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¿Por qué se inunda Rosario ante una lluvia intensa?

Los últimos dos diluvios provocaron anegamientos e inundaciones tanto en el centro como en la mayoría de los barrios. Para el Municipio, no hay ciudad que “resista” la caída de tanta agua. Desde la oposición desmienten este argumento: plantean falta de obras, desagües pluviales obsoletos, graves problemas en la recolección de residuos y una planificación que no contempló el impacto de las lluvias

La postal volvió a repetirse. Pantalones remangados para poder caminar, vecinos con las manos sumergidas intentando destapar los desagües, casas con varios centímetros de agua en su interior, calles anegadas y mucho malhumor social por una ciudad que volvió a colapsar ante una intensa lluvia. ¿Por qué se repiten las inundaciones? La Municipalidad se escuda en el “factor climático”. “No hay ciudad que resista tanta agua", reflexionó la intendenta Mónica Fein cuando se la consultó por esta problemática. Las fuerzas opositoras, en cambio, ponen énfasis en el “factor político”.

Señalan cuatro grandes críticas: 1) un problema estructural de raíz sin solución en el radio antiguo de Rosario. La mayoría de los desagües pluviales de la zona que abarca Gaboto al sur, Avellaneda al oeste, Vélez Sarsfield al norte y el río Paraná fueron construidos a principios del siglo XX.  Las obras troncales de modernización se proyectaron pero nunca se hicieron. En los últimos años, solo se concretaron trabajos “parciales” (léase parches).

2) La falta de recolección de residuos y de limpieza en las zanjas de los barrios, una falencia que se agudizó en el último tiempo por problemas con la empresa privada a cargo del servicio. 3) Un planeamiento pensado en fomentar el mercado inmobiliario y de la construcción que no cotempló la acumulación de agua. Y 4) la priorización de recursos económicos en “aspectos secundarios”, en lugar de invertir en obras estructurales para sanear los desagües pluvio-cloacales.

Una capacidad de drenaje que no alcanza

El macrocentro de Rosario tiene desagües pluviales construidos a principios del siglo XX, entre 1910 y 1930, los cuales poseen una capacidad de drenaje de 25 milímetros por hora. Durante décadas, el agua de lluvia se escurrió sin inconvenientes. Había calles adoquinadas que permitían la filtración del agua, menor nivel de ocupación del suelo y mayor cantidad de espacios verdes, entre otros factores que colaboraban ante eventuales temporales.

En 1991, el intendente Héctor Cavallero firmó un convenio entre la Municipalidad de Rosario y la Dirección Provincial de Obras Sanitarias (DIPOS) en el que la provincia de Santa Fe, a través del ente encargado de la prestación del servicio, se comprometía a renovar gradualmente los desagües pluvio-cloacales de todo el radio antiguo (355 kilómetros de cañerías), no así de los barrios de la periferia, cuya competencia continuaba en poder del municipio.

La responsabilidad cayó primero en manos de Aguas Provinciales, la concesión privada que se hizo cargo del servicio en 1995 y luego en Aguas Santafesina S.A (ASSA), firma que tomó la posta con la reestatización en 2006.

“Nunca se ejecutó esta plan troncal. Todos tiraron la pelota para adelante. Se hicieron algunas obras de desagües parciales, pero fueron todos parches. Nunca hubo voluntad política de desembolsar el dinero que hacía falta para atacar el problema de raíz. Las inundaciones en el micro y macrocentro van a seguir”, resumió una fuente de peso en materia de recursos hidrícos y con mucha experiencia en la gestión pública.   

Una obra que sí está en marcha en el macrocentro es la denominada “Conducto Interceptor Vera Mujica”, cuya finalización está estimada para junio de 2017. El proyecto cuenta con un presupuesto oficial de 92 millones de pesos y tiene como objetivo sanear la zona comprendida por las calles Vera Mujica, Pellegrini, Avellaneda, Bordabehere. Se calcula que beneficiará directamente a unos 50 mil vecinos y, de forma indirecta, a más de 70 mil en esas 265 hectáreas de la ciudad.

