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El abuso en primera persona: "Me impresionaba su cara arriba mío"

Claudia decidió denunciar a su ex marido porque había tenido reiterados episodios de violencia contra su hijo y la situación estaba cada vez peor. Desde la Fiscalía Regional le habían recomendado que también se acercara al Área de la Mujer en la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad para lograr la contención profesional adecuada, pero nunca imaginó que, donde en teoría iban a ayudarla, uno de sus empleados iba a abusar de ella.

Desde que se separó de su pareja violenta, Claudia se gana el sustento y el de sus tres hijos elaborando y vendiendo viandas a empleados de la Municipalidad, en el Palacio de los Leones y otras dependencias cercanas como la misma sede de Desarrollo Social, en Santa Fe 638. Cada mañana aparecía para entregar los pedidos, entre sus clientes, a los del Área Atención de Violencia Género.

Por lo tanto, le resultó sencillo pedir ayuda allí sobre su situación personal debido al vínculo previo que había establecido desde hace un par de años. Según contó en diálogo con Verónica Luchessi en Radio Sí 98.9, allí trabaja un sólo profesional hombre, con quien también tenía trato diario y afable. Por eso es que la semana pasada llamó y preguntó por él. Luego de charlar unos minutos, él la invitó a su consultorio privado para tratar el caso de violencia contra su hijo de 14 años por parte del padre, ex pareja de Claudia.

Una vez en el consultorio, el profesional se mostró amable, y todo fluía como en una sesión normal de terapia. Le preguntó sobre su infancia, la composición familiar, cuestiones habituales de la ocasión.

La primera sugerencia de parte del psicólogo fue sobre su aspecto: “¿Vos no sos de arreglarte mucho?”, le dijo, y ella le contestó que efectivamente no, que trataba de pasar desapercibida en la calle para que no le digan cosas groseras por la calle, y además porque desde hace unos años se convirtió al cristianismo y cambió su forma de vestir.

Él le remarcó que no sólo es madre si no también mujer. Y fue entonces cuando se produjo el primer avance físico: él se acercó y buscó soltarle el cabello en dos oportunidades, pero ella se rehusó y logró evitarlo. El tema de la consulta volvió a desviarse cuando Claudia echó a llorar por la situación que padece ella y sus hijos. “Corrió el sillón bruscamente, y me abrazó como para contenerme, pero jamás un psicólogo te abraza para contenerte, sólo te puede alcanzar un pañuelo, a lo sumo”, explicó la mujer en su relato.

“Estaba muy incómoda -prosiguió la víctima-. Cuando me dejó de abrazar me acariciaba los hombros con una sonrisa diciéndome que me relaje. Y automáticamente se tiró encima y me empezó a besar, a tocar por todos lados. Yo me quedé rígida, temblaba, no podía hablar. Él trataba de meterme la lengua en la boca pero no podía, y no dejaba de tocarme”, narró horrorizada.

“Me impresionaba su cara arriba mío y cerraba los ojos. En un momento le pedí a Dios que no permitiera que sucediera eso, tomé fuerzas y lo empujé”, dijo Claudia. A unos metros de distancia, el psicólogo le dijo: “Vamos negrita, si vos viniste para esto. Quedate dos minutos más que te parto en cuatro”. Ella tomó la llave, abrió la puerta y escapó. Conmovida por la situación, logró hablar y hacer la denuncia correspondiente.  

A continuación, el testimonio directo de la denunciante.

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