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Las guerras de Bolsonaro

Lejos de disminuir el nivel de conflictividad tras la compulsa electoral, Brasil enfrenta violentos desafíos. Así lo anuncia el discurso beligerante de Jair Bolsonaro y su entorno.

México dejó atrás décadas de conservadurismo y optó por el progresismo. Allí, Andrés Manuel López Obrador intenta disminuir los caudales de violencia en todos sus niveles. Brasil por el contrario, se apresta a adoptar un gobierno de una derecha reaccionaria en sus modos, aunque puede preverse que también lo será en el fondo.

Jair Bolsonaro propuso adoptar medidas tendientes a combatir la violencia con más violencia. Se reúne en su casa de Barra de Tijuca con la denominada bancada de la bala, compuesta por expolicías y exmilitares que impulsan medidas radicales en materia de seguridad pública para el frente interno. Pero no es en el único frente para el cual prepara medidas de alto impacto. 

Cuatro guerras 

Por lo menos pueden contabilizarse cuatro guerras que Bolsonaro parece bien dispuesto a librar. Algunas de ellas en sentido figurado y otras que podrían ser en sentido estricto.

Contra el Poder Judicial. Pese a que se ha fabricado una imagen de político honrado, Bolsonaro le debe explicaciones al Poder Judicial acerca de aportes ilegales a anteriores campañas electorales. Resulta curioso además, como en 28 años como diputado, compartiendo espacio en el actual período legislativo con dos tercios de diputados acusados por hechos de corrupción, nunca haya visto, oído ni denunciado nada. Sin embargo, eso no le impidió convertirse en el paladín de la justicia y la ética. Asimismo, se lo investiga por el escándalo de las Fake News o noticias falsas utilizadas durante la campaña electoral contra Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT). El procedimiento denunciado consistió en enviar a los votantes a través de whatsapp, noticias falsas acerca del adversario, elaboradas a partir del perfil de cada uno, extraído de las redes sociales. Por lo tanto, cada noticia estaba destinada a provocar animadversión por el otro candidato de acuerdo a algoritmos que procesaban información tal como edad, género, étnia, orientación sexual, religión, etc. Consultado Eduardo, uno de los tres hijos de Bolsonaro, por la eventualidad de que la investigación prosperase y llegase al Supremo Tribunal Federal, respondió que alcanzaría con mandar un soldado y un cabo para cerrar la Corte. Ante la reacción pública por esos dichos y para no perder base electoral entre quienes consumen la imagen de que es un hombre honesto, Jair expresó que quisiera al juez emblema del Lava Jato, Sergio Moro, como ministro de la Corte.

Después del palo, la zanahoria. Lo que es incalculable hasta el momento, es cómo se las ingeniará siendo presidente para organizar mayorías en el Congreso que respalden sus proyectos, teniendo en cuenta que el soborno, que actuaba como elemento alineador de voluntades, estará siendo observado muy de cerca ya sea por el Poder Judicial, ya sea por un nutrido sector de la sociedad brasileña. En esta guerra, Bolsonaro contará con dos posibles aliados. Uno, las iglesias protestantes que le aportarán un manto protector de moralidad para justificar sus acciones. Sólo mediante la fe se podrá pasar por alto lo evidente. Otro aliado serán las redes sociales y su fabuloso poder para generar, mantener y aumentar microclimas. Por último, un aliado posible serán ni más ni menos que los dirigentes políticos acusados por hechos de corrupción, ávidos de recuperar la impunidad perdida frente a un Poder Judicial que desprecian.

