Padre Montaldo: “En la villa vi morir chicos con la llegada de la droga”

El párroco Edgardo Montaldo accedió a narrar en el estudio de Sí 98.9 y Rosarioplus.com su vida de lucha con los pobres, la niñez postergada, el trabajo social aun en la dictadura, la debacle del 2001, su propio libro de memorias

Con pasos cortos y firmes como los valientes montañistas, el cura salesiano del barrio Ludueña, Edgardo Montaldo, visitó el estudio de Radio Sí 98.9 y Rosarioplus.com, donde compartió sus historias de lucha barrial durante la dictadura, la crisis de 2001, y sobre sus días de descanso en el Hogar Español, donde todavía no sabe quedarse quieto.

El tono suave de su voz condice con sus palabras: “Me tienen en cuenta en el hogar, me cuidan y me preguntan ‘a donde te vas hoy’. Pero siempre que puedo ir al barrio, me escapo. Los fines de semana me tienen una cama preparada, y en Ludueña y trato de irme para allá, y los chicos me visitan”.

Es que el padre sigue los consejos de sus amigos de Ludueña, que dicen que no tiene que quedarse tan quieto. Sobre estos días reconoce: “Soy feliz, y estas charlas animan a no aflojar, porque sé que tengo derecho a descansar, pero no quiero que por eso me quede atrofiado”. Y recordó que antes vivía inquieto constantemente, pero luego del ACV, la gente que lo rodea está mas contenta porque lo encuentran mas fácilmente.

El cura de la Iglesia Salesiana llegó a Rosario desde San Nicolás (donde nació) en 1968, y su trabajo en Ludueña empoderó a la gente desde su iglesia. “Trabajé treinta años en el comedor, donde alimentamos a mas de 7000 chicos, y cuando me fui creyeron que me había muerto, pero me multiplicaron la vida”.

Montaldo, al aire por Sí 98.9. “Cuando puedo me escapo y vuelvo al barrio Ludueña, ahí me tienen una cama preparada”.

Pero el padre, además de su trabajo social, donde rescató a cientos de chicos de la delincuencia, fue partícipe de la creación de las leyes de protección de los niños, niñas y adolescentes, y ha trabajado en Promoción Social, donde recordó que “en el gobierno de Jorge Obeid la trabajamos y modificamos para hacer la ley provincial”.

Con la llegada de la droga a las villas, y de su agresiva penetración, hace una década, el padre Montaldo recuerda que debió vivir situaciones complicadas y terribles, como la muerte de muchos niños de su entorno: “Gabi -recordó- era hincha de Rosario Central y murió baleado la noche del clásico sólo por llevar la remera puesta, y yo conozco al chico que lo mató, que es buen chico”.

Montaldo redobló la sorpresa de los periodistas que lo interrogaban para conocer sus experiencias en torno al narcotráfico en los pasillos villeros al contar: “El bunker de droga pagó el entierro. Con algunos dueños de bunkers somos amigos, los conozco y sé que están en eso. Es alevoso ver algo que las autoridades conocen, deben hacer algo y no hacen nada”. Y remató: “En el velatorio unos chicos se defendían. Decían: ‘Yo tengo que vender armas para mantenerme’”.

Edgardo recordó que también fue cura villero durante el proceso militar. “Éramos marcados, yo estaba en la lista, y no desaparecí de milagro”, evocó. No se olvidó de cierta anécdota sobre esa época: “Un día me encontré con un comisario que me conocía, me abrazó y me dijo que vaya a su despacho en su casa. Ahí vi un diploma de Feced, y él, excusándose, me dijo que si hubiera otro golpe él estaría de nuevo con el gobierno, porque ‘creo que hicimos el bien al país’. Yo sólo le respondí que lo hable con Dios”. 

Rosarioplus.com quiso saber sobre su opinión ante la llegada del primer Papa argentino, que al igual que él, pertenece a la Iglesia Jesuita, y no se calló nada: “Los jesuitas le cuestionaron en su momento que supuestamente no defendió a dos curas que cayeron presos en la dictadura, pero su aporte actual es muy interesante: la unión de los países y de las iglesias, católicas o no”. Y rescató el lema que persigue, al igual que él mismo, de que “todos somos diferentes, y en la medida en que trabajemos y sumemos en nuestras diferencias, vamos a llegar al mundo que queremos”.

El popular cura trajo de regalo un libro de su autoría, “Mateando entre sueños”, que publicó hace dos años. “No tengo alma de escritor, pero guardaba machetes, y un equipo de jóvenes me ayudó con la edición: una lo escribió en la computadora y  otros lo imprimieron con la ayuda de la Cámara de Senadores de la Provincia”, contó.

En el libro, realizado con una suma de machetes escrito a lo largo de los años de trabajo barrial, el cura cuenta “la historia de otros curas mártires durante el proceso y líderes que me han incentivado para no aflojar”. Y en la primera página dejó una dedicatoria preciada: “Muy agradecido por esta hermosa hora que me hizo vivir al contacto de su personal. El recuerdo de lo vivido me fortalece para pasar estos últimos años con alegría y optimismo, aunque el velocímetro se haya detenido”.

Posdata para los jóvenes que trabajan en los barrios

Montaldo levantó la vista a la cámara que lo grababa, y dejó un mensaje claro para que las generaciones actuales y futuras de agrupaciones que militan y educan en los barrios no aflojen: “El mundo nuevo está al alcance y es posible lograrlo mientras nos sumemos como hizo Francisco: sumando más jóvenes al trabajo, sean católicos o no”.

Aunque reconoció las dificultades que deparan la inseguridad y la pobreza, para Montaldo la clave es “no aflojar, porque los pibes tienen mucho empuje ahora también, mucha riqueza, que no hay que desanimar por la realidad en la que viven”.

La reflexión le hizo recordar al cura de Ludueña la anécdota que vivió un colega suyo de Buenos Aires, el día en el que unas monjas se le presentaron, listas para comenzar su tarea pastoral. “Eran unas monjitas vian que llegaron con un cuaderno grande e iban marcando lo que iban a hacer cada día, Entonces mi compañero les dijo: “Hermanitas, muy bien por la preparación, pero no lleven el libro, tomen mate con la gente, ellos les van a decir lo que tienen que hacer”.

Tomar mate con la gente y escucharla es la clave para trabajar en el barrio, “ellos saben qué sueños tienen, por eso el libro se llama Mateando entre sueños”.

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