"Pensé que no salía con vida de esa habitación"

Lorena tiene 36 años y es madre de 6 hijos. La semana pasada su historia conmovió a todos: Su pareja la encerró en una habitación, la torturó, la rapó y le pegó dos tiros, uno en cada rodilla. La pesadilla terminó cuando el hombre se suicidó a su lado. Aún sigue internada y pide ayuda para salir adelante. "Quiero recuperarme para volver a vivir", asegura

 

¿Es necesario difundir el testimonio de Lorena? ¿Qué aporta su desgarrador relato? ¿Se puede abordar una nota de este tipo desde un periodismo no amarillista? Las preguntas dan vueltas por mi cabeza durante varios minutos antes de marcar. "Llamame", responde Lorena a mi mensaje de presentación. En ese primer contacto, le explico que estoy trabajando la temática de la violencia de género, que vi la movida solidaria de sus amigas en Facebook para ayudarla desde lo económico y que la molesto para saber cómo iba su recuperación. Su respuesta me da a entender que tiene ganas de hablar. No me equivoco.

La charla telefónica dura aproximadamente 12 minutos. Lorena Serrano sigue internada en el Heca. Los médicos aún no pudieron sacarle las balas de sus rodillas. Le adelantaron que existe la posibilidad de que no se las quiten para no "destrozarle" las piernas. "Las quemaduras y los golpes son lo de menos. El tema son las balas", me cuenta sobre su evolución. Luego, ya en confianza, detalla algunas pinceladas de su vida.

Comenzó su relación amorosa con Alberto Marconi hace ocho años. Por aquel entonces, ella tenía 28 y él 45. Se juntaron y tuvieron mellizos. Ambos tenían hijos de otras parejas. Era la quinta vez que Lorena daba a luz. El sustento de la casa era Alberto, un reconocido mecánico del oeste de la ciudad. Ella aportaba lo suyo. Este año había conseguido un empleo en una panadería. La diferencia de edad siempre fue un tema de discordia en la relación. "Estaba totalmente loco de los celos, pendiente de todos mis movimientos. No parecía pero era un tipo muy agresivo. No sabía hablar, él sólo gritaba. Siempre me golpeó", narra.

En 2012, ella decidió dejarlo después de una golpiza y se animó a denunciarlo. Alberto dejó la casa y se construyó una habitación arriba del taller mecánico. Lo citaron a declarar, pero entró y salió por la misma puerta.  "En total presenté tres denuncias, nunca nadie hizo nada. Después de mis denuncias, él se volvió aún más loco", explica. La separación, sin embargo, no duró mucho. "Siempre volví por los chicos y por necesidad. Estábamos bien últimamente, teníamos discusiones por la plata que no alcanzaba, por sus celos, por ese tipo de cosas", agrega.

El jueves a la noche, Lorena y Alberto fueron al casino. Se rieron y se divirtieron juntos. En el viaje de regreso, él la invitó al taller. "Estaba cariñoso conmigo. Me dijo que lo acompañe al taller que quería estar un rato conmigo. Utilizábamos ese lugar para la intimidad". Pero cuando se cerró la puerta empezó la pesadilla. Durante cinco horas, Lorena sufrió todo tipo de vejaciones.

Le digo a Lorena que no hace falta entrar en detalles. Pero prefiere desahogarse. "Charlamos un rato pero luego empezó a hacerme preguntas, a ponerse agresivo, me decía que yo no iba a salir con vida, que había pensado en matarme. Tenía todo planeado. Un revolver con un silenciador debajo de la cama, una máquina para pelarme y toallas para amordazarme”, relata sin que se le quiebre la voz.Lo primero que hizo fue cortarle el pelo delante de un espejo. Más tarde la golpeó y la quemó con una plancha. Por último, le disparó en ambas rodillas. Lorena intenta ahora describir el calvario: "Después de eso se acostó al lado mío y empezó a hablar solo. Decía que era un cagón, que era un cobarde y que me amaba. Yo estaba semiconsciente, me desvanecía del dolor. En un momento estiró mi brazo sobre la almohada, se acostó a mi lado y se mató".

Su último recuerdo de aquella fatídica noche es sobre su rescate. "Me tiré de la cama, me arrastré hasta la ventana y empecé a gritar con la poca fuerza que me quedaba. Me escuchó un muchacho que pasaba en bicicleta y justo detrás pasó un patrullero. Cuando me di cuenta de que me habían visto, me desmayé".

Lorena admite que va a necesitar "mucha ayuda" para salir adelante. Aclara que tiene fuerzas porque quiere "volver a vivir". Se emociona cuando habla de la colecta solidaria que están armando sus amigas en las redes sociales para ayudarla. Antes de despedirse, de cortar la comunicación, dice que espera que su testimonio sirva para que ninguna otra mujer pase por semejante pesadilla.

No del todo seguro, me aferro a ese mensaje para sentarme a escribir su desgarradora historia.

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