Descubrió que su marido golpeador abusaba de su hija y lo llevó a prisión

Con la condena a prisión de un hombre por abusar sexualmente de su hijastra, se reveló una dolorosa historia de vejámenes y violencia de género prolongada en el tiempo. Todo ocurría en la intimidad de una familia de Fisherton. La mamá de la víctima -tan víctima como aquella niña– lo cuenta en RosarioPlus.com "para que otras madres se den cuenta", dice.

 

 

Una sórdida historia de abuso sexual y violencia de género al interior de una familia culminó esta semana con la condena a 9 años de prisión para el hombre que convirtió la vida de los suyos en un infierno durante años. Y su ex pareja, que padeció toda clase de maltratos hasta que descubrió los abusos a su hija, quiso contarlo para dar un testimonio que sirva tal vez a otras madres. "Como mamá yo me siento terrible, porque no me di cuenta de lo que este hijo de puta le hacía a mi hija, y mientras tanto soportaba sus golpes, sus brutalidades con la esperanza de que alguna vez fuera a cambiar", contó la mujer que protagonizó este calvario como víctima y como madre de la adolescente que padeció la violencia sexual de su padrastro entre los 5 y los 11 años de edad.

La jueza penal Irma Bilotta, a cargo del juicio oral que culminó esta semana en el Centro de Justicia Penal de Rosario, condenó a 9 años de prisión al técnico en electrónica Ángel Alberto Ríos, por el delito de abuso sexual gravemente ultrajante y reiterado en el tiempo, agravado por haberlo cometido contra una menor de edad y aprovechando la situación de convivencias preexistente. La acusación corrió por cuenta de la fiscal de la Unidad de Delitos contra la Integridad Sexual, Carla Cerliani.

La mujer que llevó a su ex marido a prisión contó a Rosarioplus.com que formó pareja con él cuando su hija mayor –fruto de una relación anterior– tenía dos años. Poco tiempo pasó para que Ríos se revelara como un violento. "Estuve 12 años con ese tipo aguantando golpes. Me agarró a cañazos, me partió platos en la cabeza, me quebró un diente, me ahorcó, me cagó a palos, y yo esforzándome para que en algún momento cambie. Pero no sabía que además, detrás de todo, él venía abusando de mi hija", relató la mujer cuya identidad se mantiene en reserva para preservar también la identidad de su hija. En esta nota se la nombrará como J.

Primero contó cómo descubrió todo aquella madrugada del 23 de junio de 2014, en la vivienda familiar de José Ingenieros al 8300, en Fisherton. "Esa noche volvió de joda y empezó a agredirme, discutimos y yo me fui a dormir a la habitación de mis hijos. Como a las 4.30 o 5 me levanto porque sentía inquietud, no podía dormir del todo. Me siento y veo que en la cama de enfrente mi hija no estaba. Me levanté y fui a buscarla. Estaba oscuro, y al pararme en la puerta de mi habitación escucho gemidos. Abrí la puerta y lo vi a él, desnudo, abusando de mi hija. Le decía agresivamente 'dale, dale', la nena estaba desnuda abajo. Entonces me tiré encima de él, le pegué y corrí por toda la casa diciendo que la había violado. Llamé a la policía y en menos de 5 minutos estaban en la puerta", contó J.

El escenario de la violencia, una casa de clase media en Fisherton, en José Ingenieros al 8300.

Recordó que Ríos se burlaba hasta entonces. "Creía que no lo iba a denunciar, por ser el padre de mis hijos. Lo que me hacía a mí lo aguantaba, por los chicos, pero lo que hizo con mi hija... Lo denuncié y fue detenido. Mi hija fue como siete veces a declarar pero no quería, hasta que en Cámara Gesell contó todo. Que él la abusaba desde que yo fui a tener a mi hija menor. O sea que la abusaba desde que tuvo 5 años. Y cuando lo descubrí mi hija tenía 11 recién cumplidos".

Entonces J. repasa cómo fue atando cabos y mortificándose por no haber imaginado siquiera lo que sucedía cuando su hija quedaba al cuidado de Ríos. "Ella contó que la hacía subir a una caja de herramienta, a un tarro, para que esté a su altura y abusarla. No hubo penetración carnal, pero la abusó, la obligaba a mirar pornografía. Cuando declaró en Cámara Gesell dijo que a él le salía como un catarro, se refería al semen, y claro si era tan chiquita".

Ríos quedó detenido en la subcomisaría 18ª, en el barrio Cabín 9. La denunciante agregó que con el tiempo empezó a gozar de salidas con permiso laboral, para generar recursos y mantener la economía del hogar. "Pero nunca nos pasó nada, y una vez aprovechando su libertad me subió a la chata y me arrastró media cuadra hasta hacerme caer y dejarme tirada. Casi me mata", agregó. "Y en la comisaría tomaba mates en la guardia con los policías, y atendía a las personas que iban a hacer un trámite o una denuncia, como si fuera un policía más", aseguró J.

Mientras tanto, la madre de Ríos la echó a J. y a sus hijos de la casa de Fisherton. El hombre le había puesto el terreno a su nombre, y se valió de eso para desalojar a su nuera y a sus nietos.

J. tuvo que salir adelante de cualquier modo. Con una ayuda asistencial montó un negocio, una pollería. "Pero mi suegra me denunció una y otra vez que al final me fundí, así que fui consiguiendo casas para limpiar y ahora trabajo como empleada doméstica", relató. 

"Como estuvo dos años preso sin condena, le dieron la libertad, pero ahora fue el juicio oral, lo condenaron y vuelve a estar preso. Se lo llevaron a Santa Fe", suspiró J., desde la profundidad del dolor y el enojo que le causa esta historia.

"Jamás sospeché. Cuando salían noticias de hombres que abusaban de criaturas él decía; 'Hay que matarlos a esos pedófilos'. No podía creerlo. Luego me fueron cayendo las fichas. Yo salía a vender sandwiches cuando la economía estaba mal, mi hija lloraba y me pedía que la llevara conmigo, pero no podía llevarla porque afuera hacía 40 grados de calor. No me daba cuenta lo que había de fondo. Una vez la encontré cuando ella tenía 5 años, debajo de la cama y moviéndose arriba de un oso. Él me dijo que era normal, que se estaba conociendo, que sus hijos también lo hacían. Y no era eso, era que él la estaba abusando y ella lo estaba manifestando de esa manera". 

"En la escuela ella siempre perfecta, a ella le gustaba ir a los actos, le gustaba ir a la escuela, no quería estar en casa, claro porque pasaba eso, él aprovechaba la situación. 

Ahora J. enfrenta una etapa nueva, con dificultades extra. "Me siento mal, por mi hija, pero también por mis dos hijos más chicos, que también son hijos de él. Cargo con el peso de que ellos tienen miedo de lo que le pase a su papá, de que lo violen, que esto o lo otro. Y mi hija hoy tiene 17 años, no quiere atención psicológica. Dice que se quiere olvidar. Ahora está mejor, pero hubo un tiempo en que se despertaba llorando y venía corriendo a abrazarme desesperada. Eso nunca se olvida. Yo también he sido abusada por mi padrastro y se lo había contado a él. Cuando le pregunté qué le había hecho a mi hija me dijo que le hacía lo mismo que me habían hecho a mí. Como mamá me siento terrible. He visto situaciones y no llevé a mi hija a un psicólogo que podría haberme advertido. Confié en lo que él me dijo", medita J. con remordimiento. "Cuento todo esto para que otras madres se den cuenta. Una no presta atención generalmente, pero ya ves, hay que hacerlo, hay que estar atenta".

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