Educar para el trabajo del futuro

Hasta no hace mucho, un niño decidía en sus primeros años escolares qué sería en un futuro no tan lejano. Ser médico, contador, abogado, periodista o maestro eran carreras predecibles con un mercado laboral estable. Sin embargo, hoy por hoy, 7 de cada 10 chicos que cursan los primeros años del secundario tendrán puestos de trabajo que no existen actualmente.

 

Entonces, la pregunta obligada es cómo educar en una escuela que fue pensada y organizada hace unos 150 años atrás y/o cómo enseñar en una universidad instaurada a través de facultades, por disciplinas académicas; en definitiva, cómo romper moldes conformados por conocimientos fragmentados y atomizados.

 

La realidad se ha complejizado de tal manera que han llevado al hombre a niveles insospechados. Hay claros ejemplos entre los cuales nos demuestra que las máquinas hacen una vida mucho mejor, no sólo con más comodidades, sino con más salud y bienestar para el ser humano. Por ende, es necesario complejizar los saberes que se trabajan en las clases. Lejos de impartir un contenido, hoy el entorno nos demanda construir con el otro un conocimiento contextuado y que priorice las características de quienes aprenden y enseñan.

 

Por dónde empezar

 

Desde los primeros años escolares, es necesario fomentar la comprensión; esto es, la habilidad de pensar, de comparar, analizar, codificar, hacer analogías y analizar con flexibilidad. Para ello, es fundamental valorar las inteligencia múltiples, a sabiendas que no hay una única forma de ser inteligente, sino que, en el marco de las mismas, algunos tendrán una inteligencia corporal, otros lingüística, otros naturista o intrapersonal, por sólo nombrar algunas. Es decir, que cada docente deberá trabajar la inteligencia específica que le corresponde a su asignatura (la profesora de Música, la inteligencia musical), pero también las otras aplicadas a su disciplina.

 

En ese marco, es fundamental rescatar la inteligencia interpersonal, en la cual las habilidades sociales juegan un rol fundamental; empatía, responsabilidad, solidaridad, tolerancia y compromiso son sólo algunas fundamentales a la hora de hablar de una formación integral y que nos habilite a mirar el escenario abiertos a nuevas perspectivas, aunque no sean las propias.

 

Asimismo, si queremos priorizar una escuela que piense a futuro, es fundamental formar sujetos creativos, con un pensamiento divergente, en un aula donde se promuevan las múltiples perspectivas. A diferencia de hace casi cien años atrás, el saber neutral no proviene de alguien que ocupa un lugar superior, con una mirada enciclopedista, sino que se construye en función de los sujetos y los contextos que enmarcan dicho saber. En estos días, ser buenos estudiantes no implica tener conocimiento, sino ser más competente, es decir, tener habilidades intelectuales, sociales y prácticas. Ya lo decía Monteigne, en el siglo XVI: “Vale más una cabeza bien puesta que una cabeza llena” y hoy sigue más vigente que nunca. En una sociedad en la cual los títulos tradicionales van perdiendo valor, es necesario formar en competencias específicas para que los profesionales puedan ir creciendo junto con los cambios.

 

Además, el uso de las tecnologías es otro punto fundamental. El aula ya no implica cuatro paredes, sino que hay que planificarla de manera más amplia a través del uso de dispositivos móviles y contenidos digitales para afrontar la complejidad del mundo.

 

En definitiva, para poder educar para el futuro, se necesita que las instituciones educativas flexibilicen sus planes de estudio reinterpretando el escenario continuamente. Y, si bien son importantes las voluntades individuales de docentes innovadores,  es fundamental contar con  políticas públicas que promuevan la capacitación profesional, que fomenten el trabajo interdisciplinar  por proyectos que insten a desarrollar otras habilidades, no sólo las intelectuales.

 

No habrá innovación posible si no consideramos a la educación como la clave del cambio y sólo será posible si educamos en el presente con vistas al futuro.

(*) Dra. en Ciencias de la Educación (UNR)

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