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Cambiemos… pero a las piñas

El relato kirchnerista le deja lugar al relato del PRO: todos cuentan una historia pero verdad hay una sola. ¿Cuál será?

Buenos Aires, un día cualquiera, antes del 22 de noviembre de 2015

Ernesto: “Mauricio, Justicia no me interesa. Merecemos la Jefatura de Gabinete, ¿qué opinás?”

Mauricio: “Dejame pensarlo, mañana hablamos tranquilos”.

Buenos Aires, otro día cualquiera, antes del 22 de noviembre de 2015.

Ernesto: “¿Y, Mauricio? Mirá que los muchachos están impacientes…”.

Mauricio: “Tranqui, Ernesto, te lo doy, pero no vamos a decir nada hasta después del ballotage”.

Buenos Aires, un día no tan cualquiera, 20 de noviembre de 2015.

Ernesto: “Mauricio, me cagaste, va el pendejo Marquitos. Ya vamos a hablar, la gente está caliente”.

Mauricio: “No pasa nada, lo habla…” y suena el sonido a corte de teléfono.

La historia alrededor del nombramiento de los ministros del gobierno de Mauricio Macri (el Mauricio del diálogo anterior es ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia) generó un verdadero desparramo. Nadie sabía qué Ministerio iba a ocupar. Se le dio carteras a gente que esperaba otras. No hay equipos de trabajo y estamos a un abrir y cerrar de ojos del próximo 10 de diciembre, día en que comienza otra historia en Argentina.

La cuestión es que los nombramientos que hubo generaron muchas “grietas”, como en el país, pero en la interna de Cambiemos, que no asumió el poder y ya tiene más divisiones que un cuaderno de matemáticas de quinto grado.

La más violenta fue la de la jefatura de gabinete, porque cuentan que ese cargo lo pidió Ernesto Sanz (el Ernesto del diálogo anterior es ficción, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia) y se lo aseguraron. Pero dos días antes del ballotage Macri tomó una decisión, para calmar el malestar de los dirigentes del PRO que se enteraron que el cargo más importante del gabinete iba para un radical: se adelantó y dijo que el elegido para ese lugar era Marcos Peña.

Esa noticia cayó como una bomba, cualquiera podría imaginar a un Coti Nosiglia, operador clave en estas claves en estas elecciones, un poco molesto. Pero no iba a quedar así.

Luego del nombramiento de Peña, hubo una reunión entre los hombres del PRO, con Marcos Peña a la cabeza, y los radicales heridos por haber dejado fuera de la jefatura de gabinete a Sanz.

Y la reunión fue virulenta. Todo empezó bien. Pero terminó mal. “Pendejo, ¿quién te crees que sos?”, dicen que alguien le espetó a Marquitos Peña, quien reaccionó mal y ahí se desmadró todo. Insultos, piñas y fractura, que nadie anunciará pero que está, todavía sin el yeso colocado.

El paso siguiente fue el anuncio que Sanz no sería ministro de nada. Razones personales. Muchas conjeturas pero una sola realidad: el que iba a estar, no está. Después, como se dice en el ámbito futbolero, que la cuenten como quieran, pero que el árbol no tape el bosque porque esto recién empieza.

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