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Agarrate Catalina: “Nuestra causa perdida es la defensa de lo colectivo”

Vuelve a Rosario la primera murga que se volvió compañía y giró por el mundo: Agarrate Catalina presenta “Defensores de las causas perdidas” este sábado en teatro El Círculo (Laprida 1223) este sábado a las 21.30, y uno de sus líderes, Yamandú Cardozo, pasó por la Sí 98.9 para adelantar sobre el show.

En diálogo con Federico Fritschi, Yamandú contó que “la causa perdida es la defensa de lo colectivo, estamos metidos en este ‘Frankenstein’ con la Catalina, donde casi 30 hombres y mujeres que hace casi 20 años caminamos juntos y no se sabe cómo se sostiene, con asambleas y mucho debate, buscamos siempre expresarnos por lo que vive la gente común”.

Aclaró no ser militante, pero sí estar de un lado de la grieta uruguaya: “Siento que mucha gente la está pasando muy mal y estaría buenísimo zafar del barrabravismo ideologico binario del odio, me desespera el punto de vista del ‘enemigo’. Hay que dar una mano donde se pueda. Nosotros estamos en la mitad de los que se juegan el cuero por el que la pasa mal y venimos de las elecciones uruguayas, y me angustia la poca empatía que hay en muchos uruguayos”.

En tanto, recordó su gira por todo el mundo, donde debieron agrega subtitulado al coreano, chino y ruso: “Aunque los niños aun no leían, ellos hacían igual que los chiquilines del tablado, ponían las manitos en el escenario y miraban concentrados a esos gigantes maquillados con pieles de colores, tirarnos papelitos y saludarnos en la bajada”.

Sucede que el estilo murguista genera una conexión, “hay algo en la composición, en la dramaturgia, la literatura, la licencia artística para ‘matar’, te metes con la iglesia, el poder, con dios y el político que sea, y se le dice cualquier salvajada, por el sólo diploma de ser una persona pensante. A veces se canta a los gritos por ser una expresión callejera, y como tal, se muestra desesperada. Hay algo en el coro y la actuación sobreactuada que con una formula química sucede”, reflexionó el letrista de la murga.

Recordó sus comienzos como utilero de la Falta y Resto, cargando los instrumentos, afinándolos, comprándoles la comida y bebida a los murguistas: “Cargaba los cañones de luces especiales, era todo muy rudimentario, aprendí jugando. En ese momento era todo experimental, pero ellos son como los Beatles para los uruguayos. Sos una hormiga anónima de Momo, laburan mucho los utileros, tienen una dinámica deportiva porque en un festival suben a cantar media hora las murgas de 20 personas, se bajan del escenario y se van en el camión a otro tablado en la otra punta de la ciudad”.

Finalmente, aseguró que “desde la murga no hay peligro de quedarse sin cosas para decir, porque no se queda en una tradición de museo, debe tomar la materia prima en la vida de la gente común del año, es la editorial propia de la agenda pública”.

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