Contra los medios de comunicación. En esta confrontación, Bolsonaro intentaría emular a Donald Trump, quien habiendo advertido el encono y el desgaste de la población respecto de los medios masivos de comunicación, los transformó en enemigo interno y hasta consiguió doblegarlos. Tal como sucedió con importantes sectores de la sociedad estadounidense, muchos brasileños advirtieron que los medios de comunicación tradicionales están bastante lejos de ser independientes y responden claramente a intereses -muchas veces los propios- y simplemente dejaron de creerles.  Bolsonaro, quien hizo su campaña apoyado en las redes sociales y de espaldas a los espacios televisivos tradicionales, ya inició la batalla contra el diario Folha do Sao Paulo. Amenazó directamente al medio a través de Twitter. La buena vida de la Folha de S. Paulo se va a acabar, pero no como censura, no! El dinero público que reciben para hacer activismo político se va a acabar, y además su credibilidad se está yendo por el desagüe con sus informaciones tendenciosas, que son menos serias que una revista de humor!, expresó luego de que el periódico publicara un artículo que denunciaba que un grupo de empresarios ultraderechistas había financiado el envío masivo de propaganda a favor de Bolsonaro a través de whatsapp y distintas redes sociales, lo que supone un delito electoral. En esta guerra, Bolsonaro contará con la alianza de las redes sociales, medios de comunicación no tradicionales, los productores de armas que lo respaldan, el poderoso sector agropecuario y, nuevamente, las iglesias evangélicas.

Contra el medio ambiente. Posiblemente se trate de la más riesgosa de las guerras que emprenda Jair Bolsonaro. Riesgosa para la humanidad, no para él. Los sectores defensores del ambiente tendrán que atravesar una verdadera prueba de fuego ante la intención -con avances durante el actual gobierno de Michel Temer- de beneficiar al sector agropecuario, encabezado por los grandes consorcios productores de soja, a expensas de avanzar sobre el Amazonas para convertir al denominado pulmón de la Tierra en superficie cultivable. Los explotadores mineros no están exentos de esta ecuación, que perjudicaría de manera directa a la flora, la fauna y a los pueblos originarios que habitan la selva amazónica. Para esta guerra, Bolsonaro contará con el apoyo incondicional de los podersos terratenientes y productores agropecuarios, especialmente del sur del país, y de las empresas transnacioanles vinculadas a la producción de alimentos y a la minería. 

Contra Venezuela. La cuarta guerra quizás sea la más literal y la más peligrosa en términos regionales. Es la que tendería  a librar con Venezuela con el objetivo de acabar con el régimen bolivariano. No se trata de una mera especulación, sino de declaraciones del propio hijo de Bolsonaro, otra vez, Eduardo. El diputado federal por el estado de Sao Paulo, amenazó a Venezuela el domingo pasado durante una manifestación en apoyo de la candidatura de su padre. Afirmó que cuando su padre fuera electo, el presidente venezolano Nicolás Maduro, no sería convidado para el acto de asunción, que se realizará el 1º de enero, algo que pone de manifiesto la limitación diplomática del equipo de Bolsonaro. Pero no contento con eso, el diputado expresó que quien acompaña en la fórmula presidencial a su padre, el general Hamilton Mourão, demostró interés en invadir el país vecino. El general Mourão ya habló: la próxima operación de paz de Brasil va a ser en Venezuela. Vamos a liberar a nuestros hermanos venezolanos del hambre y del socialismo, expresó. Brasil y Venezuela mantienen una frontera caliente debido al éxodo de venezolanos que buscan libertad y oportunidades en los países de la región. La diplomacia de Brasil es mundialmente reconocida por su imparcialidad y vocación de no intervenir en los asuntos internos de otros países. Un Brasil belicista, acabaría tanto con la credibilidad de la diplomacia del segundo país más poderoso del hemisferio, al tiempo que acabaría con una de las más destacadas virtudes de Latinoamérica, que es su pacifismo. Hace 140 años que Brasil no mantiene una guerra con un país de la región. Hay quienes señalan intereses comunes en los Estados Unidos y en Brasil sobre la reserva petrolera venezolana, la segunda más grande del mundo. En esta guerra, Bolsonaro contaría principalmente con el apoyo de los productores de armas que financiaron su campaña. Recuérdese que la venta y el tráfico de armas constituye aún el negocio más rentable del sistema capitalista.

Dos modelos

La región está expuesta al modelo de Bolsonaro, caracterizado por la búsqueda de soluciones que parecen descartar la vía pacífica. Es cierto que el camino se hace al andar. Pero también es cierto que en el pasado, la humanidad debió pagar caro el precio de que moderados y tolerantes le dieran espacio y poder a inescrupulosos gestores de la violencia.

En el otro extremo del continente habrá disponible otro modelo, el del México de López Obrador, que también deberá hacer su propio camino. En el medio de los dos gigantes, toda Latinoamérica. 

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