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Un crimen por encargo que a nadie sorprendió en el barrio

Se la tenían jurada y ya se lo habían hecho saber. En la zona de San Lorenzo y Circunvalación vendían ellos solos porque, claro, las jurisdicciones del narcotráfico se imponen, no se acuerdan. Lo cierto es que no les hizo caso y siguió con la bicicleta dando vueltas cortas, desde la mañana hasta caída la noche, con la oferta a disposición en el rincón más pobre del barrio Lomas de Fisherton.

Este jueves, temprano en la tarde, se le arrimaron dos jóvenes en moto y cuando se percató de que lo iban a ejecutar, Carlos Damián Ramos corrió por el pasto crecido que cubre la banquina de la avenida Circunvalación, pero llegó hasta ahí nomás. Uno de los sicarios malogró su escape con dos balazos que lo atravesaron por la espalda y luego lo remató con otro disparo en el cráneo, mientras el sol de las dos de la tarde se reflejaba en el fluido tránsito.

La persecución y asesinato sucedió a pleno día, y a cielo abierto.
(@JoselJuarez)

Nadie vio nada pero en el barrio sabían que a Ramos, de 25 años, en cualquier momento lo iban a asesinar. La justicia investiga si se trató de un crimen por encargo; los vecinos lo confirman en voz baja.

Es que hacía unas semanas, proveniente de otras zonas del margen de la ciudad, él y una mujer estaban vendiendo estupefacientes donde otro no quería y la solución claramente jamás es amistosa en estos asuntos. “Se veía venir que iban a durar lo que un pedo”, se escuchó decir a un vecino cuando la Policía de Investigaciones (PDI) aún trabajaba en el lugar.

Una de las líneas de investigación apunta a determinar un crimen por encargo, por lo que el fiscal de Homicidios dolosos de turno de Rosario, Florentino Malaponte, ordenó varias medidas, entre ellas el secuestro de cámaras de seguridad para dar con los agresores que, según un testigo, llevaban puesto cascos. Alguna cámara de la fábrica de plásticos Mascardi pudo haber captado algo, ya que detrás del paredón se apostaba a vender. De eso se ocupa el fiscal por estas horas.

Los vecinos dicen que estas cosas “pudren” el barrio, que es demasiado tener pibes que venden a cualquier hora droga en la calle. Lo particular es el nivel de asimilación de la barbarie que han generado los vecinos del lugar. 

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