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La historia de los Paganini, los únicos herederos de Lisandro De la Torre

Este mes el Concejo homenajeó al “fiscal de la patria” rosarino Lisandro De La Torre bautizando con su nombre el Salón de los Acuerdos, una sala neurálgica del legislativo local por ser el ámbito de consensos de los distintos bloques, en una reafirmación de la democracia y la pluralidad de voces que el prócer pregonó.

El homenaje -por iniciativa del Partido Demócrata Progresista que él fundó- fue la ocasión para conocer el único linaje que dejó don Lisandro, ya que poco se conoció en su figura pública sobre su discreta vida privada, más que nunca contrajo matrimonio ni tuvo hijos. Existe una versión de un gran amor, pero su familia no dejó trascender nada sobre eso.

Rosarioplus.com pudo conocer la historia familiar de De la Torre que continúa en todos sus sobrinos y sobrinos nietos: nacidos en Rosario y algunos de ellos Europa. Se trata de los Paganini, quienes heredaron un invaluable legado de libros del prócer y algunas obras pictóricas, ya que el dinero que tuvo como terrateniente, abogado y funcionario lo perdió en la política.

El árbol genealógico es el siguiente: la hermana de Lisandro se llamó Virginia de la Torre, y como él no tuvo hijos, fue ella quien logró la continuidad de su familia. Virginia se casó con Eduardo Paganini, y cual familia Buendía en Cien años de Soledad, tuvieron un linaje de nombres repetidos y similares.

Eduardo Lisandro Paganini, abuelo de todo el linaje vivo.

Virginia y Eduardo Paganini tuvieron dos hijos varones, Eduardo Lisandro y Jorge Alberto Paganini de la Torre. Este último tampoco tuvo hijos al igual que el fiscal de la patria, mientras que Eduardo Lisandro se casó con María Elena Iñiguez y tuvieron dos hijos, un varón y una mujer, a los que bautizaron con sus mismos nombres.

“Así que nosotros, mi hermano Eduardo Lisandro y yo somos los sobrinos nietos y únicos herederos directos del político mejor considerado en la historia argentina, todo un honor”, contó María Elena Paganini desde España en diálogo con este medio.

Claro que ambos tuvieron hijos, y terminaron con la costumbre de heredar nombres, por lo que Eduardo tuvo a María Paz y a Sara, mientras que María Elena tuvo a Carlos Ovidio y María y un nietito de ahora siete años. Estos cuatro jóvenes serán los flamantes herederos de una biblioteca de libros de política y literatura, y obras de arte incunables, gran parte de ellos fueron donados a museos y otra parte aún en casa de su sobrina nieta María Elena (madre). “En mi casa de Marbella tengo ediciones de Homero, de Martin Fierro y de Don quijote de la Mancha que son auténticas obras de arte”, aseguró María Elena, la hija.

Don Lisandro de la Torre residía en una casona donde ahora es el bazar llamado Kassa, de peatonal Córdoba y Sarmiento, frente a Falabella, sitio donde antes estuvo Dexter, y antes de ello la cadena internacional C&A, declarado sitio de interés histórico por el Concejo en 2014.

Don Lisandro vivió una vida burguesa pero muy intelectual, por lo que sus ideales siempre fueron de libertad e igualdad. Y en consecuencia al ser legislador en el Congreso Nacional batalló casi en soledad contra la corrupción, causa por la que puso fin a su vida.

Sobre aquel conocido episodio trágico para la historia nacional, María Elena profundizó: “Cuando se suicidó escribió una carta a su familia y amigos (que aún poseo) en la que se denota la decepción con los avatares de la época y el porqué de su decisión. Lo hizo sin componente dramático, y pidió que sus cenizas volvieran a la nada, pensando que no hay que darle demasiada importancia al desenlace final de una vida”.

Poseyó un campo, la estancia de Pinas (de 120.000 hectáreas) que le dio muchos problemas con la sequía y al no poder pagar un préstamo, le pidieron su quiebra. La política no lo ayudó a recuperarse económicamente porque era enemigo de los conservadores, y sin embargo nunca pidió dinero prestado.

Es que así era Lisandro, “un ser especial que trató de defender a su ciudad y a su país de la corrupción de esa época, que murió como mueren las personas honestas, pagando sus deudas antes del final, no dejó nada sin resolver: en un pequeño departamento en Buenos Aires donde vivía austeramente junto a su asistente (a la que le dejo en un sobre su sueldo antes de suicidarse)”.

De La Torre murió en 1939, por lo que no queda de la familia Paganini De la Torre nadie vivo que lo haya conocido. Sin embargo, María Elena reconoció estar “muy influida por su espíritu de libertad, fraternidad e igualdad” gracias a su padre. “Pocas cosas influyen más en una persona que la familia que y los valores que gracias a Dios pasan de generación a generación: no sé si es memoria genética o es o algo aprehendido de generación a generación, pero siento que cada persona de mi familia vive con honestidad y una ética intachable y eso incluye desde mi padre a mi nieto de solo siete años”.

María Elena vive en España desde hace tiempo, pero reconoció que “cada reconocimiento que se hace a Lisandro de la Torre lo vive con orgullo y admiración a una persona que ha hecho una historia relevante en el país que amo”.

Finalizó con una frase de su tío abuelo: "’Se dice que estoy solo. Eso puede ser cierto; estoy solo frente a una coalición formidable de intereses; estoy solo frente a empresas capitalistas que se cuentan entre las más poderosas de la tierra; estoy solo frente a un gobierno cuya mediocridad asombra y entristece’. Creo que esto lo podríamos usar hoy tantos años después”.

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