López Obrador, el hombre del momento

El futuro presidente de México convoca la atención de la opinión pública global. Para algunos, su encumbramiento será una catástrofe. Para otros, una esperanza

Con más de 40 años de experiencia, Andrés Manuel López Obrador es un viejo conocido de la política mexicana. En su tercer intento por alcanzar la presidencia no hay margen para pensar en una derrota. Los sondeos de opinión le otorgan una ventaja de 22 puntos porcentuales de cara a la elección de este domingo. Pero más allá de las encuestas -siempre falibles- el clima de cambio de época que reina en México, invita a pensar en una vuelta de página en la historia política del país.

¿Quién es ese hombre?

Conocido mayoritariamente en México por el acrónimo AMLO, este politólogo y escritor de 64 años está por lograr algo que parecía imposible, a saber, que una coalición de extracción progresista gane las elecciones en un país tradicionalista y conservador.

López Obrador comenzó su carrera política en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que dominó la política mexicana por más de 70 años y del cual fue presidente del comité ejecutivo estatal de su Tabasco natal. Sin embargo, decidió abandonar el partido en 1988, como miembro de la Corriente Democrática, un grupo de líderes del PRI que decidieron separarse del partido por diferencias ideológicas.

Desde 1989, militó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), donde desempeñó diferentes cargos hasta alcanzar el que le dio mayor notoriedad, el de gobernador del Distrito Federal entre 2000 y 2005. Fue por ese mismo partido que fue candidato a la presidencia en 2005 y en 2012.

Tras las elecciones presidenciales de 2012 abandonó el PRD negando tener diferencias con el partido y declarando que estaba “a mano y en paz" con dicha organización. Fue entonces cuando creó el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) por el cual se postula actualmente a la presidencia. Durante la administración de Enrique Peña Nieto, Morena constituyó una clara oposición. Sin embargo, sabiendo que sólo con su agrupación no alcanzaría para vencer en las elecciones, AMLO formó una coalición de amplio espectro ideológico denominada Juntos Haremos Historia, que también integran el Partido del Trabajo y el Partido Encuentro Social, cuyo electorado proviene del centroderecha.

Los dirigentes de Morena, PT y PES tras el anuncio de la coalición "Juntos haremos historia". Foto: Benjamín Flores

Pese a su perfil ideológico, AMLO es un ferviente creyente cristiano y es por eso que muchas de sus posturas son tildadas como conservadoras, como por ejemplo su negativa a la legalización del aborto y al matrimonio entre personas del mismo sexo. Esa ambigüedad entre su ideología y su creencia religiosa, contribuye a que -para muchos- sea un político difícil de clasificar.

López Obrador desplegó a lo largo de los años una carrera política cuyos pilares son la crítica descarnada al sistema político mexicano y la lucha contra la corrupción y el fraude político, del cual fue víctima en varias ocasiones.

¿Qué propone?

AMLO apunta a buscar un mayor equilibrio social y a una ruptura con lo que considera la política tradicional. Se espera que, tal como hizo cuando fue gobernador, despliegue un abanico de políticas sociales orientadas a los sectores más vulnerables de México. Anunció que si alcanzaba la presidencia retrocedería con la reforma educativa impulsada por Peña Nieto en 2013 que apuntó a la autogestión en los recintos educativos y a crear una evaluación docente. Para López Obrador esa reforma cosntituye una medida de opresión contra los educadores.

Una de sus propuestas más controvertidas es la de hacer una amnistía para combatir la delincuencia en México. Sus opositores aseguran que AMLO busca un acuerdo con el crimen organizado que terminaría liberando a los grupos criminales de los delitos cometidos. Sin embargo el explicó que su propuesta apunta a desplegar un proceso de reconciliación nacional para terminar con la violencia extendida por todo el país y a garantizar la seguridad.

Por otra parte, AMLO promete que un gobierno suyo será austero y honesto, y para ello se propone atacar aquellos nichos del Estado donde prospera la corrupción, rebajar salarios, vender el avión presidencial, impedir que personas con antecedentes de enriquecimiento ilícito puedan ostentar cargos públicos, así como reducir las pensiones a los expresidentes.

