Un hombre investiga el origen de la psiquiatría en Rosario

El Hospital de salud mental “Agudo Ávila” de calle Suipacha 667 esconde detrás de la majestuosa fachada la historia de la psiquiatría de la ciudad. 

El comienzo del siglo pasado trajo las ciencias de la salud a la ciudad, y en el período de 1920 a 1944 fueron los cimientos de un espacio de investigación, especialización y tratamiento para la salud mental de los pacientes que hoy distan mucho de ser practicadas, como las conocidas terapias de electroshock.

El doctor en Historia José Ignacio Allevi investigó para una beca del Conicet sobre los comienzos de esta ciencia en el plano local, para arrojar luz a la identidad propia de la psiquiatría en busca de salidas alternativas a la sobre medicación como tendencia.

El entonces Hospital de Alienados -hoy Hospital “Agudo Ávila”-, fue inaugurado en 1927. El nosocomio fue bautizado con el nombre del doctor Antonio Agudo Ávila, ya que era el delegado organizador de la Facultad de Medicina, Farmacia y Ramos Menores de Rosario en los años 1920.

En diálogo con Rosarioplus.com, el historiador Allevi explicó que “el dispositivo asistencial se pudo crear y constituir, y funcionando ahora adecuado a la Ley de salud mental provincial, que tendrá sus falencias, pero conocer su historia puede enseñar a sus usuarios de salud mental y profesionales, así como a agentes estatales y expertos dedicados en políticas públicas, para pensar cómo pueden buscarse alternativas más humanizadas y respetuosas a los derechos de los pacientes”.

Allevi recordó que comenzó a investigar cuando aún era estudiante: “Tenía una beca de extensión de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) donde cursé mis estudios de grado, y estaba armando una base de datos de las autoridades de esta universidad. En ese marco me encuentro con una fuente, el boletín de la UNL, que cuenta sobre cuando se creó el Hospital de Alienados. Eso sumado a lecturas de Michael Foucault que despertaron mi interés sobre los problemas de la medicalización y la psiquiatrización de la locura, es que me puse a buscar si había más datos”.

El doctor en Historia José Ignacio Allevi piensa llevar la historia
de la psiquiatría local a un libro (Gentileza: Prensa Conicet).

Fue entonces que el doctor pidió una beca de iniciación de investigación al Conicet y se dedicó más de lleno a trabajar este tema, con aportes de la Cátedra de teoría social donde es docente, y “un grupo de medicalización y neoliberalismo de esa cátedra enriquece desde sus lecturas”.

En Rosario existió la primera cátedra de psiquiatría infantil del mundo

Sobre ésto, el doctor en Historia Allevi destacó que “a nivel ciudad, país y provincia, era una preocupación de las elites gobernantes el problema de la infancia en la pobreza, el desarrollo, la delincuencia, la infancia como la sociedad del futuro. Entonces la creación de la UNL y de la Facultad de Medicina abrieron un contexto de posibilidades con recursos para traer docentes nacionales y extranjeros y habilitó la posibilidad de una cátedra especializada”.

Tematizar a la infancia como objeto de la medicina era muy reciente para la época, y Freud fue el primero en reconocer que la psiquis infantil era distinta a la de los adultos. Así fue que “era muy difícil pensar en una catedra específica que aborde los problemas de la psiquis infantil”.

En ese marco se incorpora Lanfranco Ciampi, psiquiatra italiano que promovía la psiquiatría infantil, y esto sucedió no sin una serie de disputas con los sectores locales, sobre todo porque en Rosario no había tradición psiquiátrica, sino una neurológica, cuyo representante más prominente era el médico Teodoro Fracassi.

Ciampi era representante internacional de la corriente de pensamiento de la llamada “higiene mental”, con la concepción del asilo que diferencia a su corriente de los alienistas tradicionales, y esto significaba que para él “las enfermedades mentales se dividen en dos tipos, las graves y las agudas: las graves eran incurables, y los pacientes debían ser recluidos en colonias de alienados de la ciudad, mientas las agudas eran tratables y curables, en hospitales insertos en el ejido urbano”, aclaró Allevi.

Diferenciar ambos tipos de casos era novedoso, y bajo esta perspectiva, detectados tempranamente y dentro de la vida urbana, se podrían reinsertar a los pacientes a la sociedad.

Esa concepción (biologicista y de patologías) se diferencia de la actual, que entiende a la prestación del servicio de salud mental en clave de derechos, y que con esta concepción, cambia también la concepción de paciente a ‘usuario de salud mental’. Sobre la actualidad el investigador analizó: “Hoy hay un grave retroceso porque hay un desmantelamiento de la Ley, que no esta reglamentada”.

El contexto histórico y las prácticas siniestras

Según detectó el doctor Allevi, la carrera de Psiquiatría en la Universidad no hubiera podido llevarse a cabo sin los actores provinciales y rosarinos: no olvidemos que la UNL se forma al calor de la Reforma universitaria, es promovida por el radicalismo.

“La promoción y bajada de recursos fue nacional, pero el modo en que se usaron, se convocó a los actores, y éstos inscribieron sus proyectos, dependió de la articulación de diferentes esferas estatales”, diferenció.

De esta manera, había docentes que a la vez eran intendentes, o directores de hospitales, de instituciones de la salud incipientes en la ciudad, y “esta articulación dotaba a los Estados de funcionarios muy especializados, y que lograban con sus proyectos ser financiados por agencias. Asi la Academia fue dotando de especialistas al Estado y viceversa”.

Incursionar en la historia de esta ciencia fue, reconoció José Ignacio Allevi, por “un interés personal, me hizo entender que esta ciudad se trabajó en redes para la producción de conocimiento, se legitimaban recíprocamente, y espero que esta historia permita pensar el carácter contingente de la ciencia, ya que toda actividad científica no está premeditada de antemano, no tiene cursos de acción ni líneas que deban seguirse sino que se va construyendo paso a paso. La construcción de una disciplina tiene equívocos y costos por eso”.

Por ejemplo, explicó que “para ajustar las terapias convulsivantes en el Hospital, que fueron la etapa previa a las terapias de shock, se experimentó con gran cantidad de pacientes, y solo se conoce los casos exitosos porque era su forma de producir conocimiento en esa época en todas las ciencias. Esos resultados positivos mostraban unas prácticas que eran siniestras, y esa contingencia que hace desconocer hasta encontrar el saber, lleva a experimentar y tiene consecuencias humanas”.

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