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La vida invisible de las mujeres rosarinas en situación de calle

Tres refugios para personas en situación de calle atendieron este invierno a unas 40 mujeres, una décima parte del total de esa población. Circunstancias complejas y factores comunes que intentan una explicación al presente de esas mujeres

Las mujeres en situación de calle componen un sector poco visible en la ciudad. Son la imagen que devuelve el espejo menos visto de la sociedad. Muchas de ellas huyeron de un hogar violento hacia la calle, una opción menos peligrosa. Por eso ellas se repliegan y buscan ser invisibles, viven solas por decisión, se desprenden de sus identidades, y la gran mayoría acudió en algún momento a realizar servicios sexuales para obtener recursos.

Además de la violencia de género, se conjugan otras problemáticas para que una mujer llegue a estar en situación de calle. Salud mental, discapacidad, adicciones, lazos familiares muy frágiles y pérdida de la fuente laboral son algunas de ellas.

Por los dos refugios municipales y el refugio Sol de Noche, este invierno pasaron unas 370 personas, de las cuales 35 o 40 son mujeres, solo un 10 por ciento del total de adultos. Las hay muy jovencitas, adolescentes y hasta adultas mayores. Cuando aparece una mujer con niños la Secretaría de Desarrollo social interviene rápidamente para evitar su permanencia en la calle.

Hasta este invierno no existió un refugio exclusivo para mujeres, y las plazas municipales son sólo 16 (8 en el Estadio Newbery y 8 en Sol de Noche, ambos para mujeres mayores de 35 años). Esto cambió hace pocos días cuando Cáritas abrió el primer refugio sólo para ellas (mayores de 18 y sin hijos).

Sobre este nuevo lugar la trabajadora social y operadora municipal Mariana López aseguró que es “una muy buena noticia, porque es necesario un espacio sólo para ellas, y que sea en el centro les facilita mucho el acceso, es cerca de la Maternidad Martin y del Cemar”. Lo consideró un gran avance aunque destacó que "el municipio debería contar con un espacio público para ellas. Es muy bueno sumar, pero no quita que el Estado no deba hacer lo propio”.

Junto a otras cuatro mujeres y una red de instituciones públicas, López se ocupa de las personas en situación de calle, particularmente de la dura realidad de estas mujeres. En diálogo con Rosarioplus.com contó que aunque aquel 10 por ciento forma parte de la red municipal, “otras 15 mujeres se quedan en la calle por decisión, porque suelen tener historias muy complejas, y la calle les resulta menos peligrosa que las instituciones, pero quedan muy vulnerables. Se intentó mucho un abordaje pero no aceptaron que las ayudemos, y debemos respetarlas”.

Tienen más acceso a la solidaridad de los vecinos e instituciones, aunque
son los hombres en esa situación quienes dominan las veredas y calles.

Es muy diferente al de los hombres el transitar de las mujeres por la calle, ya que ellas están expuestas a la violencia masculina en muchos casos. Sin embargo, López destacó que “ellas tienen mayor acceso a la solidaridad de vecinos, instituciones religiosas y de la sociedad civil, sobre todo las mujeres de mayor edad, a la que acceden gracias a que no tienen la etiqueta de ‘el vago’ o ‘el borracho’ que muchos adjudican a los hombres”.

El dominio de la calle es de los hombres, que en muchos casos se unen en “ranchadas de a cinco o seis”. Las mujeres que por algún motivo viven en la calle no suelen hacer grupos, viven solas o con un varón que les da seguridad. “Están bastante solas, arman su parada en algún lugar y su rasgo es 'volverse invisibles', ocultarse, muy opuesto al rol que toman muchos varones que marcan su territorio y se los ve con facilidad dirigiendo el tránsito o descansando junto a algún árbol visible", contó la trabajadora social.

Ellas también obtienen recursos para vivir a través de actividades laborales como cuidar coches, lavar vidrios, venta de tarjetas, limosnas y el armado de un circuito tanto institucional como informal donde satisfacer sus necesidades vitales. Sin embargo, la prostitución suele aparecer en sus vidas, al menos una vez durante su estadía en la calle.

La economía y la violencia

La mitad de las mujeres que recae en estas situaciones lo hace en un contexto socioeconómico duro, donde “de tener un trabajo muy informal pasaron a perderlo, y no poder sostener ni una pensión”. La otra mitad, contra todo pronóstico de sentido común, son mujeres de clases media.

