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Movilidad sustentable: “Toda medida va a conllevar algún enojo"

Los proyectos de dos concejales para reordenar la movilidad de bulevar Oroño reabrieron el debate sobre cuáles son las mejores políticas públicas a adoptar para lograr un tránsito más sustentable. La directora del Instituto de Estudios del Transporte de la UNR da su visión sobre la problemática

María Laura Pagani es la directora del Instituto de Estudios del Transporte de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), una de las voces autorizadas que tiene la academia local para hablar de tránsito y movilidad urbana.

Reniega de la palabra “experta” y aclara que no hay un manual a seguir en la planificación de una circulación más sustentable, desafío que trazó el municipio en 2011 con su Plan Integral de Movilidad.

El instituto que preside, que depende de la Facultad de Ingeniería, actuó como asesor de este proyecto. “Trabajamos por consultas puntuales. Ahora no estamos con ningún encargo”, aclara en la charla con Rosarioplus.com.

Su mirada sobre dónde está parada la ciudad en materia de sustentabilidad cobra fuerza por estos días ante los dos proyectos para reordenar la movilidad de bulevar Oroño desde Pellegrini hasta el río.  

“No podemos pretender que una medida sea apoyada por todos, quienes toman decisiones tiene que aprender a convivir con los enojos”, aconseja en este momento de transformaciones y cambios.

-¿Es correcto el camino que está transitando Rosario en su afán de lograr una movilidad más sustentable?

-Las políticas públicas que se vienen tomando apuntan a ese sentido, de eso no hay dudas. Pero los cambios son lentos. Requiere un cambio de costumbre en la población. Y nosotros todavía somos reacios en cambiar los modos de movernos. Seguimos muy vinculados y dependientes a los vehículos individuales. Esto se ve en la saturación del centro, una zona que está llegando al límite en cuanto a su saturación. Ahora bien, en lo que respecta a la infraestructura para alcanzar la movilidad sustentable somos una de las ciudades pioneras en Latinoamérica.

-¿Qué es lo que falta entonces?

-Ahora hay que lograr que esta infraestructura se utilice al máximo de su capacidad para que vaya creciendo la cantidad de personas que decidan trasladarse a pie, en transporte público o en bicicleta versus las que se mueven en vehículos particulares. A esto apunta básicamente la movilidad sustentable, que ataca solo a la saturación de las calles sino también a los niveles de contaminación, muy altos en la mayoría de las grandes ciudades.

¿Alcanza con desalentar el uso de los vehículos particulares? ¿No es necesario aplicar algún tipo de restricción?  

-A lo mejor el camino del desaliento es más lento. La apuesta por mejorar la infraestructura de ciclovías, por dar un ejemplo, reduce la capacidad de vías que queda para los vehículos particulares y de esa forma uno va desalentando el uso de los autos. Otras ciudades, como Buenos Aires, han decidido la restricción de los vehículos, con acceso solo a cocheras y a residentes. Estamos desalentando por ahora. A lo mejor no alcanza y hay que ir hacia la restricción.

-¿Se puede avanzar en este camino sin enojos?

-La mirada de aquel que usa un vehículo particular va a ser distinta a la mirada del que usa una ciclovía. Todo medida va a conllevar algún enojo. Con los carriles exclusivos pasó esto, no cayó bien en todos los sectores. Y después con el tiempo funcionaron bien. Lo fundamental es estudiar cada medida, su impacto. Hay sistemas de simulación de lo que puede pasar en el tránsito. Hay herramientas, modelos matemáticos, que permiten de antemano evaluar las medidas. Después puede no concretarse el diagnóstico, pero se achica el margen de error.

-¿Los funcionarios le temen a estos enojos?

-Si un prohíbe el estacionamiento seguro que los automovilistas se van a enojar. Eso va a pasar. No podemos pretender que una medida sea apoyada por todos. A veces tomar medidas a medias tiene efectos contrarios.

-¿Cuánto complica la reticencia de los ciudadanos a los cambios?

-Se necesita un cambio de mentalidad. No vivimos más en un pueblo grande. Rosario ya es una metrópilis de tamaño considerable. Uno ya no puede pretender subirse al auto en la puerta de su casa y llegar a la puerta del trabajo o de la casa que quiere visitar.

-La experiencia en otras ciudades del mundo marcan que las mejoras en los transportes públicos han ayudado y mucho en el desaliento al uso de los vehículos particulares. ¿Cómo está Rosario en este punto?  

-Tenemos que esperar a la implementación del nuevo sistema, que en principio va a traer mejoras en cuanto a las frecuencias, una de las principales quejas de los usuarios. Si el ciudadano no tiene una buena alternativa para dejar el vehículo, no va dejarlo. Tiene que tener algo que lo tiente. Un ejemplo: si vos querés ir a tu oficina en auto y tardás 10 minutos en llegar pero 30 en estacionar y tenés un transporte público que te deja en 20 minutos, vas a elegir el transporte público. Hoy pasa esto. En el macrocentro no tenés lugar dónde estacionar. Es un claro ejemplo de desaliento.

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