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China Armada

El dominio de los mares también es motivo de disputa entre China y los Estados Unidos. ¿Puede el Gigante Asiático superar el poder estadounidense en las aguas?

Xi Jinping, presidente de la República Popular de China (Foto de EFE)

Cuando concluyó la Segunda Guerra Mundial, el poder político estadounidense había tomado nota de que el dominio del planeta estaba estrechamente vinculado al dominio de los mares. Así lo había demostrado el Imperio Británico en el pasado. Quizás esa haya sido una de las claves de la victoria estadounidense sobre la Unión Soviética. Los rusos nunca pudieron igualar el dominio marítimo desplegado por los norteamericanos.

Sin embargo, el creciente poder económico y político de la segunda potencia global, China, ha despertado señales de alarma entre la dirigencia política estadounidense y en el poderoso complejo industrial-militar que gobierna de hecho el país. A la disputa comercial y a los crecientes desafíos en materia de influencia política en cada rincón del globo, los chinos suman su creciente poderío marítimo.

Armada roja

En mayo se presentó un informe ante el Congreso de los Estados Unidos en el cual se asegura que China desarrolla actualmente una Armada dos veces más grande que la norteamericana con la cual proyectaría reemplazarla como la principal potencia marítima global. El documento fue presentado por James Fanell, quien fuera director de inteligencia de la Sexta Flota estadounidense. 

Independientemente del mayor o menor grado de verosimilitud del informe, la Armada china se encuentra en un proceso de rápido desarrollo y expansión de sus capacidades, lo cual repercute en los Estados Unidos en forma de preocupación. En los últimos tiempos, los chinos desarrollaron un portaaviones propio diseñado por ellos mismos, para acompañar al Liaoning que ya tenían. También existen indicios de que estarían construyendo un tercero, con capacidad nuclear.

La botadura a finales de abril del 001A -como se conoció al nuevo portaaviones- fue una de varias múltiples señales de poderío naval que la dirigencia china envío en los últimos meses al mundo. En mayo, la Armada China lanzó al mar e inició los entrenamientos a bordo de su segundo destructor de la clase 055, el mayor y más avanzado buque de este tipo en las fuerzas navales del continante asiático. Sus buques de guerra y sus aviones de combate formaron parte de una exhibición militar en el Mar de China Meridional, cuya soberanía es motivo de disputa con los Estados Unidos y con otros países de la región. Las fuerzas navales chinas enviaron bombarderos H-6K con capacidad nuclear a varias de las islas en disputa en ese mar. 

Las islas de la discordia

Desde hace unos años existe una gran preocupación entre los países del sudeste asiático y entre la dirigencia estadounidense debido a la construcción de islas artificiales en el Mar de China Meridional que el Gigante Asiático lleva a cabo. Mediante el uso de barcos de dragado y equipos constructores para convertir al menos seis arrecifes de coral situados en el archipiélago Paracelso, en enormes bases con puertos y aeropuertos, China afianza su control marítimo sobre un espacio en disputa. Si estas pequeñas islas de coral estuvieran ubicadas a un par de metros de profundidad menos, no calificarían siquiera como islas. Pero al sobresalir de la superficie del mar, los países pueden reclamar su propiedad y -lo más importante- el territorio y los recursos en las aguas que las rodean.

Concretamente, el país que controle las islas podría acceder al dominio de los 2,25 millones de kilómetros cuadrados en el Mar de China Meridional y de los recursos pesqueros y energéticos que allí se encuentren. Sostener el crecimiento del país requiere un constante flujo de energía, y esta es la principal explicación de los estratégicos vínculos chinos con Petrobras en Brasil, Gazprom en Rusia y con las empresas iraníes del rubro. Sostener alimentadas a 1300 millones de personas -que son artífices mediante su trabajo de la arrolladora maquinaria productiva del país- requiere un constante flujo de alimentos, y esa es la principal explicación de la influencia que China intenta desplegar sobre Latinoamérica, región esencialmente productora de alimentos. Es por todo lo expresado que para China esas 250 rocas, arrecifes e islas, con un área de tan sólo 9 kilómetros cuadrados, valen todo el dinero y el esfuerzo que se está invirtiendo en ellas.

