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“A mi vieja no la mataron, la multiplicaron”

Ludueña es otro barrio donde vecinos y militantes ponen el cuerpo para evitar el avance de las bandas ligadas al narcotráfico. Hace dos años y medio, Mercedes Delgado, la mujer que le daba de comer a los pibes de la zona, quedó en medio de una mortal balacera. Su hijo sigue reclamando justicia.

Juan y María se abrazan. Se ríen. Lloran. Aplauden con emoción a la veintena de militantes sentados en las escalinatas de Tribunales. Juan es el hijo de Mercedes Delgado. María, su hermana mayor. Sobrino y tía están de pie. El paso del tiempo no los doblegó ni los venció. Pero el dolor no se fue. Nunca se irá. A pesar de todo, ellos están ahí, parados, con la frente en alto. La lucha emprendida es para que el crimen de “Mecha”, como se la conocía en Ludueña, no quede impune. Pasaron dos años y medio de aquella fatídica tarde, de aquel fuego cruzado que terminó con la vida de una de las militantes sociales más queridas del barrio. Sin embargo, poco y nada cambió en el lugar donde se cometió el crimen. “Siguen los enfrentamientos, siguen las balas, siguen las muertes”, maldice Juan con mucha rabia e indignación en su rostro.

María es una de las primeras en agarrar el micrófono. Su discurso es breve, cargado de dolor. Lo primero que se le viene a la mente es una charla que tuvo con su hermana una semana antes de su muerte. El recuerdo forma parte de la intimidad familiar. “Me vino a decir que perdone a mamá por habernos abandonado, que ella lo había hecho y que vivía en paz por eso”, le cuenta a quienes participan de la manifestación. “Ella pasó por la vida haciendo el bien, me quedo con eso”, agrega emocionada.  

 

 

El altavoz pasa de mano en mano. Es el turno de Celeste Lepratti, militante de ley, candidata a concejal por el Frente Social y Popular. En su mano tiene un cartel con la leyenda “Cárcel para Reutemann”, el “máximo responsable por la muerte del Pocho y de quienes murieron durante la represión de diciembre 2001”, explica. “Los felicito por esta lucha, por tener tanta fuerza. La mecha sigue encendida”, dice aferrándose a un juego de palabras que con el correr del tiempo se convirtió en una consigna de justicia.

Pedro Salinas, otro referente de la militancia social (hoy candidato a concejal por Ciudad Futura), pide la palabra. “El reclamo es justo, largo, duro pero a la vez necesario. No podemos permitir que causas como estas se tramiten en silencio y en estos pasillos oscuros”, señala. Su arenga está materializada en una lucha similar que terminó con final feliz gracias al incansable reclamo popular: las históricas condenas por el triple crimen de Villa Moreno.   

Juan Ponce es el último en hablar. Su mensaje conmueve. “A mi vieja no la mataron, la multiplicaron”, afirma. "La multiplicaron porque son muchas las personas que la toman como referente. Yo la veo en cada sonrisa, en cada lucha, en el esfuerzo de todos los compañeros”, explica un rato más tarde en diálogo con Rosarioplus.com.   

Foto: argentina.indymedia.org

Mercedes Delgado (51 años) militaba con sus manos. Cocinaba y tejía para los chicos del barrio. Trabajaba en el Centro Comunitario San Cayetano, en barrio Ludueña, donde se había instalado en 1991, tras abandonar su Santa Fe natal. Estaba divorciada y tenía seis hijos.

El 8 de enero de 2013 “Mecha” fue asesinada por la espalda al quedar en medio de un tiroteo entre bandas narcos mientras salvaba a su hijo menor de las balas. La causa judicial tiene a una persona sentada en el banquillo de los acusados. Se trata de Héctor Daniel Riquelme (49 años), sindicado como el autor material del homicidio, quien fue apresado en septiembre del año pasado tras permanecer más de 20 meses prófugo de la Justicia.

La reconstrucción del asesinato de Delgado da cuenta de una modalidad delictiva (el fuego cruzado entre bandas antagónicas que se disputan el negocio de la droga) que se repite en muchos barrios de la periferia de Rosario.  

Según el expediente judicial, Riquelme se encontraba en su casa de Bielsa 6049 junto con otros integrantes de su organización. Desde allí, realizó disparos de arma de fuego contra David Ferriol, Ramón y Jonatan Piedrabuena (integrantes de la banda antagónica), quienes se encontraban en la esquina de Garzón y Bielsa. Uno de esos disparos impactó en el cuerpo de Delgado, quien caminaba por calle Bielsa al 6100.

Riquelme será juzgado por el delito de homicidio agravado por el uso de arma de fuego. El juicio será por escrito (corresponde al viejo sistema penal). El juzgado de Sentencia 7ª, a cargo de José Luis Mascali, será el encargado de dictar resolución. “No nos dieron la posibilidad de que el juicio sea oral para poder estar presentes y para poder verle la cara al asesino de mi vieja”, se lamenta Juan.

El muchacho maldice la “inacción estatal” en un territorio donde nada cambió. “El barrio continúa igual, siguen los enfrentamientos, los tiroteos y la violencia. La ausencia del Estado es muy palpable. Los soldaditos ganaron las calles. Entonces, los chicos del barrio caen en la trampa de los narcos, se los llevan con plata”, describe.  

Ludueña, al igual que Puente Gallego o barrio Triángulo, es un caso testigo de la cruzada de vecinos y militantes por echar a los narcotraficantes de las calles. Juan califica esa lucha de “peligrosa” y “desigual”. “Es peligrosa porque tenemos que estar poniendo el cuerpo en todo momento y es muy desigual porque ellos tienen las armas y nosotros no tenemos nada”, sentencia. Y agrega: “Intentamos construir y batallar desde la palabra, pero la verdad que es muy difícil”.

 

 


Juan no sabe si algún día tendrá la posibilidad de mirar a los ojos al asesino de su madre. Si eso ocurriese, le echaría en cara la cobardía por truncar una vida tan importante para Ludueña. “Le diría que mató muchas ilusiones, muchos sueños, la sonrisa de muchos chicos. Mi madre dejaba el alma para sacar adelante al barrio”. 

 

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