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Llega "Invisible": un film sobre adolescencia, aborto y conflictos de clase

Este jueves 8 de marzo se estrena en Rosario Invisible, segundo film de Pablo Giorgelli, quien en esta entrevista cuenta que no era su idea contar la historia de una chica que piensa abortar, sino abordar el desamparo adolescente

En 2011 Pablo Giorgelli estrenó su primera película, Las acacias: un camionero hosco y de pocas palabras carga su camión de troncos de acacias en Paraguay y le piden que traslade hasta Buenos Aires a una mujer con su bebé de meses. Dos extraños en una cabina de un Scania color naranja que van a desarrollar una relación por algo que no llega a verbalizarse pero que tiene su centro en esa criatura que tampoco puede articular palabra.

Este jueves en las salas de los cines Village y Showcase de Rosario, mientras las mujeres vuelven a copar la calle para reclamar, entre otras cosas, aborto legal y gratuito, Giorgelli estrena su segundo film, Invisible, protagonizada por Mora Arenillas, que trata sobre una adolescente porteña que estudia por la mañana y trabaja por la tarde, tiene una madre depresiva, hundida en el departamento del complejo de monoblocks donde viven en la zona sur de Buenos Aires. Ely tiene 17 años, está embarazada y sopesa la idea de abortar.

Parece una película hecha para la ocasión: mientras el paro internacional de mujeres y la movilización se desarrollan, los cines estrenan Invisible. Pero no, Giorgelli comenzó el proyecto de la película en 2014. En ese año, en la convocatoria al casting, aparece Mora Arenillas, que entonces tenía 15 años: encantó a todos, pero no tenía aún la edad para el personaje.

“Mis dos películas tienen que ver con hijos –nos dice Giorgelli– que definen, de algún modo, el lugar de los adultos. Y ese es el rol de un hijo. Tengo la certeza de que en este momento lo que más me interesa es hacer películas que tienen que ver con los vínculos familiares, explorarlos, y la familia creo que se define a partir de la aparición de los hijos, antes de eso tal vez es una pareja”.

Dijiste que Invisible es la historia de la soledad o el aislamiento de una adolescente, antes que un alegato sobre la necesidad de legalizar el aborto. ¿Qué es lo que te atrajo de contar esa historia y, en particular, esa situación por la que atraviesan hoy gran parte de los adolescentes?

Después de terminar Las acacias lo que me interesaba era volver a echar una mirada sobre la adolescencia, poder volver y explorar la adolescencia desde mis ojos de adulto y así comienza la historia de Invisible. No me propuse de entrada hacer una película sobre el aborto. Lo que tenía ganas de explorar era el desamparo en la adolescencia. La película se ordena a partir del desamparo de esta adolescente en todos los órdenes de su vida, el familiar, el institucional, con un estado que no está todo lo presente que debería estar. Hay algo ahí que tiene que ver con mi propia adolescencia: todos en la adolescencia nos sentimos un poco desamparados, aunque tengamos más contención o familia hay un desamparo que tiene que ver con esa etapa de la vida: ese momento en que uno es un poco una ameba, no es un niño pero tampoco un adulto, y está tratando de definirse y saber quién es, una etapa de transición pero larguísima, que uno no termina de madurar nunca y se transita con dolor, angustia y desesperación. Después surge la idea de que el personaje estuviese embarazada y la posibilidad de abortar o no. Hablamos con muchos adolescentes, algunas que habían atravesado situaciones similares a las de Ely, ahí surge esta imposibilidad de poner en palabras lo que les pasa, algo que a los adultos también nos pasa. No tienen dificultad para hablar de cosas cotidianas pero sí es difícil expresar las cosas que aún no tienen resolución y ese era el otro elemento que me interesaba. Cuando el cuerpo está atravesado por un vendaval uno no puede ni nombrarlo. Y ese es un poco el conflicto que Ely debe dilucidar: ella tratando de entender qué le pasa y cuál es la decisión que debe tomar.

Tus films tienen un registro casi “documental”, realista. ¿Qué jugás en esa elección?

Hasta ahora las dos películas están trabajadas desde el realismo y es lo que me interesa en este momento: conflictos íntimos, humanos, vínculos, entonces la estética que me permite acercarme a eso del mejor modo tiene que ver con el naturalismo. Lo primero que intento es entender cómo tiene que ser la película que quiero hacer. Acá entendí que la película debía ser contada desde el punto de vista de ella, que ella nos iba a guiar, y eso definió el tono y el planteo estético. Es cercano al documental, pero a veces es más difícil lograr ese naturalismo siguiendo un guion escrito como en este caso: Invisible es una película muy poco improvisada. Lo que me propongo con este estilo es que el espectador se convierta en un testigo de la intimidad de una persona y pueda acompañarla, entenderla y sentir lo que siente. Y desde ese invisible tener una empatía emocional con el personaje. Apunta poco a la cuestión racional e intenta un vínculo emocional, por eso digo que quería evitar la película militante, no me interesaba levantar el dedito y decir cómo debían ser las cosas, más allá de que mi postura personal es que el aborto debe ser legal, pero sentía que en la película había que buscar decisiones que fueran orgánicas con el personaje. Lentamente me fui convirtiendo en Ely durante los dos años que me tomó el proceso de escritura junto con María Laura Gargarella a través de lecturas, investigaciones, charlas con adolescentes.

Invisible está rodada en los barrios de tu infancia y juventud, ¿qué es lo que te interpela de ese paisaje autobiográfico?

Invisible está rodada en Catalina Sur, mi barrio, donde nací, me crié, donde vive mi madre y aún tengo amigos. Tiene que ver con algo personal, cierta nostalgia, pero no fue esa la razón principal por la que elegí esa locación. Cuando empecé a pensar la película en sus detalles y su puesta me fui despojando del impulso de filmar esos lugares de mi infancia. Y la elección tuvo que ver con que era importante ubicar a Ely en determinada clase social: una adolescente que pertenece a una clase popular, vive en un barrio de clase trabajadora, que aún está dentro del sistema, aunque cada vez más cerca del borde. Y ese barrio me permitía ubicarla socialmente con rapidez. Es un barrio de monoblocks: el tipo de arquitectura, los espacios te pueden definir visualmente un personaje. Toda la película está filmada en la zona sur de Buenos Aires: Barracas, La Boca, San Telmo, es el universo de Ely.

Invisible se estrenó el año pasado en el Festival de Venecia. También se presentó en Oslo, India, La Habana, Río de Janeiro y Mar del Plata.

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