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Los sicarios cortaron la luz en la casona antes de matar a Ema Pimpi

En los primeros momentos de la investigación sobre el atentado ocurrido este jueves en Pago Largo y Agüero, con la muerte de dos jóvenes y heridas en otros dos, el fiscal de Homicidios Adrián Spelta pudo averiguar que los sicarios cortaron el suministro eléctrico de la vivienda antes de forzar la puerta a mazazos e irrumpir con su plan criminal. 

La víctima que le da mayor estridencia al doble crimen es Emanuel Sandoval, más conocido como Ema Pimpi, quien cumplía una condena de prisión domiciliaria como instigador del atentado a balazos contra el ex gobernador Antonio Bonfatti en octubre de 2013.  Spelta dijo esta mañana que el cuerpo de Sandoval, que murió en el hospital Alberdi -adonde alguien todavía no identificado lo trasladó- recibió ocho impactos de bala: 6 en la espalda y 2 entre el cuello y la cabeza.

Una de las dos personas heridas, Rocío, de 22 años, está internada en estado grave en el Heca. El otro, Gastón, de 20, permanece hospitalizado en el Alberdi. El cuarto ocupante de la casa al momento del ataque era Alan Sánchez. Los asesinos lo sorprendieron en la planta alta de la vivienda, a juzgar por el lugar donde quedó el cadáver y la mancha de sangre en uno de los colchones.  El resto de las víctimas estaba en la planta baja, con el televisor encendido.

Spelta confirmó que la propiedad del inmueble corresponde a un miembro del Poder Judicial quien lo llamó para ponerse a su disposición. No obstante, el fiscal aclaró que el magistrado tenía la vivienda alquilada a través de una inmobiliaria. Con eso quiso indicar que el dueño –juez de Cámara– no conocería la identidad de los ocupantes de la vivienda, y tampoco que uno de ellos había fijado residencia allí para cumplir prisión domiciliaria por haber atentado contra la vida del ex gobernador Bonfatti.

Rosarioplus.com pudo saber que el dueño de la casona es el juez Oscar Puccinelli, vocal de la Sala II de la Cámara en lo Civil y Comercial.

Un detalle que el fiscal no pasó por alto es la considerable cantidad de videocámaras que monitoreaban el exterior y el interior de la vivienda. En el ambiente principal, incluso, contó al menos cuatro cámaras, algunas ocultas desde adentro de muebles. Por eso ordenó el secuestro de todos esos aparatos para revisar las imágenes que hayan registrado. También ordenó el secuestro de documentación de los tres autos y las tres motos que estaban guardadas en la casa. Lo que no hallaron fueron armas, sólo una pistola de aire comprimido.

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