contribuido al número de muertos en el incidente. El ejército indio inicialmente confirmó tres bajas, pero luego comunicó que 17 soldados adicionales expuestos a temperaturas bajo cero a gran altitud habían sucumbido a sus heridas. Con posterioridad, el gobierno chino dejó entrever que 40 militares propios también habrían muerto.

Pese a las duras condiciones de vida en esta inhóspita región, China e India entraron en guerra por ella en 1962, con un saldo de miles de muertos en ambos lados. Entre ese conflicto y la escaramuza del lunes, la región protagonizó numerosos enfrentamientos entre guardias fronterizos y declaraciones indignadas en las que cada gobierno ha acusado al otro de intentar sobrepasar la frontera de facto.

La Línea de Control Actual, la frontera de facto poco definida, surgió de la guerra fronteriza de 1962, provocada por desacuerdos territoriales de larga data. Durante gran parte del siglo XIX, el Himalaya fue el foco de la rivalidad militar y política entre los tres imperios de Rusia, el Reino Unido y China, y los tres reclamaron varias partes de la región. La descolonización luego de la Segunda Guerra Mundial trajo aparejada más confusión y antipatía, particularmente después de que Pakistán y la India se separaron a raíz de la independencia.
Aksai Chin es parte de la gran Cachemira, y después de la sangrienta guerra entre Pakistán e India en 1947 que resultó en la división de esa región, la frontera entre China e India quedó mal definida. Las autoridades indúes sostienen que la región es parte de Ladakh, un territorio remoto y montañoso en el valle oriental de Cachemira. Si bien la India reconoció la denominada “línea McMahon” -un remanente de la era colonial británica- China nunca la aceptó formalmente, y optó en su lugar por las fronteras de la costumbre que habían existido entre los pueblos contiguos durante décadas. Esto creó una situación incómoda que aún persiste, por la cual ninguna de las partes está de acuerdo con la frontera, ambas acusan regularmente a la otra de sobrepasarla o tratar de expandir su territorio, y es fácil encontrar pretextos para el conflicto.

La génesis del conflicto

La génesis de la crisis puede encontrarse en la revocación que la India hizo el año pasado del estatus especial otorgado a los Estados de Jammu y Cachemira que administran el territorio fronterizo en cuestión. Desde entonces surgieron preocupaciones en China respecto de que la India dificultaría sus planes futuros. La región conecta a China con Pakistán y ambos países mantienen allí un corredor económico. Los cambios de visión estratégica en la región y la construcción de infraestructura es percibida desde China como una amenaza no sólo sobre su corredor económico con Pakistán -donde ya invirtió más de 60 mil millones de dólares-, sino al proyecto mucho más ambicioso de la Nueva Ruta de la Seda.

La última gran crisis en la región, un enfrentamiento de un mes sobre el territorio en disputa de Doklam en 2017, también estuvo relacionada con la construcción de infraestructura. Cualquier expansión indú o fortificación significativa en la región concluye por hacer sentir amenazados los objetivos geoestratégicos chinos en Asia central.

El año pasado, India terminó una nueva carretera apta para todo clima, cerca de la Línea de Control Actual. El propósito de este camino es apoyar a las tropas a lo largo de la frontera, lo que les permite reabastecerse por carretera desde Daulat Beg Oldi, la pista de aterrizaje más alta del mundo. Este hecho puede ser considerado un avance significativo para India al momento de reforzar aún más su posición o si decidiera construir instalaciones militares en la frontera.

Dicho con otras palabras, este enfrentamiento es síntoma de una suerte de cambio de un statu quo por otro que aún no está suficientemente definido, entre dos actores que tienen poder económico y militar, que tienen una presión demográfica sin parangón en todo el mundo, y que están midiendo su poder y sus posibilidades. Lo que no queda claro, es si este tipo de enfrentamientos son producto de provocaciones cuidadosamente calculadas o de meros pasos en falso y malentendidos.

Tensión si ¿guerra no?

Ante la preocupación global ante la posibilidad de un conflicto armado a gran escala, hay que pensar que los planes de desarrollo de ninguno de los dos países incluye la voluntad de una guerra aunque disputen liderazgo en la región. Como ya se expresó, el comercio bilateral es muy significativo. 

Independientemente de las consideraciones políticas y económicas, una guerra lisa y llana en ese territorio parece poco probable. Las condiciones geográficas y climáticas harían difícil el acceso no solamente para soldados. Los motores diesel tendrían dificultades para operar, los helicópteros tendrían que disminuir sus cargas y la cantidad de suministros necesarios para mantener a las tropas sería enorme. 

Con los dos ejércitos lamiendo sus heridas, puede pensarse en una pronta reanudación de las negociaciones entre los dos gobiernos, tendientes a fijar un nuevo statu quo que permita la convivencia en una frontera compleja y evitar que la disputa actual se descontrole.
 

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