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La refacción del Irar, una vieja promesa que avanza a paso lento

El gobierno provincial inauguró días atrás la nueva Alcaídia Regional. En el mismo predio empezará a funcionar desde marzo la nueva cárcel de mujeres. Los avances son mucho más lentos en el Instituto de Rehabilitación del Adolescente (Irar), un centro con innumerables falencias estructurales que el actual poder Ejecutivo prometió reformar

Cuando en 1998 se abrieron por primera vez las puertas del Instituto de Rehabilitación del Adolescente (Irar), los funcionarios del gobierno de Jorge Obeid repetían la misma frase ante cada consulta periodística: "Estamos ante un proyecto de vanguardia". Sin embargo, la promesa de adecuar la justicia penal juvenil a los tratados internacionales en materia de derechos del niño nunca se cumplió. La Casa Gris cambió de signo político, pero nada cambió. 

Las administraciones de Hermes Binner y Antonio Bonfatti no avanzaron en los cambios estructurales necesarios para transformar una simple cárcel de adolescentes en un centro de reinserción social. En esos ocho años ocurrieron tres muertes puertas adentro y se acumularon denuncias y fallos judiciales adversos por las malas condiciones de detención. 

Una investigación realizada por un colectivo de profesionales conformado por algunos trabajadores confirmó la casi nula resociabilización de los jóvenes encerrados. Muchos de ellos se toparon con la muerte al volver a la calle: 55 casos en cinco años.

En diciembre de 2015, a las pocas semanas de asumir en su cargo, el gobernador Miguel Lifschitz visitó las instalaciones del instituto y prometió terminar con este olvido crónico. “No queremos que esto sea una cárcel, queremos que cumpla con la reinserción social de los jóvenes. Ese es el objetivo fundamental, no la penalización sino la reinserción. Por eso, nuestra idea es reformular completamente este proyecto. En febrero presentaremos la propuesta”, detalló el mandatario en aquella recorrida.

El plan de obra se puso sobre la mesa a los pocos meses, pero su ejecución arrastra mucha demora. En diciembre del año pasado, dos años después del anuncio oficial, se inauguraron los trabajos realizados en el patio. Se construyeron dos playones polideportivos, uno con cemento con canchas de básquet y voley; otro con césped para jugar al fútbol; y una "plaza saludable" para otros ejercicios físicos. 

Sin embargo, las refacciones internas, el núcleo duro de la obra, todavía no tienen fecha de realización. El mes pasado se abrieron los sobres de la licitación. Tres empresas se presentaron para llevar adelante el proyecto. "La obra todavía no fue adjudicada. Es difícil aventurar plazos de inicio y de finalización", admitió en diálogo con Rosarioplus.com Francisco Bracalenti, subdirector provincial de Justicia Penal Juvenil. 

Los trabajos contemplan una refacción integral de dos áreas de alojamiento, una ubicada en el ingreso al instituto y otra en la que funcionan los pabellones 5 y 6. Además, se construirán cuatro sectores nuevos para poder alojar a más internos. En la actualidad son 31 los adolescentes que viven allí dentro.  

El Irar es un centro de detención de régimen cerrado que aloja a jóvenes en conflicto con la ley penal de entre 16 y 18 años. Van a parar los adolescentes con medidas cautelares ordenadas por los juzgados de Menores a la espera de una resolución de su situación procesal.

Las siglas del establecimiento aparecieron en los últimos días en muchas crónicas policiales. Alan Funes, integrante de una banda de la zona sur de la ciudad, estuvo hasta octubre de 2017 preso en una celda de este lugar. Llegó a fines de 2016 por un crimen. Cuando salió (fue beneficiado con una prisión domiciliaria), volvió a matar. La semana pasada fue imputado junto a su novia por el homicidio de Marcela Díaz, hermana de un lugarteniente de los Camino, la banda enemiga.  

Según las fiscales de la causa, el joven siguió ejerciendo su rol dentro de la organización delictiva (la provisión de armas) estando encerrado en el Irar a través de un teléfono celular.  

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