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Agenda política internacional 2020

Si bien sería imposible agotar la variedad de actores y temas de trascendencia que marcarán la agenda política global, es necesario establecer al menos cuáles serán las tendencias para 2020 en un mundo cada vez más interrelacionado, en el cual los temas locales y regionales no escapan a lo que sucede en el resto del planeta y, viceversa, en el cual -por pequeño que parezca- el suceso local también impacta en el conjunto. En esta nota, las claves que incidirán en la agenda global durante el año que se inicia y que conviene conocer, región por región.

Estados Unidos

La primera potencia mundial enfrentará elecciones presidenciales el 3 de noviembre de 2020. El primer tramo de la campaña tendrá un clima político denso y cargado por el impeachment o juicio político a Donald Trump, quien tiene posibilidades de conseguir la reelección, aunque hay factores que pueden complicar su permanencia en la Casa Blanca. Los opositores del partido demócrata intentarán mellar al máximo la imagen del presidente mediante el proceso de juicio político que, si bien no logrará expulsar al mandatario, será útil para mostrar a un hombre propenso al abuso de poder. Quizás sea en este contexto que deba leerse el ataque con drones al aeropuerto de Bagdad mediante el cual fue asesinado el general iraní Qasem Soleimani. Un conflicto con un viejo enemigo como el régimen teocrático iraní serviría para interrumpir -aunque fuera brevemente- la polarización y unificaría momentáneamente a la opinión pública en torno al presidente.

Un tema insoslayable será la relación con China. La denominada guerra comercial entre ambos países podrá tener idas y vueltas, treguas y nuevas tensiones, pero llegó para quedarse. En el ámbito político territorial también la pulseada se caracterizará por ser constante, con Hong Kong como uno de los principales puntos de tensión entre ambas potencias. Sin embargo, el verdadero foco -aunque a veces velado- de la pugna territorial entre ambos países se concentra principalmente en Taiwán.

Por otro lado, el acercamiento entre China y Rusia desvela a los estrategas del Pentágono, especialmente en lo que se refiere al desarrollo de la tecnología militar en esos países, ámbito en el cual los Estados Unidos han comenzado a verse superados. 2020 será un año caracterizado por la inestabilidad en un país económicamente próspero en lo inmediato, pero ideológicamente polarizado y que estará obsesionado con lo que pueda o no suceder el próximo 3 de noviembre.

China

El Gigante Asiático se caracteriza por una visión milenaria de la historia y por una planificación estratégica que resulta prácticamente imposible encontrar en otros rincones del planeta. Puede preverse entonces que avanzará sin prisa y sin pausa hacia su objetivo de convertirse en una superpotencia que termine por desplazar a los Estados Unidos de su sitio de primacía.

En 2021 se celebrará el centenario del Partido Comunista y, en ese sentido, el gobierno de Xi Jinping espera culminar algunos proyectos clave, como el del sistema de crédito social y otros enmarcados en el programa espacial chino, o en lucha contra la contaminación ambiental y la pobreza. Respecto de éste último punto, el cambio fue significativo. Si en 1990 cerca del 66 por ciento de los chinos vivían con menos de dos dólares por día, en 2015 sólo el 0,7 de la población vive con menos de esa cifra. Sin embargo, las perspectivas económicas indican que el crecimiento será a un ritmo más lento que el de las últimas tres décadas, como producto -en buena medida- de la guerra comercial y tecnológica con los Estados Unidos y Europa.

Las protestas en Hong Kong continuarán, poniendo en dificultades las relaciones exteriores del gobierno chino, que tiene por delante su gran proyecto de expansión comercial denominado La nueva ruta de la seda. En su vinculación exterior, la profundización de los vínculos con el resto de los socios BRICS será esencial, especialmente con Rusia, que cuenta con recursos energéticos que China necesita con avidez.