Otra obra aún inconclusa es el Aliviador III, que una vez finalizada (dentro de 60 días, según el cálculo de la provincia) ayudará a contener las crecidas del Sistema Hídrico del Arroyo Ludueña, en cuya zona se asientan 9 poblaciones y varios sectores rurales pertenecientes a otros distritos, que en conjunto superan al millón de habitantes. Los trabajos comenzaron en 2012 y estaban previsto que culminasen a mediados del 2015.

Problemas en la recolección y “falta de prioridades”

La edila Lorena Giménez (PPS), presidenta de la comisión de Obras Públicas del Concejo, denuncia que hoy en día “la situación con la basura es caótica”. Señala que se agravaron las deficiencias en la recolección de residuos, una situación que explica, en parte, las repentinas inundaciones de las últimas semanas.

“Estamos creando nuevos basureros, los vecinos se topan con contenedores abarrotados y con desechos esparcidos por las calles. Cuando llueve, esta basura obstruye las cruces subterráneos. Si a los problemas estructurales le sumamos desidia en la recolección, estamos muy complicados”, explica en diálogo con Rosarioplus.com.   

Su crítica se extiende también a la limpieza de las zanjas en los barrios, un servicio tercerizado que, a su juicio, el municipio dejó de controlar. “Nadie las limpia. Pasan semanas enteras sin que se retire la basura que se acumula.  Llueven cuatro gotas y la gente tiene que sacarse los zapatos para caminar. La verdad que los vecinos tienen demasiada paciencia porque la calidad de vida no es nada buena”, afirma.

Giménez sostiene que las inundaciones desnudan, una vez más, los “extraños criterios” a la hora de establecer prioridades por parte del poder Ejecutivo local. Pone como ejemplo la inversión de 170 millones de pesos para ampliar las veredas en el micro centro de Rosario y la no concreción de las obras en la red pluvio-cloacal.  

“Necesitamos inversión en cuestiones que son estructurales y urgentes. Hay otras inversiones que se pueden hacer en el largo plazo. El municipio hace todo al revés. Lo que puede esperar, lo hace hoy. Y las obras importantes que hacen a la calidad de vida de todos los vecinos, las dejan en carpeta para ver en qué momento se puede resolver”, reflexiona.

Un plan estratégico que no contempló el problema del agua

Los concejales Diego Giuliano (Bloque Rosario Federal) y Juan Monteverde (Ciudad Futura) tienen más discrepancias que coincidencias respecto al proyecto de ciudad que defienden.  Sin embargo, ambos coinciden que la mala planificación urbana que se hizo en Rosario es otro factor a tener en cuenta en la problemática de las inundaciones.

Para Monteverde, el problema de fondo es que el Estado “planificó mal”. “La gestión municipal de Lifschitz, que se sintetiza en el plan urbano 2007/2017, favoreció a los grupos centrados. Cuando la ciudad se planifica en pos de los intereses privado, lo único que se tiene en cuenta son los márgenes de ganancia”, analiza. Y agrega: “Al concentrarse toda la inversión en el centro, los desagües colapsaron. Pero eso lo prioritario es descentralizar. El tema es qué ningún empresario va a querer hacer un edificio en el oeste y no en el centro si el Estado no obliga a que esto suceda”.

Giuliano, en tanto, critica a los sucesivos municipios socialistas por “sobrecargar el tejido urbano” sin pensar en obras estructurales para mejorar la calidad de vida de los vecinos. Aún se lamenta por un proyecto que presentó el 2013 para involucrar a los empresarios de la construcción en la problemática de las inundaciones.

El edil copió una iniciativa que existe en varias ciudades del país: un sistema de regulación de excedentes pluviales que ayuda a evitar inundaciones por el colapso de la red de desagües durante lluvias intensas. Consiste en un sistema de tanques ubicados en cada una de las construcciones que permitan retener las aguas pluviales.

“El proyecto no fue aprobado por el socialismo. La intendenta dice que no hay ciudad que aguante tanta agua, yo digo que no hay ciudad que aguante tanta falta de previsión”, sentencia.

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