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Docente de la UNR vivió una pesadilla con la policía de San Juan

La policía de San Juan hostigó a un docente de la UNR (Foto: diariohuarpe.com)

La sola evocación del nombre de la provincia despierta una “civilizada” inquietud. Los más instruidos recordarán a fray Justo Santa María de Oro o Francisco Laprida entre los representantes del Congreso de Tucumán, en 1816, hace más de dos siglos. Pero incluso los que recibieron la educación púbica elemental van a “linkear” a la provincia de San Juan con el padre de la educación argentina y uno de sus primeros intelectuales modernos: Domingo Faustino Sarmiento, el escolar infalible, hijo de doña Paula, una católica devota infalible, según el recuento del historiador argentino Tulio Halperin Donghi.

Eduardo Elizalde, docente de los prácticos de la cátedra Teoría de la Lectura, de la carrera de Filosofía de la Universidad de Rosario, recordó a Sarmiento y a su postulado principal del clásico “Facundo, civilización y barbarie”, cuando en la madrugada del viernes 6 de octubre pasado la policía sanjuanina lo metió en un calabozo junto con otros estudiantes universitarios de Filosofía que en esos días participaban del XVIII Congreso Nacional de Filosofía en la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de San Juan.

El de Elizalde, nacido en Venado Tuerto hace 31 años, docente y con un doctorado en trámite a través de la UNR, es uno de los casos. Según información que difundió este viernes la Asociación Filosófica Argentina (Afra), los gendarmes requisaron de modo excesivo e intimidatorio un colectivo con estudiantes de la universidad del Litoral (Santa Fe) cuando se dirigían al congreso mencionado y policías sanjuaninos detuvieron de modo arbitrario a Elizalde y un estudiante de la UNR en la capital de San Juan hace dos semanas, cuando volvían de un bar entrada la madrugada.

El día anterior a su detención, cuando fue esposado por preguntar los motivos por los cuales fue llevado a un calabozo –donde había también entre 15 y 20 participantes de ese congreso universitario–, Elizalde había expuesto sobre “lo inexpresivo como problema retórico-estético” en relación con Walter Benjamin, el filósofo judío-alemán que se quita la vida acorralado por los nazis en España en 1940.

Pese a las inesperadas 12 horas de calabozo que debió pasar después de que unos uniformados sanjuaninos lo sorprendieran en la vía pública con una cerveza, Elizalde es cauteloso: dice que en la comisaría donde estuvo esposado y detenido se encontró no sólo con colegas, también con sanjuaninos que se entregaban a los métodos de su policía: un muchacho que se había quedado dormido en su auto frente a su casa y otros jóvenes que no habían podido atravesar la “civilizada” madrugada de la ciudad donde creció Sarmiento.

El comunicado de Afra, en cambio, es más rotundo: “Repudiamos los hechos mencionados –dice sobre el final–, que interpretamos como parte de una escalada de la violencia represiva de las fuerzas de seguridad de las distintas jurisdicciones, sean provinciales o nacionales. Estimamos que, antes que desarrollar por medio de gestos y actitudes una política de prevención y educación, exponen con sus acciones una política sostenida fundamentalmente en generación de desprecio, intimidación y miedo”. Y culmina: “Llamamos la atención sobre este aspecto porque evaluamos que una sociedad moderna y democrática depende sustantivamente del desarrollo científico, tecnológico y cultural del que, precisamente, nuestra comunidad es parte fundamental y constitutiva”.

En ese mismo parte se menciona que el “primer hecho” de esa ola represiva que sufrió el docente y el estudiante rosarino “tuvo por actores principales a una comitiva de estudiantes y docentes de la Universidad Nacional del Litoral quienes fueron detenidos a las seis de la mañana del 4 de octubre pasado por fuerzas de Gendarmería Nacional en un retén de control en la ciudad de Chepes, Provincia de La Rioja, cuando se dirigían a la ciudad de San Juan. Aun cuando se trataba de un viaje de estudiantes y profesores universitarios, los gendarmes sometieron a todo el pasaje a un exhaustivo control personal y de todas sus pertenencias (con extremos ridículos como los de beber el agua que los pasajeros tenían para consumo personal)”.

En esa madrugada del 6 de octubre pasado, en un calabozo sanjuanino, el estudiante rosarino que acompañaba a Elizondo incluso invitó a los agentes policiales a la exposición que daría ese día, horas más tarde, en el congreso de filosofía, una exposición “sobre la memoria”, cuenta Elizondo, que estuvo a punto de quedar en el silencio. “Todo esto antes de que supiéramos que íbamos a entrar en ese pantano, porque en un momento hubo que callarse porque a los policías ni siquiera les interesaba escuchar esas cosas”, según contó el docente rosarino.

“De hecho –agrega Elizalde– nos esposaron cuando empezamos a hablar de estas cosas diciéndoles que incluso a ellos (los policías), como parte de la sociedad, les debería importar”.

No hubo fotos, ni videos. Los estudiantes y docentes quedaron desde un primer momento incomunicados, sin posibilidad de contactarse con las autoridades universitarias que organizaban el encuentro ni con abogados o familiares que aliviaran la larga espera en la cárcel. “Era un congreso de filosofía en un lugar muy simbólico”, diría luego Elizalde. La evocación de Sarmiento, su idea de la civilización vinculada al Estado, se topaba con la barbarie de fuerzas que, en palabras del filósofo, se mostraban empoderadas por una matriz represiva.

Según el comunicado que el viernes último publicó la Asociación Filosófica Argentina, la policía sanjuanina habría actuado bajo directivas específicas: “La Policía de San Juan increpó en distintas oportunidades a estudiantes de distintos lugares del país que se limitaban a transitar desde la sede de la universidad a los sitios donde se hospedaron”, señala.  

“Viajo permanentemente a congresos, soy de Venado Tuerto, jamás tuve un problema con la policía”, dice Elizalde, quien evita señalar que la policía se haya ensañado en particular con los estudiantes de Filosofía pero observa: “Lo que hubo, indudablemente, es un uso arbitrario del poder por parte de la policía (…) con revólveres en mano sólo nos decían que ya íbamos a salir”.

Entre los detenidos en la comisaría sanjuanina, el docente rosarino se encontró con estudiantes y colegas de Córdoba, el conurbano bonaerense y Buenos Aires, todos habían caído por contravenciones menores como tomar cerveza en un bar sobre la calle.

“Repudiamos los hechos arriba mencionados –dice sobre al final el comunicado de Afra–, que interpretamos como parte de una escalada de la violencia represiva de las fuerzas de seguridad de las distintas jurisdicciones, sean provinciales o nacionales. Estimamos que, antes que desarrollar por medio de gestos y actitudes una política de prevención y educación, exponen con sus acciones una política sostenida fundamentalmente en generación de desprecio, intimidación y miedo”.

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