Europa

El Viejo Continente atravesará un año caracterizado por los desafíos. El primero de ellos será definir de una vez por todas el Brexit, que podría finalmente consumarse en 2020. El 31 de enero es la fecha prevista para que el Reino Unido abandone Unión Europea (UE). La abultada victoria del partido conservador de Boris Johnson indica que el proceso seguirá su curso, pero falta ratificar el acuerdo de salida firmado con la UE en el nuevo Parlamento británico. Quiere decir que pese a encontrarse encaminado, el Brexit aún no es un hecho. Aunque los británicos formalicen su ruptura con la UE antes de que finalice enero, todavía quedan muchos detalles por resolver. El Reino Unido conservará su estatus dentro del mercado interno comunitario de forma transitoria al menos hasta el 31 de diciembre de 2020, periodo destinado a negociar la relación futura entre las dos partes. Los negociadores británicos deberán apurarse si quieren redactar y firmar tratados comerciales que preserven las relaciones con el bloque regional, al cual el Reino Unido destina más del 50 por ciento de sus exportaciones. Y las negociaciones prometen no ser sencillas.

Otra tendencia a tener presente es el creciente protagonismo de Francia tanto en el marco de la UE como en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Emmanuel Macron apunta a afianzar el liderazgo francés aprovechando la debilidad de Alemania, con el ocaso político de Angela Merkel como telón de fondo.

Por último, el tema siempre presente del desarrollo de un sistema de defensa común será uno de los grandes desafíos europeos, aunque es difícil que pueda ser resuelto en el corto plazo. En ese contexto, la nueva Comisión Europea con el Parlamento Europeo renovado, deberán mostrar la versatilidad de la UE para sortear dificultades.

Medio Oriente

Se trata de la región más caliente del planeta. Todo lo que sucede en Medio Oriente y el norte de África impacta sobre el conjunto. En Argelia, Irak y el Líbano las superficiales reformas políticas no convencen a la ciudadanía.

La guerra civil en Siria entra en un año crucial que podría ser el último. Tras el abandono de los Estados Unidos a sus aliados kurdos y la invasión turca del norte de Siria, el Ejército de Bachar al-Asad consiguió de la noche a la mañana un territorio que había perdido ocho años atrás. El pacto alcanzado por el gobierno sirio con las milicias kurdas ha sido un avance estratégico clave con vistas a un posible final de la guerra, y se prevé que a lo largo de este año Asad continuará ganando control sobre el Kurdistán sirio. Cómo se enmarcarán los kurdos en la Siria de posguerra es algo que aún no está definido. En esta conflagración serán relevantes las posturas que adopten Rusia y Turquía. El gobierno ruso se ha posicionado como mediador en el conflicto sirio y su par turco continúa demandando una zona de separación entre su frontera y las milicias kurdas.

En Yemen, también devastado por una guerra civil en la cual se enfrentan veladamente Irán y Arabia Saudita, continúan los acercamientos, pero sin final del conflicto a la vista.

Las potencias regionales como Israel e Irán terminaron 2019 con inestabilidad interna, mientras que los Estados Unidos pierden influencia en favor de Rusia y, en menor medida, de China. En el caso de Israel, el constante conflicto con Palestina constituye una bomba de tiempo que puede activarse en cualquier momento.

Latinoamérica

La región comienza 2020 con incertidumbre e inestabilidad políticas. La polarización o la grieta que existe en la región puede acentuarse. Algunos gobiernos de la región tienen en muchos casos posiciones ideológicas antagónicas y hasta irreconciliables. Simultáneamente, las sociedades latinoamericanas se encuentran cada vez más polarizadas. Todo sucede en un marco de inequidad, inseguridad y corrupción, que actúan como un lastre para el futuro de la región.

El regreso del peronismo al poder en Argentina y el fin de la hegemonía del progresista Frente Amplio tras quince años de gobierno en Uruguay, son indicadores de un cambio de ciclo político.

La crisis política en Bolivia abre otro flanco inesperado en la región, que pone en tela de juicio la estabilidad del país, que ostentaba el rótulo de modelo del progresismo regional. Lo opuesto sucede en Chile, considerado el país emblema del liberalismo en Latinoamérica. Algo similar sucede con los choques en las calles de Ecuador en contra de las medidas económicas del presidente Lenín Moreno y las movilizaciones en Colombia en contra de la gestión conservadora del presidente Iván Duque.

La salida de la cárcel del carismático expresidente Luis Inazio Lula da Silva alteró la dinámica política de Brasil y supone un gran desafío para la presidencia de Bolsonaro, cuyos desaciertos han provocado una caída notoria de su popularidad pese a que lleva solamente un año en el gobierno.

Latinoamérica aparece con un panorama conflictivo, en el cual las relaciones personales entre los jefes de Estado y la influencia de las grandes potencias jugarán un rol determinante para el eventual despegue o estancamiento regional.  

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