Los gustos más raros a la hora del sexo

Sobre gustos no hay nada escrito, reza el refrán más mentiroso del mundo. Es que sobran las publicaciones sobre las cosas de las que la gente gusta. Esta nota va sobre eso. Y en un tema tabú, como el sexo. Porque hay que decirlo, a no todos les gusta lo mismo. Hay de todo. Claro que, para ciertas personas, esos gustos se vuelven rarezas. Perversiones, según psiquiatras y psicoanalistas.

Hablamos de las parafilias, que abundan a montones. Se trata de aquellos comportamientos sexuales en los que la fuente misma del placer no está justamente en la relación sexual en sí misma sino en otro estímulo. Gente a la que le gusta tener relaciones con personas más altas o en un avión, que se excitan con la suciedad o que, esto ya es demasiado, se estimulan con personas disfrazadas de animales.

Esto es en serio y, por eso, acá va un listado de las parafilias más extrañas conocidas hasta ahora. ¿Habrá alguna más?

Por ejemplo, las personas que sufren de odaxelgania se excitan sexualmente al morder a su pareja o amante o también siendo mordidos por ellos. Pese a todo, se trata de una parafilia bastante común, ya que según los estudios del investigador estadounidense Alfred Charles Kinsey (pionero de la investigación sexual humana en EE.UU.), aproximadamente la mitad de todas las personas encuestadas -que fueron miles de ellas- había experimentado excitación sexual al morder a su compañero o compañera.

 

La acrofilia, por ejemplo, consiste en el gusto por tener sexo con personas muy altas; pero también a aquellos que les gusta tener relaciones sexuales a grandes alturas, considerado un fetiche. Por ejemplo, los yankis le llaman “high smile” (sonrisa alta), a tener sexo en un avión. Pero la acrofilia, no sólo se limita a los aviones, sino a cualquier espacio que esté a varios metros de altura, de hecho, entre más alto más extremo y más excitante.

Una de las peculiaridades del sexo en Internet reside en el androidismo, práctica en la que una persona mantiene relaciones sexuales con máquinas o robots. En la red, existen numerosos sitios web dedicados a promocionar esta práctica, en algunos, incluso, se habla de la posibilidad de comprar robots o máquinas con las que tener sexo.

 

Cuando el placer nace de la tendencia obsesiva por destrozar ropa que lleve puesta su pareja, se trata de clastomanía. La excitación deriva del acto de desnudar al otro rompiendo sus prendas. En cambio, la ursusagalamatofilia se aplica a las personas a las que les gusta mantener relaciones íntimas vestidas con disfraces de animales o tener encuentros eróticos con personas que llevan ese tipo de ropa. En algunos casos, puede ocurrir que lo que más produzca excitación sean los muñecos de peluche.

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