Pero simultáneamente a las pretensiones chinas, se hizo presente el temor entre sus vecinos de que se utilicen esas bases como trampolines para reafirmar el control sobre todo el Mar de China Meridional. Y esos temores no son infundados, porque un país que es dueño de una isla también lo es de los 22 kilómetros de lecho marino alrededor de la isla y tiene el derecho de los recursos -aunque no del territorio- de hasta 370 kilómetros alrededor de ella. De acuerdo a la normativa internacional actual, establecida en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, un país sólo puede ser dueño de una parte de mar si es dueño de la tierra próxima a éste. Más allá de los 22 kilómetros de distancia de la costa, el mar no le pertenece a nadie y por lo tanto cualquiera puede usarlo libremente.

Sin embargo, el gobierno chino y sus empresas estatales -particularmente las petroleras y las pesqueras- intentan reclamar la propiedad no solamente del Mar de China Meridional sino de su lecho marino y sus recursos, muchos de los cuales están a cientos de kilómetros de distancia de la costa del país. En este contexto, el hecho más avasallante y que más enojo provocó en la región fue el establecimiento de plataformas petroleras para perforar en aguas en disputa.

¡Alarma!

Desde su llegada al poder, el presidente Xi Jinping impulsó una profunda reforma de las Fuerzas Armadas. En un claro cambio de prioridades, impulsó un recorte de 300 mil soldados y a cambio invirtió más en innovación y tecnología para modernizar a las Fuerzas Armadas en su conjunto, pero especialmente las navales, aéreas y el desarrollo de misiles.

El informe presentado en el Congreso de los Estados Unidos sostiene que la Armada de China ya supera a la norteamericana en algunos aspectos, a saber: tiene desplegados 330 buques y 66 submarinos (396 en total), mientras que los Estados Unidos tienen desplegados actualmente 211 buques y 72 submarinos (283 en total).

Los cálculos presentados en el informe mencionado proyectan que, hacia el año 2030, China tendrá 450 buques y 99 submarinos operativos y los Estados Unidos unos 355. La gran incertidumbre que se desprende del documento es si las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos podrán financiar suficientes construcciones navales para alcanzar tal cantidad de buques y submarinos para ese entonces.

Lo cierto es que además de la cantidad, China deberá librar aún una batalla por achicar la brecha tecnológica con los Estados Unidos, país que además tiene a favor una larga experiencia en el dominio de los mares. Como si eso fuera poco, el mayor poder naval de los Estados Unidos se sostiene en los 11 grandes portaaviones nucleares que posee, muchos más que los dos -ninguno de ellos nucleares- con los que cuenta China.

Datos ciertos

Para algunos especialistas, faltarían al menos una o dos décadas antes de que China alcance a los Estados Unidos en capacidad y en poder de combate naval. No obstante ello, en algunas de las áreas de tensión, como Taiwán y el Mar de China Meridional, la marina de guerra china ya supera a la estadounidense. Se trata de regiones cercanas al territorio continental de China, lo cual implica una ventaja geográfica. Pero en mar abierto, la Armada de los Estados Unidos sigue siendo superior.

También puede especularse con la idea de que el informe obedezca al propósito de hacer sentir amenazado al Congreso estadounidense para que avale fácilmente nuevos incrementos en el gasto militar. No sería ni la primera ni la última vez que el complejo industrial-militar utilizaría la estrategia del miedo para alcanzar sus propósitos. Porque si bien es cierto que China está desarrollando su Armada, hay analistas que se preguntan acerca de los reales propósitos de esa medida ¿lo hace únicamente para alcanzar el control estratégico del Mar de China Meridional, o  para disputarle el poder global a los Estados Unidos?

Algunos datos aportados por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz con sede en Estocolmo, Suecia, aportan algo de luz sobre el tema. Aunque durante 2017 los Estados Unidos fueron quienes registraron los mayores gastos de defensa a nivel global, China realizó el mayor incremento absoluto en esos costes (12 mil millones de dólares). En ese marco, aunque China buscara ahora ser solamente la potencia líder en la región Asia-Pacífico, provocará que de cualquier manera el desafío para los Estados Unidos en el corto plazo sea mayor en caso de que quiera expandir su control. 

El problema es que mantener el dominio de los mares que aún ostenta la Armada de los Estados Unidos supone una inversión millonaria y creciente que será cada vez más difícil de sostener. Y sin subestimar el poder ni la decisión del complejo industrial-militar norteamericano, existe entre analistas de distintas partes del mundo la sensación de que sólo es cuestión de tiempo para que China desplace a los Estados Unidos en el dominio marítimo global.
 

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