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Parasite, la joya coreana que amaga con destronar a Hollywood

El aclamado séptimo largometraje del director surcoreano Bong Joon Ho, "Parasite", que narra en clave de humor negro y tragicomedia social las fisuras que asoman entre dos familias de Corea del Sur de distintos estratos sociales cuando se interrelacionan en una sociedad atravesada por la polarización, llegará a cines locales el próximo jueves.

Reconocida con el premio Palma de Oro del Festival Internacional de Cannes, galardonada como Mejor película en lengua extranjera con el premio Globos de Oro y Critics Choice Awards, además de recibir en esta última ceremonia el premio en la terna Mejor director, el filme es uno de las aspirantes destacados para el rubro Mejor Película Internacional de los Oscar, que se entregarán el domingo 9 de febrero.

Se trata de 131 minutos que involucran al espectador en distintas atmósferas que, de manera progresiva y recostadas sobre un cuidadoso tratamiento de los géneros y sus adaptaciones, exhiben las desigualdades de Corea, la situación social y política entre Corea del Norte y Corea del Sur y la dependencia con lo Estados Unidos.

La trayectoria cinematográfica del director y guionista, de 50 años, que contempla la antecesora "Okja" (2017), "Memorias de un asesino" (2003) o las premiadas "The Host" (2006) y "Snowpiercer" (2013) -las más taquilleras en la historia de Corea del Sur-, resultan la clara evidencia de que el director no se ata a ningún modo particular de narrar ni retratar.

"Parasite" es un poco de todo eso que funda y se funda en la identidad creativa de Bong Joon Ho, y cuyo germen -afirmó en una entrevista concedida para el portal IMDB- estuvo siempre dentro suyo, sin "tomar conciencia de cómo ni cuándo asomó la idea", tal vez, incluso, como una representación de las propias contradicciones a las que, alguna vez, fue sometido por el sistema.

El argumento, que devuelve al director a su país natal para utilizarlo como escenario de la historia, gira en torno del contraste entre dos clanes: uno desocupado, que vive en un sórdido piso subterráneo y que solo puede esperar una vida ordinaria, aunque hasta eso le resulta difícil, y la familia Park, culta, amable y recientemente rica, considerada ideal entre la élite urbana moderna.

El nexo entre ambas realidades se da a través de la educación, cuando el hijo mayor de la familia de clase baja se convierte en tutor de la hija mayor de los Park y su suntuosa casa consigue un lugar estratégico convirtiéndose en una protagonista más de la película y facilitando los momentos de transición entre géneros, que resultan tan naturales que pasan desapercibidos.

Desde su construcción, la transformación que va sucediéndose a lo largo del largometraje tiene un punto de origen en la comedia social, con conversaciones ácidas y sarcásticas, planos abiertos y descriptivos, risas y un clan en aparente equilibrio, aunque pronto se manifiestan las realidades de las dos familias.

La sensibilidad y el tejido de percepciones sensoriales, elementos recurrentes de y con los que Bong Joon Ho trata las temáticas sociales, consigue que el espectador sea capaz de pensar y sentir la desigualdad en clave de olores y de distinguir a través de ello a una persona de clase baja de una persona que vive en medio de lujos.

De pronto el relato se oscurece, en algún momento, sin dar pistas previas de la dirección que toma la trama, los planos se angostan y el espectador comienza a ser observador en picado de un inframundo oculto en la gran casa de los Park, de la condición de parásito sobre la que el director llama a reflexionar.

La comedia se desvanece para transformarse en un thriller, surcado por el drama sociopolítico de principio a fin, exhibiendo la miseria humana, la necesidad de aparentar ante la esclavitud por y con las condiciones materiales de existencia que impone un sistema capitalista que se sustenta en la pobreza y el rechazo.

Es en cuestión de segundos que el largometraje del surcoreano moviliza de manera esquizofrénica las reacciones de los espectadores y convierte la risa colectiva en suspiros de consternación, entre lo visible y lo subterráneo, lo incisivo de los géneros cinematográficos y las clases sociales, donde nadie se define como el bueno ni el malo, pero sí como consecuencia del sistema.

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