La noche en Pichincha: una “bomba de tiempo” que requiere atención urgente

La medida cautelar judicial que frena las habilitaciones de nuevos comercios en Pichincha cayó pesada entre los empresarios que apuestan por el negocio de la noche en el barrio de moda en Rosario. La disputa es con los vecinos, que están hartos del desorden, pero los gastronómicos entienden que quien debe encargarse de acomodar los tantos es el municipio, siempre y cuando se permita continuar con una movida nocturna que en los últimos años sufrió una clara transformación.

Los boliches bailables -insonorizados y en algunos casos alejados de las zonas residenciales- cedieron el lugar casi por completo a los pubs y cervecerías artesanales. Son cientos los comercios de este tipo en Rosario, pero los más populares se instalaron en un radio de pocas cuadras, en Pichincha, donde los jóvenes ocupan las veredas hasta altas horas de la noche.

La semana pasada el juez Pedro Boasso hizo lugar a la presentación judicial que presentó un grupo de vecinos del barrio. En la misma, hablaban de las molestias que ocasiona la multiplicación de bares y se quejaban por la falta de respuestas por parte de la Municipalidad.

Frente a esto, el gremio de Trabajadores Gastronómicos de Rosario mostró su preocupación por la posibilidad de que este freno judicial genere desempleo. Según aseguró Sergio Ricupero, pueden entrar en riesgo unos 4 mil puestos de trabajo.

“Esta cautelar es una bomba de tiempo que puede dejar mucha gente sin trabajo. Se deben llevar a cabo los controles adecuados y necesarios en la zona”, dijo el gremialista en relación al accionar del Ejecutivo Municipal.  

Con la misma preocupación se manifestó además Carlos Mellano, presidente de la Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines de Rosario, quien aseguró: “Querer judicializar esta situación es preocupante porque dispara muchas cuestiones”.

A su entender, el intento por congelar las habitaciones en Pichincha se contradice con el proyecto de ciudad turística que el gobierno actual proyecta para el año 2030. “Hay que buscar los mayores consensos posibles dentro de la convivencia y el desarrollo”, reclamó en una reunión celebrada el viernes.

Con la polémica de fondo, Rosario sigue a la espera de una ordenanza que realmente regule la actividad nocturna y permita el disfrute de los vecinos y el beneficio económico de quienes se animan a invertir.

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