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Gran corso en Pichincha: más birra que caipirinha

Costó. La lluvia aguó todos los planes, pero Rosario tuvo carnaval para todos los gustos. Hubo comparsas tradicionales en el anfiteatro. Hubo complicidades, picardías y bombuchas desperdigadas por todas las callecitas de la ciudad. Y hubo fiesta en Pichincha. 

Corría tanta cerveza como espuma y bombuchazos. Había escenario con cumbia de la mano de Homero y sus alegres, también funk con Efecto nebulosa y tambores para marcar el ritmo. Golpes que hacían vibrar el esternón y, mezclados con el dorado brebaje etílico envalentonaban hasta al más tímido a un raid furioso de cortejos. 

El carnaval en Pichincha no tiene el glamour de las grandes comparsas, ni el desaforado espíritu libidinoso que obliga a olvidar todo al día siguiente. Pero es genuino, alegre, familiar. Es una gran fiesta. Una fiesta para que el rosarino se sienta más cómodo, con más birra que caipirinha.

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