“Otros factores no económicos las hicieron caer en la calle como la violencia familiar, la salud mental o las adicciones. La gran mayoría consume drogas o alcohol porque es difícil vivir en la calle, y las ayuda a sentir que pueden soportar tanto desamparo. Hay algunas que tuvieron sus profesiones, como docentes, o que vivieron en Europa, y la vida les pegó fuerte”, aseguró la trabajadora del área de Intervención de Personas en Situación de Calle municipal.

Son muchos factores los que las llevan a la calle, donde se sienten
menos expuestas que en sus hogares.

López agregó que casi en su mayoría, las mujeres que terminan en la calle han vivido situaciones de violencia en sus hogares (familiar o de pareja), muchas fueron despojadas de sus bienes, fueron víctimas de abuso sexual por parte de algún familiar (sobre todo las jóvenes) y en el entorno más cercano no les creen cuando buscan ayuda.

“Las circunstancias a veces se complementan y no se sabe cuál tuvo antes y cual después de la calle. Suelen ser muy discriminadas en su familia, y pueden tener problemas de salud mental -a veces consecuencia de la calle a veces desde antes- o discapacidades de retraso mental leve, y por eso toman decisiones por ellas, y por eso les quitan lo poco que podían tener”, precisó López, quien de esta forma reflexionó que “el impulso que tuvieron estas mujeres al momento de decidir dejar su hogar destructivo fue de valientes”.

Un trabajo de hormiga con cobijo y oído

Mariana López confirmó que este invierno es mucho mayor la cantidad de gente en situación de calle en relación a la temporada pasada porque “muchos perdieron sus rebusques y sus changas, por lo que hay gente nueva que pasó a la calle, y algunos de ellos son jóvenes que estuvieron ligados a la venta de drogas en sus barrios y se vienen a refugiar al centro escapando de narcos que los amenazan, pero son varones en todos los casos”.

En este Operativo Invierno se sumó al servicio público para que cuando alguien encuentra a un vecino en situación de calle llame a la Guardia Urbana (no al 911 ni al SIES). Entonces sus agentes acuden junto a un médico del servicio público para hacer un abordaje primario de la salud de la persona, y ver qué necesidad tiene. 

Por otra parte, las operadoras de calle junto a una red de instituciones estatales y de la sociedad civil, se plantean un trabajo sostenido en el tiempo que implica tanto apoyo material como emocional, de deconstrucción de la propia historia para poder pensar conjuntamente estrategias con el objetivo de mejorar su calidad de vida.  

El que realizan los operadores es un trabajo vincular donde se busca generar mucha confianza mutua, ya que no es fácil que confíen apenas se acercan. “Es un trabajo de hormiga que hacemos junto a trabajadoras sociales, médicos y psicólogos de varias instituciones que pueden alojarlas desde la ternura política”, aseveró López, quien detalló: “Cuando entramos en confianza conocemos sus historias, y vemos que debieron vivir muchas penurias para llegar a eso. La calle es un lugar inseguro, y para que salgan requiere de mucho trabajo interno y de mucha ayuda”.

En el refugio Sol de Noche hay plaza para ocho mujeres, y en muchos casos aunque se las acompañe para vivir en otro lado, prefieren quedarse porque allí se arma un grupo social, que es muy necesario en lo afectivo, y si se van, vuelven a estar solas.

“Se trabaja con tiempo, van construyendo sus demandas, lo cual es buenísimo, y una parte clave es hacer su DNI para tener su identidad y poder cubrir cada vez más sus derechos, que en todos los casos se necesita un documento. Pero muchas veces no quieren, en la calle tienen otro nombre y no quieren que se conozca su verdadera identidad por vergüenza, pero es necesario tener un DNI. Si entrar al sistema burocrático a todos nos cuesta, peor si estas en esa situación”, narró la trabajadora social.

Pomelo en el Patio es un espacio de talleres de oficio que trabaja
con la salud mental.

Algunas están en situación de calle desde hace muchos años, y en otros casos pudieron salir de eso con oficios y con un trabajo en equipo, muchas veces con los Centros de Salud barriales y con capacitaciones para encontrar alguna salida laboral. En el refugio municipal hay una capacitación en panificación, en Economía social hay de artesanías, y en el Área de Adultos mayores hay un curso de operador gerontológico, para que si les gusta el cuidado, puedan ser cuidadoras de ancianos.

Finalmente recordó que con algunas se trabaja en la institución Pomelo en el Patio, un centro de producción e intercambio en salud mental en Zeballos 874 con talleres para que aprendan oficios, donde hicieron artesanías e instrumentos musicales.

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