Convivencia social: un trabajo entre la escuela y la familia

El acoso escolar ya es un tema redundante en las instituciones educativas, pero no por ello dejó de ser relevante. La ausencia de abordajes o la negación de los conflictos son moneda corriente y perturba cada vez más no sólo a adolescentes, sino también a los más pequeños.

El bullying es una problemática que afecta la salud psíquica de los niños y los jóvenes. Depresión, ansiedad, baja autoestima, entre otros, son algunos de los síntomas que las víctimas acosadas deben afrontar, más allá de golpes y/ o los insultos propiciados por los agresores.

Según la Organización Mundial de la Salud, la violencia generada en el contexto escolar consiste en “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o una comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”. Y, en Argentina, el tema no es menor. A pesar de la preocupación que la temática generó en los últimos años, no hay capacitaciones institucionales o pedagógico- didácticas para el aula, a sabiendas de lo que ocurre al interior de las escuelas.

Finlandia, el país que queremos ser

En el año 2009, el ministerio de Educación de Finlandia, decidió instrumentar un programa para reducir el acoso escolar. El método KiVa (Kiusaamista Vastaan, que en finés significa en contra del bullying) fue diseñado en la Universidad de Turku y en la primera experiencia, participaron unos 30 mil estudiantes de entre 7 y 15 años y se logró eliminar el acoso en cerca del 80% de las escuelas.

Este programa, además de trabajar con las víctimas y los acosadores, incorpora a los testigos que, aunque no son los protagonistas de la historia, con su silencio o sus risas refuerzan el poder del agresor. Y, fundamentalmente, apunta al cambio de actitudes y actuación de los estudiantes que no son ni víctimas ni agresores, en pos de  de que apoyen a la víctima, en lugar de fomentar el acoso.

El método sostiene que si se trabaja con los observadores, podrán tomar conciencia de su rol en esta situación y modificar su comportamiento; por tanto, el agresor pierde su público. Luego se trabaja con el agresor, el agredido y los espectadores por separado para evitar enfrentamientos. Y, por sobre todo, se trabaja con las habilidades sociales para promover un cambio al interior de la escuela y de cada uno de los alumnos.

A través de KIVA, se enseñan habilidades sociales, las cuales se consideran fundamentales para la convivencia escolar y social. Empatía, responsabilidad, compromiso, tolerancia y solidaridad son unos pocos ejemplos.

Ahora bien, este método funciona en Finlandia, un país con ciertas particularidades, totalmente diferente a la Argentina, con características socioculturales tan singulares. En el país del norte, por ejemplo, el 70% de los padres va, durante el fin de semana, a las bibliotecas con sus hijos,  no hay problemas de vivienda o de trabajo y, por sobre todo, hay políticas sociales acordes con las políticas educativas.

Un programa de bienestar

En una sociedad atravesada diariamente por la violencia, es necesario planificar e implementar un trabajo exhaustivo en el aula para que, de a poco, pueda desplegarse al interior de la sociedad.

Y, si bien hay un protocolo contra el bullying, documento de Nación del año 2014, éste refería sólo a detectar situaciones, a evitar difundir en los medios y a la resolución de conflictos por parte de un docente no preparado para ello.  

En consecuencia, se torna ineludible planificar un programa referido al bienestar, en el cual la palabra que lo describa sea positiva, en lugar de hablar de acoso o bullying y, fundamentalmente, tenga como objetivo principal la protección de los niños y adolescentes, sujetos de derecho.

Asimismo, es necesaria una capacitación docente con material específico; con una mirada institucional, con acciones concretas para directivos, apoyados por supervisores, y otra áulica para el abordaje directo del docente. Por qué no hacer un trabajo online masivo a todos, con conferencias virtuales de especialistas y, a su vez, capacitaciones presenciales con material para el aula.

En cuanto al trabajo con los estudiantes, hay muchas actividades que se podrán planear desde cada asignatura y, además, hay  juegos virtuales para niños y adolescentes que se pueden indagar y ser tomados como ejemplo.

Un punto de inflexión muy importantes es el trabajo de los padres, es importante el apoyo y el compromiso de la familia en este trabajo que no sólo le pertenece a la escuela, sino por el contrario, implica un acompañamiento familiar muy importante.

La habilidades emocionales y sociales, las inteligencias múltiples, la conciencia social, la gestión de las relaciones, el aprender a mirar al otro y entender sus necesidades son algunas de las habilidades que no pueden dejar de enseñarse en casa y en la escuela.

 

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