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El legado del Canal Encuentro según una escritora rosarina

La periodista y escritora rosarina Tamara Smerling acaba de presentar el libro La otra pantalla: Educación, cultura y televisión, donde recorre la historia de Canal Encuentro, el canal televisivo del Ministerio de Educación que es un ícono a nivel latinoamericano.

Smerling nació en 1977 y trabajó como redactora en el diario El Ciudadano, Clarín, Perfil y Crítica. También escribió en las revistas Rolling Stone y Caras y Caretas. En televisión fue productora de programas culturales para Canal (á), History Channel y Canal 7. Fue docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA), es Doctora en Ciencias Sociales y Humanas (UNQ) y Magister en Periodismo (UBA).  En 2014 publicó Un fusil y una canción junto a Ariel Zak para Editorial Planeta.

El libro

Son 230 páginas que incluyen anécdotas, testimonios y fragmentos de guiones de algunos programas. La otra pantalla narra distintos hechos que fueron sucediendo a lo largo de estos diez años: la primera transmisión de Encuentro y sus primeros programas, el paso de Pakapaka de programación en Canal Encuentro hasta convertirse en señal propia, la aprobación de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el estreno del film Revolución: El cruce de los Andes, la puesta al aire de El asombroso mundo de Zamba, la creación del Polo Educativo de Educ.ar S.E en la Ex ESMA, el crecimiento de las pequeñas productoras, y la creación y primera emisión de DXTV, entre tantos otros. Rosarioplus.com dialogó con la escritora rosarina  quien brindó más detalles de la publicación.

¿Cómo es la estructura del libro?

El libro fue estructurado en más de una decena de capítulos, y sigue un orden cronológico: desde su creación en 2005 hasta hoy. Sin embargo, la narración buscó un recorrido por las historias mínimas dentro de los canales. En este sentido, se propuso como un libro de no ficción, desde donde abordar la llegada de sus primeros directores y productores delegados, la elección de los conductores y realizadores, de qué modo fueron adquiridas las primeras series, los modelos que tomó como ejemplo –desde TV France hasta TV Futura–, la mirada sobre las series y los documentales, las búsquedas y las medidas que llevaron a prescindir de la publicidad comercial, o a mantener la calidad artística y técnica de los productos audiovisuales, además de los contenidos por sobre todas las formas. El cuidado estético y ético, por llamarlo de algún modo.

¿Qué hitos identificás en la historia del canal?

El primero, y quizás el más importante, fue la decisión de crear un canal cultural y educativo como Encuentro. Una premisa que pergeñó el entonces ministro de Educación de la Nación, Daniel Filmus, y que puso en marcha gracias a una decisión del presidente Néstor Kirchner en 2005. En segundo término, la perseverancia –muy importante– que en toda esa historia tuvieron sus primeros directores, Tristán Bauer y Fernanda Rotondaro, y el pequeño equipo de trabajo que conformaron en aquel entonces: Jésica Tritten, Rubén D’Audía, Claudia Perel, Mariana Loterzpill, entre otros. Entre estos puntos también está la decisión, firme, de pelear una grilla en la programación de los canales de la televisión por cable, cuando aún perduraba la vieja Ley de Radiodifusión (aprobada en 1980, durante la dictadura) y con Julio Bárbaro como interventor del Comfer. Esto es, Cablevisión no quería poner a Canal Encuentro en su grilla. Después ocurrió algo muy similar con Pakapaka (que estuvo cuatro años fuera de esa opción).

Los otros hitos importantes fueron el crecimiento de las pequeñas y medianas productoras audiovisuales, la relación que se creó con las universidades y los centros de producción de las facultades, y la necesidad de lograr una programación (¡por fin!) federal, lejos del centralismo de las productoras audiovisuales de Buenos Aires. Entre algunas de sus principales preocupaciones, estos, digamos, me parecen hitos insoslayables en estos años. La creación de Pakapaka, por último, el primer canal de televisión público destinado a los chicos y chicas, fundamental para pensar que otro modo de acceder a la televisión es posible también en la infancia, creo que fue prioritario en un mercado tomado por ocho señales de origen norteamericano.  

¿Cuál es el legado que deja Canal Encuentro?

Es triste hablar de legado, hoy, cuando no se sabe qué ocurrirá con los canales en una nueva gestión dentro del Ministerio de Educación. Pero, a modo de balance, creo que Canal Encuentro –como dice Diego Golombek– es, por lejos, lo mejor que le pasó a la televisión de la Argentina en toda su historia: durante todos estos años demostró que se puede entretener y educar desde el diálogo y la sorpresa, que un canal de educación no tiene por qué ser algo aburrido, y que puede aportar contenidos y estéticas desde otras búsquedas y modos. Me parece que también aportó una mirada más amplia sobre la Educación (con mayúsculas, desde la ciencia en nuestra vida cotidiana, las palabras de nuestros grandes escritores, las preguntas filosóficas más emblemáticas –la angustia, el amor, la muerte– hasta un problema complicadísimo de matemática o los quehaceres diarios de los docentes y sus alumnos en una escuela rural o de frontera). Y demostró que, entre todos, se puede hacer algo maravilloso: una televisión diferente, que hable de las provincias -sin mostrar el patio de barro y el mate como fondo- y de sus propias culturas, aprendizajes y problemáticas.  

¿Se va a presentar en distintas ciudades de la Argentina?

El libro fue editado por el Ministerio de Educación de la Nación –a través de un sello del portal Educ.ar– y será distribuido en escuelas y universidades, pero aún no sé si tendrá una edición comercial -se habló con algunas editoriales pero desconozco como continuó la negociación- por lo que veremos cómo sigue su camino. Ojalá, porque es necesario que circule, para conocer la historia de estas señales y valorar aún más lo que se logró en estos pocos años. Nos demostraron, en definitiva, que hay otros modos de hacer una televisión inclusiva, de calidad, innovadora.  

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