Cuando la secta Los Niños de Dios desembarcó en Rosario

Parecía una comunidad utópica. Jóvenes y niños de distintos países compartían su vida en un hogar. Se mostraban simpáticos, alegres, desinteresados de las cosas materiales. Predicaban un mensaje de paz y amor basado en la Biblia, sin la rigidez de los cultos tradicionales. Pero bajo esa apariencia, según dijo la prensa de la época, “una siniestra organización desplegaba sus tentáculos sobre los rosarinos”. Eran los Niños de Dios, el paradigma de las sectas religiosas, un antro de prostitución y corrupción de menores.

El 26 de agosto 1992 la jueza de Faltas Liliana Puccio ordenó el allanamiento de una casa de Córdoba 9549. Allí vivían 35 menores y 17 mayores de diversas nacionalidades. Había uruguayos, paraguayos, chilenos, peruanos, norteamericanos, alemanes y brasileros. Y mendocinos, salteños, cordobeses, neuquinos y bonaerenses, pero ningún rosarino. Pertenecían a La Familia, el nombre que habían tomado los Niños de Dios después de enfrentar causas judiciales en distintos países y de que su líder, David Berg, se refugiara en Suiza para ponerse a cubierto de los pedidos de captura.

El fenómeno de los cultos alternativos y los grupos que actuaban bajo el difuso concepto de la cultura new age estaba envuelto en la sospecha. Las denuncias de la Iglesia Católica y libros como el best seller Las sectas invaden la Argentina (1986), del periodista Alfredo Silletta, advertían sobre movimientos que recurrían a técnicas de lavado de cerebro y reducían a sus miembros a la servidumbre. Los Niños de Dios representaban ese peligro como ningún otro movimiento.

El profeta del amor

 

Los orígenes del culto remitían a 1969, cuando Berg, un pastor pentecostal de 50 años, anunció haber recibido un mensaje de Dios que le anunciaba que él era el profeta del fin del mundo y que, como Moisés entre los hebreos, debía reunir al pueblo elegido para conducirlo hacia la Tierra prometida. Los Niños de Dios, como llamó a su culto, se extendieron desde California hacia el resto del mundo, con una fuerte inserción en la cultura hippie y basados en un método de predicación heterodoxo: el flirty fishing, “pesca de coqueteo”, la prostitución religiosa dirigida a empresarios en busca de fondos para sostener el desarrollo de las actividades.

Berg dedicó muchas de sus cartas –los escritos que los adeptos leían en las comunidades- a justificar la prostitución. El sexo y el amor libre no solo desligados del pecado sino como parte de la religión distinguieron al grupo y estaban íntimamente asociados en la vida de su inspirador; según el documental El profeta del amor y los niños de Dios, Berg se masturbó por primera vez en una iglesia, mientras su padre, también pastor, pronunciaba un sermón, y fundó el movimiento cuando dejó a su esposa y se unió con Kelly Zerby, una joven 23 años menor que actualmente lidera La Familia.

Los Niños de Dios llegaron a la Argentina en noviembre de 1972, con un músico que tomó el seudónimo Manases. Predicaban en parejas, mediante canciones y obras de teatro musical. En 1974 tuvieron su primera residencia propia. Según una publicación del grupo, “el gobierno de Juan Perón, el notable dictador argentino, fue excepcionalmente tolerante con nuestra Familia y nuestras actividades”.

Sin embargo, en 1977 la dictadura militar canceló su inscripción en el fichero de cultos no católicos del Ministerio de Relaciones Exteriores por “difundir una doctrina contraria a las instituciones armadas”. Pero los Niños de Dios estaban fogueados en persecuciones y por entonces habían cambiado su organización, para funcionar como comunidades cerradas.

Una denuncia

El 19 de diciembre de 1990 la norteamericana Ruth McKee de Frouman denunció en el Juzgado de Menores de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, que los Niños de Dios retenían en distintos hogares a sus cuatro hijos, de entre 20 y 12 años. El juez Julio Cámpora derivó la investigación en el comisario Hugo Gambutti, de la división de inteligencia de la policía bonaerense.

El grupo salió al cruce de la denuncia a través de Susanne Claire Borowick, una canadiense que actuaba como su vocero en Argentina, quien presentó en el juzgado a los hijos mayores de McKee, de 20 y 17 años. Los jóvenes dieron toda la impresión de haber sido aleccionados para declarar en favor de los Niños, y el juzgado dispuso su traslado a EEUU.

David Berg, el fundador de la secta, que se promocionaba con publicaciones que ponía el sexo entre los mandatos divinos.

Desde 1982, los Niños de Dios habían sido objeto de causas judiciales en la ciudad de Buenos Aires y en Salta. La nueva investigación policial permitió saber que además tenían hogares en Florida, Vicente López, Pilar, Capilla del Señor, Hurlingham, San Isidro, Mar del Plata, Bahía Blanca, Tucumán, Salta y Jujuy. Y en Rosario, donde Mario César Robillard, un adepto al grupo de 39 años, aparecía como inquilino de la casa de Córdoba al 9500, una propiedad con varias edificaciones, amplio parque y pileta.