Los contrincantes

Uno de los rivales de AMLO es José Antonio Meade, un economista con trayectoria política que se ha desempeñado en cargos como Secretario de Relaciones Exteriores y Secretario de Hacienda y Crédito Público en el gobierno de Peña Nieto. La candidatura de Meade es el resultado de una alianza política entre el PRI, el Partido Nueva Alianza (Panal) y el Partido Verde Ecologista de México, llamada Todos por México. Meade apunta con sus propuestas a darle continuidad a los grandes proyectos que marcaron la administración de Peña Nieto, como la reforma de la educación, la reforma en las telecomunicaciones y en el sector energético, dándole un valor fuerte al mercado en el papel que tiene dentro de la economía mexicana. La principal crítica de Meade hacia AMLO radica en el deseo de eliminar la reforma educacional de Peña Nieto. Meade afirma que es un intento autoritario, ya que pretende eliminar la formación de una ciudadanía crítica.

Ricardo Anaya, candidato de otra alianza política llamada Por México al Frente.

El otro candidato de peso es Ricardo Anaya, un político y abogado que se ha desempeñado como diputado nacional. Es el candidato de otra alianza política llamada Por México al Frente compuesta por los partidos políticos Acción Nacional (PAN), Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento Ciudadano (MC). Anaya propone una serie de reformas a instituciones públicas, así como una reforma electoral. Otro de los puntos importantes en sus propuestas es una reforma a la política fiscal. Anaya critica la posición de AMLO confrontativa con los empresarios y asegura que eso podría resentir el mercado laboal provocando mayor desempleo.

Pese a las diferencias manifestadas en la campaña, el que parece haber adoptado una postura crítica respecto de su sistema político es el propio electorado mexicano. Distintos analistas coinciden en que AMLO se transformará indefectiblemente en presidente, encarnando una necesidad manifiesta de cambiar el actual estado de cosas en un país fatigado por la violencia y la corrupción. La encuesta Oraculus, que se basa en un promedio de las encuestas realizadas por diferentes empresas, le otorga a AMLO un apoyo que supera el 48 por ciento, 22 puntos por encima de su más cercano competidor, Ricardo Anaya.

El futuro

Los detractores de AMLO lo tildan de populista y señalan que conducirá a México a convertirse en Venezuela, una letanía repetida hasta el hartazgo por los sectores conservadores latinoamericanos frente a cualquier discurso ligeramente progresista. Del otro lado, sus fervientes seguidores seguramente se equivoquen si ven en AMLO a un revolucionario. Quizás sea el calificativo de reformista el que mejor le cabe en virtud de lo expresado más arriba: es un hombre progresista en su ideología política, pero con limitaciones conservadoras impuestas por sus creencias religiosas.

Sin embargo, el interrogante mayor radica en la futura relación entre México y los Estados Unidos. Contra todo lo que se pudiera pensar en virtud de su facilidad por desestabilizar con un mero tuit la agenda del vecino del sur, Donald Trump guardó un sorprendente y respetuoso silencia respecto de la campaña presidencial mexicana y no se manifestó sobre ningún candidato.

Eso no evita que las expectativas estén puestas sobre la relación con los Estados Unidos. Es evidente que ese será el mayor desafío para la política exterior mexicana, como lo fue siempre.  Por mucho que se presagie que México ampliará sus vínculos diplomáticos y comerciales con China e India, con la Unión Europea y con Sudamérica, lo cierto es que la mirada estará siempre puesta en cómo el futuro presidente se relacionará con el verborrágico Trump, quien ya dio sobradas muestras de que no considera a México ni un socio ni un interlocutor de nada, en tanto la renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y Canadá sigue abierta y los desafíos en materia de seguridad y migración son cada vez mayores.

México siempre tendrá el problema de estar demasiado lejos de Dios y demasiado cerca de los Estados Unidos.

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