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La maquinaria discursiva

A propósito de las elecciones y las estrategias tecnológicas que intentan manipular el electorado, a través de un documental de Netflix sobre Cambridge Analytica. 

Hace poco más de dos semanas, Netflix estrenó un documental, “Nada es privado”, en el que enseña el escándalo según el cual la manipulación de datos de Facebook podría torcer el rumbo de una elección. En otras palabras, a través del caso Cambridge Analytica –que influyó en la campaña de Donald Trump presidente, de Mauricio Macri presidente y de la opción “salir de la Unión Europea” del Brexit–, este film pretende mostrar que una campaña “quirúrgica”, dirigida a usuarios muy precisos a quienes se azuza a través de sus miedos más frecuentes (inmigración, pérdida de empleos, etcétera), puede sortear el libre albedrío de cualquier elección democrática.

En un artículo publicado en el tradicional periódico de izquierda estadounidense The Nation, Micah Sifry –un veterano militante de las instituciones democráticas– señala que ese documental se basa en “una fábula muy antigua y cerrada, que abrazan muchas personas bien intencionadas de izquierda, y reza que los estadounidenses (y otros en el extranjero) siguen votando por los autoritarios de derecha porque son manipulados por los medios de comunicación”.

Las elecciones primarias de este domingo en Argentina agregan un argumento más a la hipótesis de Sifry: con la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner liderando por 15 puntos –y la candidatura de Kicillof sacándole casi 20 puntos de ventaja a María Eugenia Vidal en Buenos Aires–, los comicios demuestran que no hay pueblos suicidas y que la tecnología electoral (esa instrumentalidad del voto regida por técnicas que apelan a la Big Data y la ciencia de las elecciones) termina donde comienzan las penurias económicas.

Nada es privado quiere que los espectadores se preocupen por su derecho a los datos y los peligros de las campañas modernas de desinformación –escribe Sifry–, pero lamentablemente es en sí una pícara noticia que juega con ingenio con los prejuicios y malentendidos que abundan en su público. Si el uso de armas de desinformación fue una herramienta tan poderosa para cambiar corazones y mentes, ¿por qué la izquierda ganó elecciones recientes en México y Estambul? ¿Por qué los demócratas recuperaron la Cámara en 2018? No estamos perdiendo la guerra por el futuro debido a algunos nuevos intelectuales de los medios. Si estamos perdiendo, es porque nuestro mensaje, y los mensajeros, no logran conectarse”.

El contundente triunfo de "les Fernández" en estas Paso viene a confirmar que no existe una ingeniería política más allá de la construcción de un buen relato que es, ni más ni menos, erigir una realidad de palabras que suplante, de algún modo, la inenarrable complejidad de la realidad, hecha de cuerpos y cosas inexpresables.

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