Hogar allanado en Pilar, en 1993.

En agosto de 1991, el Servicio para el esclarecimiento en sectas, un organismo de la Iglesia, denunció que el grupo hacía campañas de difusión en escuelas católicas. Dos meses después la Justicia allanó un local de los Niños de Dios en Salta e inició una causa por privación ilegal de la libertad que no tuvo mayores consecuencias.

La búsqueda de los menores Frouman continuó en secreto en el juzgado de Mercedes. La policía de Rosario recibió entonces de la bonaerense la información de que el grupo estaba en la ciudad y decidió emprender sus propias averiguaciones. El dato se filtró a la prensa amiga el 13 de agosto de 1992, cuando La Capital publicó una nota bajo el título “la secta Los Niños de Dios está actuando en Rosario”.

El artículo describió en términos generales las actividades del grupo: “Los integrantes de la secta actúan por lo general de a dos, pero se desconoce si han llegado a hacerlo en parejas de distinto sexo. Con algún pretexto ingresan a oficinas o comercios, donde ven la posibilidad de entablar conversación con personas, preferentemente jóvenes y mujeres, ante quienes inician una especie de catequización preguntándoles si creen en Dios y, de recibir respuesta afirmativa, formulan algunos lineamientos de la secta, a la que no identifican como Los Niños de Dios”. No había mayores precisiones; el dato para reconocerlos era la dirección impresa en los folletos que repartían, una casilla de correo registrada por la policía bonaerense como perteneciente al culto.

Dos semanas después, la jueza Puccio concedió la orden de allanamiento que le pedía la sección Seguridad Personal de la Unidad Regional II. Además de Robillard, la policía identificó a los referentes del grupo como Daniel Eberett Suttin, norteamericano de 38 años, y Carlos Fernando Pesoa Olivares, chileno de 32, y secuestró textos y videos.

Hogar allanado en Rosario.

Expediente X

El expediente del caso terminó misteriosamente perdido en los Tribunales rosarinos. O más bien fue robado, según la denuncia que presentó en agosto de 1997 el abogado Héctor Navarro, conocido por desempeñarse como perito en las causas iniciadas a los Niños de Dios y por debatir cara a cara con sus miembros en distintos programas de televisión, incluso en el que conducía la periodista cubana María Laria en Miami.

Navarro, que llegó a componer un glosario del grupo, fue uno de los principales denunciantes en Rosario. Lo acompañaba Eduardo Lausse, quien había pasado por hogares de los Niños de Dios en distintos puntos del país hasta llegar a la ciudad, donde abandonó la comunidad.

Según su declaración judicial en Mercedes, Lausse entró al grupo “por amor a Dios y por una vida de servicio” a los 13 años de edad y salió diez años después. “Se le marcaban horarios, se controlaban las salidas y se obligaba a memorizar versículos de la Biblia y las cartas de Mo o Moisés David”, el alias de Berg.

"Fui viviendo los cambios de las distintas doctrinas", dijo y agregó que "primero fue una de amor libre a la que se incorporó la prostitución sacra (Flirty fighting o pesca con coqueteo) y la incentivación a los padres para que los niños tuvieran relaciones sexuales. Muchas personas se fueron por no estar de acuerdo con las reformas a la doctrina".

Otro cambio fue la aplicación de castigos corporales, con la idea de que “si el niño no se somete por amor se lo debe someter por el temor”. El grupo tendía a disolver las familias biológicas: “siempre se separa a los chicos de los padres para garantizar que en caso de que alguno abandone la secta no se pueda llevar a sus hijos”,  dijo Lausse, que se había casado cinco veces y llegó a ser el pastor en el hogar de Rosario.

Daniel Eberett Suttin parecía el líder religioso al momento del operativo en la sede rosarina. Apenas hablaba español y ante el interrogatorio del comisario Jorge Perfetto, jefe de Seguridad Personal, intentó contestar leyendo pasajes de la Biblia. La espectacularidad del procedimiento comenzó a disiparse cuando se comprobó que ninguno de los menores presentaba signos de abuso ni malos tratos, aunque la policía recibió las loas que por entonces eran de rutina en la prensa local.

Las crónicas reflejaron una mirada donde el morbo se mezclaba con la moralina ante las “sugerentes imágenes” con que el grupo difundía sus creencias. Los integrantes de la comunidad contradijeron en sus declaraciones la antigua prédica de Berg que legitimaba la pedofilia, el incesto y la masturbación infantil, siempre por mensajes que recibía en su línea directa con Dios. “Los integrantes de la secta comían, estudiaban y dormían en el lugar, rigiéndose por estatutos propios. Uno de ellos establecía que hasta los 21 años no podían tener contactos sexuales con nadie. Luego, pasada esa edad, el amor era libre”, dijo La Capital.

