Feria El Tanque: el "shopping" de los pobres que no para de crecer

En Rouillón y Maradona, a 20 minutos del Monumento a la Bandera, un grupo de vecinos se juntó tras la crisis del 2001 para subsistir ante la falta de trabajo. Con un tablón y algunos productos usados, se instalaron en un terreno baldío y empezaron a intercambiarlos por alimentos. Así nació la feria de El Tanque, la más grande de Rosario y Rosarioplus.com decidió acompañar a Ariel Bulsicco en una recorrida por el predio para mostrar las luces y sombras del fenómeno.

"Acá encontrás de todo, más barato", la que habla es Mary Cáceres, referente de los feriantes. "Con el tiempo, algunos lograron encontrar otras oportunidades de trabajo y se fueron, otros optaron por tomar a la feria como una forma de vivir y se mantienen en sus puestos ya no vendiendo cosas usadas, sino que productos de primera mano", explica Cáceres. 

En los últimos años, la crisis volvió a golpear fuerte en los barrios. La feria empezó a sumar puesteros y de las 12 cuadras históricas del predio, ahora ya hay 24 en las que se pueden encontrar productos de cualquier tipo e historias de vida de personas que nuevamente ven en El Tanque, una oportunidad para garantizar un plato de comida a sus familias.

"Todos los días recibimos gente nueva, algunos que nos piden permiso para sumarse, otros que vienen el mismo día para ver si tenemos un lugar y otros que directamente se instalan", cuenta Mary. Si bien no existe un mapa de referencia para recorrer el monstruo de 24 cuadras, se puede decir que en la zona vieja, se mantienen la mayoría de los feriantes históricos, los que están en el lugar desde hace más de 10 años y vieron pasar más de un proceso económico. "Hace 8 años se vendía muy bien, después la venta empezó a caer y ahora con la crisis la feria se amplió mucho y eso hace que también tengamos más competencia", comenta una de las puesteras. 

"Voy a venir hasta que me muera". Rosario es jubilada, y hace más de 10 años que tiene su puesto de ropa en El Tanque. Como le cuesta caminar, su hija la acompaña los días de feria. "Yo cobro la mínima y con eso compro la ropa para vender, me alcanza para vivir y también para poder comprar los remedios, en Pami me pagan una parte de los más caros y los otros me los tengo que comprar yo", explica. 

Entre los nuevos, hay trabajadores despedidos y comerciantes que con los tarifazos se vieron imposibilitados de sostener su negocio y buscaron refugio en los tablones de El Tanque. Susana, hace tres meses que participa de la feria, en los últimos años trabajaba en una empresa de limpieza que se encargaba de hacer el mantenimiento en las oficinas del API. "De un día para el otro cerraron y nos dejaron en la calle, sin indemnización ni nada". "Un día vine a comprar, me pareció una buena salida y pregunté cómo hacer para sumarme, me animé y empecé, con ropa que me dieron familiares, amigos, a veces se vende bien, a veces no tanto, pero siempre un puchito te llevás", remarcó.

En las 24 cuadras que tiene la plaza, la historia de Susana se repite una y otra vez. "Hace unas semanas se sumaron dos de los despedidos de Electrolux, uno vino y vendió el televisor de su casa, con eso se compró mercadería y ahora viene los fines de semana a vender acá", cuenta Mary.

Como buena feria popular, además de mercadería, hay puestos que venden comida para hacer más amena la recorrida, entre esos puestos, el del choripanero de la feria es uno de los más reconocidos. "Si no hacemos esto nos morimos de hambre, robar no vamos a robar pero está duro", relata el histórico puestero, quien además hace las veces de carnicero y exhibe en su tabla un chivito recién llegado de Santiago del Estero. "Yo estoy acá desde la época del trueque y somos una gran familia, nos cuidamos entre todos. En un principio eramos los vecinos del barrio, pero ahora ya viene gente de todas partes. Mientras se porten bien, le damos lugar a todos", remarca el choripanero.

A pocos metros de los puesteros más antiguos, aparecen los más nuevos, cuadras enteras de tablones con un punto de venta al lado del otro en donde se pueden encontrar desde frutas y verduras, muebles, pasando por comida elaborada, alimentos no perecederos y antigüedades, un verdadero centro comercial a cielo abierto que todos los fines de semana recibe a miles de familias que se acercan a recorrer con el objetivo de hacer valer más el poco dinero que les ingresa.

Los más excluidos del sistema, también tienen su lugar en la feria. A unas cinco cuadras del punto central de El Tanque, está la "Plaza de la pobreza", espacio en el que muchos de los que cirujean durante la semana por la ciudad, van a vender los productos que lograron recuperar. "Es gente que viene a buscar el plato diario de comida, que realmente lo necesitan y que vendiendo algo se pueden hacer unos pesos y con eso comprarse aunque sea un sanguchito para comer", explica Mary. Para la feriante histórica, la crisis de estos tiempos es mucho peor que la del 2001, "Fijate los contenedores en las calles, cada vez hay más gente juntando cosas para reciclar o para poder venir acá a venderlas", se lamenta.

Debido al crecimiento exponencial de los últimos meses, El Tanque comenzó a abrir también los días miércoles, algo que le generó conflictos con el municipio ya que desde el ejecutivo local no están de acuerdo con cortar las calles del barrio los días de semana. "Vienen los inspectores a decirnos que si no tenemos habilitación tenemos que levantar los puestos cuando la Municipalidad sabe muy bien que hace años venimos reclamando la regularización, lo tomamos como un apriete", sostiene Mary.

"Para el Municipio nosotros no existimos, no nos atienden y no quieren meterse acá porque dicen que es incontrolable, nosotros pedimos que el Concejo apruebe una ordenanza que nos ayude a regularizar nuestra situación, pero seguimos sin respuestas", comenta Mary. Una vecina que pasea por la zona, se suma al reclamo de Mary: "Pedimos que aunque sea nos asistan con baños químicos para toda la gente que viene a la feria, pero ni eso nos habilitan".

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