Estaban en contra del aborto y del comunismo. “Si un integrante –sea mujer u hombre- está enamorado de la pareja de otro, no tiene más que comunicárselo a su cónyuge para que éste le otorgue la anuencia y así acostarse libremente con el elegido”, agregó el diario local.

Los adultos declararon ante la jueza que no pertenecían a Los Niños de Dios sino a La Familia, como si una cosa y otra fueran distintas. La investigación pasó a enfocarse en las donaciones y el apoyo económico que la comunidad había recibido de frigoríficos, supermercados y comercios de diversos rubros. Pero tampoco encontró ningún delito por ese lado y la jueza Puccio cerró la causa imponiendo 30 días de prisión y el pago de una multa a los miembros del grupo, por negocios no autorizados o prohibidos y explotación de la credulidad pública, dos infracciones al Código de Faltas.

Contraataque

La causa por los menores Frouman continuó abierta, y el 1° de septiembre de 1993 el juez federal de San Isidro Roberto Marquevich ordenó el allanamiento de seis sedes de La Familia en la provincia de Buenos Aires. La Operación Niños de Dios, como se la llamó, derivó en el rescate de 142 chicos, la detención de 80 adultos, el inicio de una causa por corrupción y ocultamiento de menores, reducción a la servidumbre, asociación ilícita y violaciones a la Convención sobre los Derechos del Niño y el pedido de captura de David Berg, por entonces en la ciudad de Zurich.

Los Niños de Dios estaban preparados para resistir el ataque. Lo presentaron como un caso de persecución religiosa y una violación a los derechos humanos. Reconocían seguir las enseñanzas de Berg, pero afirmaban haber abandonado el método flirty fishing y tener prohibidos desde 1987 los contactos sexuales entre miembros del grupo y personas externas. Puertas adentro, en función de mantener la cohesión de la comunidad, lo describía como un ataque del Anticristo.

Las cartas de Berg contenían instrucciones detalladas al respecto. “A los periodistas les fascinan los asuntos polémicos, les encantan las peleas –dijo en Buenas nuevas, una publicación periódica de La Familia-. Salgan, pues, a la palestra y muéstrenles que están entablando una pelea. ¡Salgan a la calle con pancartas! Hagan manifestaciones callejeras (…) Tienen que lograr que los medios informativos presenten nuestro punto de vista”. También destacaba que “la gente generalmente simpatiza con los oprimidos, se compadece de los inocentes, los débiles, los indefensos y de quienes son objetos de ataque, maltratos y abusos injustos a manos de la policía”.

Las listas de oración contenían pedidos curiosos: “Que el Señor nos dé amigos influyentes y buenos abogados en todas las zonas del mundo en que nos encontramos”. También prescribía medidas de seguridad, “que los adolescentes y niños estén preparados para posibles allanamientos o interrogatorios, que los Hogares causen una buena impresión”, asimismo “que el Señor confunda, desenmascare y derrote a todos nuestros enemigos, que han agrupado sus fuerzas para atacar a La Familia a escala mundial”.

Otra línea de defensa consistió en difamar a los ex miembros que denunciaban al grupo. Abigail Berry, Eduardo Lausse, Richard Dupuy, Edward Priebe y Miriam Padilla, ex integrantes de la comunidad, declararon ante Marquevich y dieron detalles sobre violaciones a menores. La declaración de Berry, quien tenía 13 años cuando, según dijo, Susanne Borowick la entregó a su esposo Manuel Sabatasso, tuvo amplia repercusión. Lauce denunció amenazas de muerte y dijo que el grupo permanecía activo en Rosario. “¡Métanles pleito por calumnias, robo y todo lo que se les ocurra!”, recomendaba Berg.

En diciembre de 1993 la Cámara de Apelaciones de San Martín dio vuelta la causa. En fallo dividido, ordenó la libertad de los detenidos, la restitución de los menores y la devolución de los bienes confiscados. Si bien continuó hasta 2004, el proceso quedó decidido en esa instancia. Aunque lo proclamó como un triunfo, La Familia tuvo que irse de la Argentina a causa del escándalo

A 50 años de la fundación del culto, los Niños de Dios continúan su prédica como La Familia Internacional. Berg falleció en 1994 y desde entonces el grupo es dirigido por Karen Zerby y Steve Kelly, quienes proclamaron una nueva etapa en la historia de la comunidad, a la que llaman el Reinicio. En su sitio de internet, afirman tener 1.900 afiliados en diversas partes del mundo y constituir un movimiento cristiano virtual que difunde el Evangelio y realiza misiones humanitarias. Otro sitio, xFamiliy.org, ofrece una enciclopedia con datos sobre los principales miembros del grupo, su historia y las acusaciones que recibieron.

COMENTARIOS

*Los comentarios que integran esta discusión no representan la opinión de RosarioPlus. Son opiniones personales de los usuarios

Seguí leyendo

**https://www.rosarioplus.com/ennoticias/Tapas-15.10.18-20181015-0002.html**

Tapas 15.10.18